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Tango, música y sentimiento
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Escrito por Horacio Pagano
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Miércoles 22 de Mayo de 2013 20:14 |
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Es adentrada la noche. El reducto se vuelve especial. Un puñado de parejas goza de la libertad plena. Llegó el momento en que cada una pone su marca de baile, su identidad de conjunto escenográfico. La trasnoche se estira en un ensueño de abrazos con envoltura de bandoneones. Y en ese estado de trance, sueña con ser infinita. Sabe que no lo logrará. Sin embargo su hora es la de los ojos cerrados y la magia, que instalan música y baile en una amalgama suficiente como para olvidar el tiempo. Por un tiempo más. En el piso, disimulados bajo las mesas, pares de zapatos de calle de mujer esperan a quienes los tripulan para la caminata del regreso en la madrugada de Buenos Aires. Afuera, en la calle, los taxis deberán esperar todavía más. Giros, paradas, ochos,arrepentidas, sacadas, voleos, corridas y lo mejor del repertorio del tango bailado surcan las maderas de la pista recién ahora amplias de espacio. La música de buenos tangos reverberados en melodía por el especial momento, se hace eco en el salón semivacío: tapiza las paredes y perfora hasta el rincón más alto y hasta el más oscuro. Buenos tangos que acarician al pasar los oídos de los bailarines y los llevan a volcar hacia afuera el sentir de dos ansias, hombre y mujer, confundidas en sólo una. Nunca se plasmará mejor esa comunión como en las últimas horas de la milonga. Es adentrada la noche. Llegó la hora del embrujo en el salón de baile de tango, momento en que resalta la poesía musical y los gestos coreográficos que propone la milonga a los que quieren esperarla. A los que saben que vale la pena esperarla. A los que conocen que ella no lo concederá antes. Será con la música de la última decena de orquestas, en ese momento, cuando la milonga entregará la magia que atesoró para regalar a los que la acompañan en las madrugadas. A quienes quedan con ella hasta alcanzar su emblema postrero de cada noche: La Cumparsita, su despedida del hoy, el último tango. La milonga termina. Los zapatos son recuperados de abajo de las mesas. Los taxis se ponen marcha. El estirar la noche para encontrar la magia concluyó. El puñado de hombres y mujeres busca la salida. La ensoñación ha cesado. En la calle, canillitas y camiones de reparto ya han comenzado su jornada. Los más nocheros de la milonga esquivan, en las veredas vecinas, las mangueras y las primeras salpicaduras tendidas por los porteros de los edificios… |
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Actualidad
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Escrito por Horacio Pagano
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Lunes 20 de Mayo de 2013 20:51 |
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Tomás Buenos Aires, ha pretendido clarificarte sobre las calidades del periodismo que te llega todos los días. Te recordó, muy recientemente y más de una vez, la supremacía del periodismo libre -el que sostiene la credibilidad de la gente que lo sigue- por sobre el "periodismo" cuando es empleado del gobierno.
