"A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires: La juzgo tan eterna como el agua y como el aire."
Jorge Luis Borges en "Fundación Mítica de Buenos Aires"

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Del escriba

Letras de la ciudad

Alberto Barceló, diputado y senador nacional conservador, gobernó Avellaneda y por casi medio siglo fue el patrón de su distrito.

 El 22 de octubre de 1933 una multitud marchó por la avenida Mitre cargando un féretro cubierto por la bandera nacional. Lo esperaba en el cementerio de Avellaneda el intendente Barceló, mandón del lugar desde 1909. ¿Quién era el muerto? Juan Ruggiero, o Ruggierito, un matón que manejó el juego clandestino, la prostitución y la violencia política en la ciudad. Lo acribillaron en la vereda de la casa de su amante, Dorrego 2049 del paraje Crucecita.

Avellaneda se creó en 1906 sobre tierras que se inundaban durante la gobernación de Marcelino Ugarte. Antes se llamó Barracas al Sur y sólo la separaba del barrio porteño de Barracas el Riachuelo, entonces maloliente. A uno y otro lado del Camino del Sur (más tarde lo que hoy es avenida Mitre), se asentaron viviendas, fábricas, talleres saladeros y después frigoríficos. En 1856, en Barracas al Sur vivían 5099 vecinos. En 1947, el censo de Avellaneda registraba 273.839 habitantes. Entre 1870 y 1960, la población creció treinta y cinco veces cuando en toda la Argentina en ese lapso lo hizo diez veces y en Estados Unidos, cuatro.

¿Cómo se gobernaba en los años 1900 una barriada de arrabal a veinte minutos de la avenida Corrientes, salpicada de aventureros, delincuentes, estafadores y malevos? Una respuesta la dio Alberto Barceló.

El historiador Miguel Scenna definió su gobierno municipal como "duro, implacable, paternalista, mechado de violencia, fraude y corrupción". Usó el empleo público, por derecha y por izquierda, como forma de asegurarse los votos cautivos. En contrapartida, en su gestión abundaron las obras públicas. Hizo el primer censo municipal y se inauguró el Hospital Fiorito, construido en parte con la donación de 625.000 pesos hecha por los hermanos Fiorito, rematadores de la zona que lotearon tierras y las vendieron a plazos a obreros y empleados. Después se van a enterar de por qué “señor de la horca y cuchillo”.

 Barceló nació y murió en 1946 en Avellaneda y descendía de un comerciante catalán de Entre Ríos, socio de Justo José de Urquiza. Su abuelo se vino de Concepción del Uruguay a Barracas al Sur a caballo y con una lanza que le regaló Urquiza. A comienzos del siglo pasado, el nombre de su nieto, Alberto Barceló, ya sonaba políticamente prohijado por Adolfo Alsina y de Carlos Pellegrini. Fue diputado y senador provincial, senador nacional. Fundó su propio partido, el Provincialista (1923) y tras el golpe de 1930, se alió a una confederación conservadora: el Partido Demócrata Nacional.

Entre 1909 y 1917 fue intendente de Avellaneda y reincidió en 1924, 1927 y 1932. Fue hombre de acción en esos tiempos espesos: "señor de horca y cuchillo" lo calificaron a Barceló, por ejemplo, durante el debate que en la Legislatura local discutió su diploma de senador provincial.

Pero no alcanzó para atenuar el mito y el poder de este caudillo. Supo hacerse cartel por verdades y mentiras que lo invistieron como de leyenda: su propaganda aseguraba, por ejemplo, que se mandaba sólo por el territorio oscuro de sus enemigos, tan sin ley como el suyo. Sin embargo, el radical Hipólito Yrigoyen, a quien Barceló combatió y odió, se paseaba y hacía política en Avellaneda; incluso vivió allí, en la esquina de Beruti y Belgrano.

Desde 1918 la ley Sáenz Peña fijó el voto secreto y obligatorio, pero las elecciones no pasaban de parodia de la democracia. La oposición a los conservadores bautizó el sistema, que también usó, como fraude oligárquico. Los conservadores reviraron el término: lo llamaron fraude patriótico y lo justificaron sin ponerse colorados.

Avellaneda en los tiempos de Barceló fue la ciudad de la industria. Junto con los frigoríficos La Blanca, inaugurado en 1902, o Wilson, en 1914, prosperaban prostíbulos y casas de juego con protección de arriba. En la Isla Maciel funcionó el célebre lupanar El Farol Colorado, con francesas y polacas traídas por la sórdida organización de trata de blancas Zwig Migdal. Dice la historia que esa organización tuvo desde 1911 cementerio propio conocido por la gente como el Cementerio Rufián.

En fin, historiadores y cronistas coinciden en que Barceló practicó la violencia política, fomentó la corrupción y estuvo a órdenes de los ricos. Pero nadie cuestionó su arrastre popular. En 1915, en el recinto, el diputado socialista Enrique Dickmann dijo que "en Avellaneda domina una dinastía inconmovible que tiene sobre el pueblo un poder de sugestión inexplicable, porque los señores Barceló jamás han hablado, jamás han dicho una palabra, parece que son mudos...; la mayoría del pueblo de Avellaneda está con ellos, caso único en la democracia del mundo".

Mientras tanto, la saga de Alberto Barceló, Juan Ruggiero, su matón, y la antigua Barracas al Sur puede revisitarse con nostalgia en muchos testimonios del arte argentino. Por ejemplo, en los versos de José González Castillo que cantó Carlos Gardel:

Una noche en Barracas al Sur,
una noche de verano,
cuando el cielo es más azul
y más dulzón el canto
del barco italiano...

Tomás, llega tangamente a la radio. Como siempre. Con tiempo para tomarse el tiempo de mirar a Buenos Aires y descubrir sus ofrendas y secretos de gran ciudad, ciudad que se sabe referente de este lejano lugar del mundo. Tomás, se toma los pliegues y recovecos de Buenos Aires, para clavárselos, para impregnarse de esos rincones.

Recién dejó la herrería de Barracas. Hoy, sábado, se ganó unas horas extras que a fin de mes valen lo que cuesta ganarlas. El verano explotó en pleno octubre en Buenos Aires, el sol pega fuerte y los treinta grados se hacen sentir. Barrio grande la ciudad, que se hace sentir en sus contrastes: del frío al calor en horas, de la quietud a la tormenta en apenas minutos; sangre latina al fin, de la mansedumbre a la bronca en un abrir cerrar de ojos.

Tomás dejó de renegarle al calor, al verano. Con sólo treinta pirulos en el carretel si pudiera, lo gambetearía al calor. Es que en sus épocas de mala vida, ni un ventilador tuvo a mano para no mojar la sábana con traspiración y así poder dormir. Y ahora, en su época de buena vida cuando, si pudiera, dejaría pasar un tren del Sarmiento para esperar los vagones que acarician con su aire acondicionado, ahora su trabajo le hace sentir el verano.

Galpón con techo de chapas, más las soldaduras, más los motores de amoladora, agujereadora, sierra y, como frutilla de postre, la fragua que hoy se usa poco pero que se enciende por las dudas, meten a los herreros en una olla donde se cocinan sus humanidades. Consuelo de tonto: es mejor que trabajar en hornos y tintorerías…

Pero Tomás ya no le reniega al verano. Como todo aquél al que le faltó para vivir, es sabedor que el calor protege a los pobres. Con frío, los crotos, en el campo, hacen un hoyo en la tierra donde dormirán, hacen fuego ahí adentro para calentarlo y allí se echan, se tapan con lo que tienen y la tierra los aguanta tibia hasta el amanecer…  En las ciudades, los pobres están a la buena de lo que puedan conseguir, ropas, frazadas, colchones viejos, papel de diario... y a aguantar.

Por eso Tomás ya no le reniega al verano, ahora es él que aguanta los treinta grados y cada vez que se va a quejar, recuerda a los que viven con lo puesto.

Y, sin quejas, deleita la vista con los budinazos calzadas en sus bikinis, que toman sol en las plazas y terrazas… Una fiesta para la vista que trae el verano al que la quiera disfrutar.