Te dijo, hace sólo unos días que, para estar lo más informado posible la regla a seguir siempre es: mejor un mal periodismo privado, que un “buen” periodismo oficialista cuyo objetivo es, justamente, desinformar, ocultar. Te destacó, además, que "en estos momentos en que el actual gobierno, con el aparato mediático más grande jamás conocido en la historia argentina no sólo ataca y desprestigia a los periodistas ante cada noticia que lo inquieta, es sano para la gente recordar esa regla". Hoy, todo lo que te señaló "Tomás Buenos Aires" fue desnudado por los mismos protagonistas: la diputada ultra "k" Diana Conti, relató cómo se usa al periodismo oficial, es decir "el periodismo nuestro" calificado así por otro diputado ultra "k" Carlos Kunkel. Esto, llevado a sus límites provoca reacción: acá se transcribe un comunicado de la Comisión Gremial Interna de la agencia oficial de noticias Télam, denunciando el abuso, en este caso de Diana Conti la promotora de "Cristina eterna". "La Comisión Gremial Interna de la agencia Télam rechaza y repudia las declaraciones de la diputada nacional Diana Conti (FPV) realizadas al diario La Nación, en las cuales se burla y descalifica a los trabajadores de la agencia nacional de noticias al señalar que cualquier exabrupto de cualquier legislador o funcionario se soluciona haciendo 'un cable en Télam'. Sin embargo, no podríamos decir de ningún modo que sentimos estupor o sorpresa ante este tipo de declaraciones de personajes cercanos o que se creen cercanos al poder: a estas aberraciones los invitaron una y otra vez las autoridades de Télam en los últimos años, a pesar de las insistentes denuncias sobre censura y manipulación de la información que realizamos los trabajadores. Presidentes de Télam; gerentes periodísticos; jefes y subjefes de redacción; integrantes de la mesa de edición, todos ellos han contribuido y contribuyen aún generosamente para llegar a esta situación humillante, instruyendo a prenseros y amanuenses variopintos para que 'llamen, pidan y apuren' a las distintas secciones la salida de lo que ahora Diana Conti resume en 'un cable de Télam'. Esta misma línea con poder de decisión editorial es la que también, de manera cotidiana, instruye y ejecuta operaciones y censuras varias, desnaturalizando y denigrando el ejercicio del periodismo profesional. Quienes se opusieron y se rebelaron ante semejante práctica de la alcahuetería disfrazada de periodismo fueron, por supuesto, removidos de sus cargos, en una demostración contundente de ejercicio del poder omnímodo que daña y perjudica nuestro prestigio de laburantes de prensa. La CGI reitera, como ya lo ha hecho ante las autoridades actuales, que la persistencia de estos criterios sistemáticos y generalizados, además de una forma ruinosa de ejercicio de periodismo, supone un maltrato hacia los trabajadores de Télam. Por eso reclamamos a las autoridades de Télam el cese inmediato de estas graves prácticas. COMISION GREMIAL INTERNA". Habla el comunicado de que la bajada de línea gubernamental opera en Télam "desnaturalizando y denigrando el ejercicio del periodismo profesional", al ejercer "una forma ruinosa de ejercicio de periodismo". Si siempre existió en el periodismo oficial, en cambio nunca se ha visto una bajada de línea tan brutal como la que fue impuesta en estos últimos diez años desde el poder. Conti había dicho en el reportaje que "cuando dije ´Cristina eterna´, no me di cuenta de la repercusión que iba a tener. Me empezaron a llamar de todos lados. Cerré el celular y me oculté. Le digo a Zannini: "protegeme porque Cristina me va a matar". Hasta que me ubicó ella: "Dianita, ¿qué dijiste?" Y yo le digo: "Bueno no sé". Entonces me contesta: "¡No, desmentilo!" ¿Cómo lo desmiento?, pensé. Ya sé. Hago un cable de Télam, cumplo, que se lo muestren a ella y yo ya estoy". Todo está dicho. Tomás te agrega el link, en el cual te habló hace sólo unos días precisamente de esto. Salu!! http://tomasbuenosaires.com.ar/index.php?option=com_content&view=article&id=415:actualidad&catid=4:novedades&Itemid=4 |
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Última actualización el Lunes 20 de Mayo de 2013 21:39 |
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Escrito por Horacio Pagano
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Lunes 13 de Mayo de 2013 15:49 |
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Bermúdez veintiséis cincuenta y uno portón, cárcel de Devoto, capital de la gayola rrochos de fiesta, bailanta y toda la bola hay “pajarito”(*) pa´festejar el notición. Habrá blanqueo de verdes secreteados que juntan los giles sumando al montón salideras, cajas de banco y el colchón, están dulces pa´ los chorros avisados.
Se podrá blanquearlos santamente tu choreo pone el banco en la lista en un paso de punga a capitalista reducir y lavar se hace legalmente. Boqueteros, los de caño y escruchantes en febril actividad afilan púas esmerilan ganzúas, las lisas y las yugas, otra para chorros, minga a los laburantes. Debute la pileta que pensaron los de arriba pa´lavar guita fácil de vagos y estafadores, para economizar condena a los lavadores te la mandan guardar ni te ayudan con saliva. Se me hace que no pensaron en Devoto, por lo menos y calculo derechamente que esto está hecho para otra gente, lavadores de guante blanco los cosos. Usan los bolsos y mejor si es valija es teca grande de lo que trata este vento, por eso que buscan no hacer mucho espamento te cuentan lindo verso mientras te desvalijan. Volteada que no salva a pobres ni laburantes código verdadero de quien se precie de chorro te aprietan y curran hasta que inclinés el morro para estar bien forrados antes del espiante. Devoto una fiesta capital de la gayola hoy conviene más lavar que andar de gatillo sólo en un paso de lavador a monaguillo nueva ley para fanar y tener carné de piola. (*) Pajarito: alcohol que los presos destilan en la cárcel con fermento de frutas. Prohibido por los reglamentos penitenciarios.
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Aníbal Troilo y Astor Piazzola se admiraron mutuamente. Siempre, aún mientras se distanciaron. "El Gato" integró la orquesta del gordo y fue, todavía muy joven, su arreglador. Al que Troilo debía moderar en sus vanguardismos con la goma de borrar sobre el pentagrama. Piazzola fue, a su vez, el sanguíneo músico impredecible que se atrevió a dejar esa tremenda formación musical en el apogeo de popularidad, en la búsqueda de su propia música. Con personalidades opuestas, sin embargo, la admiración en ida y vuelta hizo su trabajo para reencontrar a los dos creadores: Troilo, bonachón, calmo, generoso, sin rebusques, bohemio, porteñazo. Piazzola, vehemente, nervioso, egocéntrico, disciplinado, estudioso, peleador, hombre de mundo. El pasaje que aquí rescata "Tomás Buenos Aires", tomado del libro "Mal de Tango" de Gerardo Varela, debe tomarse dentro de ese contexto de amistad que se prodigaron ambos. Y es imperdible. Estas son palabras de Piazzola, en referencia al bandoneón de su querido y ya fallecido ex director que recibió en legado: "El bandoneón que me regaló Zita –la viuda de Aníbal Troilo- no es tocable; por lo menos para mí. Es como el auto que maneja una tía a 40 kilómetros por hora: cuando se acelera a fondo no responde. Al fueye de Troilo lo tengo que tocar suavemente. Y yo no acaricio nada. Mis dedos son una ametralladora. Las veces que lo toqué en público se pinchó a los dos minutos y será así hasta el día del juicio final. Yo hablo con los bandoneones. Por eso juro que una vez el fueye del gordo me dijo `¡¡¡Ay!!!`... Creo que lo lastimé. Es porque yo toco con violencia. No concibo el color pastel en el tango. Esos golpes que pego en la caja son parte de mi música, una percusión, pero también va una piña cuando noto que algo falla”. Y para que no queden dudas de esa amistad en el marco de la cual Piazzola señaló lo anterior, acompañamos estos dichos: “Mi afecto y mi admiración por el Gordo nunca descendió; quizá se enojó cuando me fui de su orquesta pero siempre nos quisimos mucho. Yo agarro un bandoneón, toco “La última curda” y siento que me llega al corazón”, dijo “el Gato”. “Sabés como gatilla –el bandoneón- Piazzola; el Gato gatillando... ¡hay que oírlo! Nadie toca el bandoneón como Piazzola, te lo digo yo que lo he criado” se lo escuchó decir a Troilo. Muy simplemente..., dos formas de sentir e interpretar el tango que se admiraron mutuamente. |
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Baile de tango
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Escrito por Horacio Pagano
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Viernes 03 de Mayo de 2013 16:23 |
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Es hacer justicia, lo que en la Argentina no es poco, reafirmar que el tango se creó para bailar.
Fue esta la primera pata sobre la que se erigió el género musical que identifica a Buenos Aires. Tras el baile se encolumnaron las letras y el tango canción. ¿La música? Elemental en los orígenes prostibularios del tango, con la escalada hacia la masividad del género fue ganando en cantidad y calidad en rangos asombrosos para una música popular. Como una expresión propia de la porteñidad de entonces, el baile de tango creció al ritmo de los grandes bailarines de la época que no fueron pocos ni anónimos. Fueron muchos y famosos o muy mentados se diría, usando la terminología maleva de principios del 1900 y más allá de los apodos que se adosaban a cada uno ineludiblemente. Si el Vasco Casimiro Aín, Bernabé Simara y Benito Bianquet –El Cachafaz- brillaron nítidamente en los escenarios del origen del tango de Buenos Aires y Europa, la Negra María, de Montserrat; “Pedrín" El Tuerto, con la Flaca Rosa, de San Telmo; Luis “El Gallito de Palermo” con la Parda Corina; la Vasca Ernestina, de Villa Crespo –compañera del El Cachafaz ; la Vasca de Monserrat -del “Vasco Aín”- y Carlos Kern “El Inglés”, con María “La Vasca” y El Pardo Santillán con la Parda Esther, eran los para nada pitucos nombres que referían al tango bailado. Juan Averna fue otro de los bailarines de Buenos Aires protagonista de la época de apogeo del tango y, como tal, una buena voz para precisar que “al tango de salón se lo bailaba con compás y elegancia...lo principal era saberlo caminar muy bien. Tango con corte –es decir adornado con figuras o pasos- se lo llamó así hasta 1931. Después de eso le decíamos `hacer figuras´ y más adelante `hacer fantasías´, que era todo lo mismo, tal vez para darle al tango más categoría… La gente se confundió pensando que eran distintas formas de bailar el tango. Pero era todo lo mismo". En esos años los pasos de tango más ejecutados por quienes eran o creían calificar como buenos bailarines fueron principalmente el corte, la media luna, el ocho y la quebrada, a los que seguían en popularidad el medio corte, el abanico, el doble ocho, el alfajor, el cruzado, la corrida, el cuatro, el taconeo, la media vuelta, la rueda y el paso con golpe. Hoy, el baile de tango ha dejado atrás todas esas figuras incluyendo el sanguche. Sólo permanecen de esa lista los ochos -atrás y adelante- y las corridas, junto a los actuales cambios de frente, los boleos, las sacadas, los traspiés, acostaditas y las salidas y finales adornados entre otros. En el Buenos Aires de hoy, los académicos dicen reconocer tres estilos de tango bailado: el del Centro; el de Villa Urquiza y el milonguero. Sintéticamente, el estilo del Centro prefiere la música con el ritmo bien marcado –por ejemplo las orquestas de Juan D´arienzo y Rodolfo Biagi-; el abrazo es cerrado y firme, no hay apile –se dice apilada cuando la pareja se pega en el torso y las piernas se abren en ángulo hacia afuera del abrazo-. Califica el uso de figuras. El estilo Villa Urquiza privilegia la música melodiosa y pausada –sus orquestas preferidas son las de Osvaldo Pugliese, Carlos Di Sarli y Osvaldo Fresedo- pondera el caminar con pasos largos, abrazo suave y flexible. “Esperando a la música para ejecutarla”, es decir "bailando" las pausas de sonido destacan los referentes del estilo Villa Urquiza, en el que lo que se debe priorizar es la elegancia de los bailarines antes que la ejecución de las figuras. El estilo milonguero, instalado por la fuerza de la juventud en las formas, privilegia los pasos cortos con rapidez de desplazamiento y abrazo apilado. La elegancia de los bailarines, está subordinada al movimiento en el baile de tango milonguero. Más allá de los estilos, y antes, y no después de todo, adoptar una de estas variantes de baile es un gusto, una manera de sentir de la pareja, ya que todo maestro tanguero de cualquiera de los estilos que se precie de serlo, subrayarán al principiante: "lo principal al bailar el tango es caminarlo bien y hacerlo con elegancia". Todo lo demás llega después. |
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