Tomás, se bajó del 37 que lo trae de Barracas hasta Callao y Lavalle y encaró hacia la radio. Llegó, va a encontrarse con su gente.

Ya se los tenía por poco deseables antes del descubrimiento de América. El registro de vagos y malentretenidos está documentado en las antiguas Leyes de Indias, redactadas por la corona española para organizar los gobiernos de sus posesiones coloniales y regular las actividades en lo social, religioso, y económico.

Esas Leyes de Indias ponían ya en los años del 1400 en la vereda del delito al “vago y malentretenido” aunque, desde su origen, dejaron al criterio de la autoridad calificar a quienes alcanzaba esa categoría.

Según la codificación de las leyes indianas la lista de encanables en la época virreinal, de la aldea, alcanzaba a “ladrones, entre ellos cuatreros y borradores de marcas, homicidas, vagos y malentretenidos, vagos y ociosos consuetudinarios amancebados, bígamos, por juego prohibido, escándalo, borracheras, robo de mujeres, insultos, injurias, deudores” y no se agota con esto la lista de los delitos menores.

El vago y malentretenido debía ser “prendido” y llevado a la cárcel, el Cabildo, como otros delincuentes, según el preciso listado que incluyeron esas legislaciones españolas. El Cabildo, la primera cárcel de Buenos Aires, antes, durante y después de la Revolución de Mayo de 1810, y no por poco tiempo: transfirió sus presos a la ex Penitenciaría Nacional de la calle Las Heras, cuando ésta se habilitó en 1877. ¿Dónde estaban los calabozos? En la planta baja del lado de Hipólito Yrigoyen.

“El Gefe de Policía y todos sus dependientes, tanto en la ciudad como en la campaña, quedan especialmente encargados de apoderarse de los vagos, cualquiera sea la clase a que pertenezcan” (…). “Los vagos aprehendidos serán destinados inmediatamente al servicio militar, por un término doble al prefijado en los enganchamientos voluntarios”, decía el decreto del gobernador de la provincia de Buenos Aires, Martín Rodríguez, del 18 de abril de 1822.

Por su parte el Reglamento Policial de la Provincia de Salta de noviembre de 1856, en su artículo 44, fijaba que: "Son vagos todos los individuos que no tengan una propiedad, profesión, arte u oficio del que vivan honradamente".

En el artículo 47, del mismo reglamento se definía que "son mal entretenidos los que sin poseer bienes, ni ejercer algún arte, oficio o industria, no manifiestan otra ocupación que la de frecuentar los cafés, las tabernas, y los lugares sospechosos, contrayéndose únicamente al juego, a la bebida y a otros actos de disipación y mala vida". Finalmente el artículo 50 decía: "Aprehendidos que fueren los vagos y mal entretenidos, el Intendente de Policía (…) le hará comparecer y leer los cargos sobre el género de vida que lleva y, no encontrando sus descargos satisfactorios, ni que tratare tampoco de justificarse, lo declarará tal.

Su legado: los Edictos Policiales
Los años y las épocas pasaron y el legado de las Leyes de Indias en lo que correspondía a la represión de los vagos y malentrenidos pasaron a ser los edictos policiales.

Contemplaban veintitrés faltas y entraron en vigencia en 1956. Cuarenta años después, en 1996, cada tres minutos se detenía a una persona por estos edictos, por día se encanaba a más de tres mil cuatrocientos individuos. En todo 1995, con estadísticas diarias parecidas, se detuvo a ciento cincuenta mil personas.

Los edictos sancionaron faltas como la vagancia, la ebriedad o la prostitución. La mayor cantidad de detenidos en las comisarías porteñas fueron por "ebriedad", con una pena de entre 3 y 15 días de arresto. Después el "escándalo" -el más común es el artículo 2do "H", contra la prostitución, que amenaza con 6 a 21 días de arresto-, y "vagancia y mendicidad", con entre 15 a 30 días de encierro. La pena mayor fue de treinta días.

Penaba hasta por las dudas al que vaya enmascarado a una fiesta de carnaval sin autorización de una comisaría, al que toque pito en la calle, o a los que jueguen "a los naipes, dados o perinola" en los bares.

Cuando se los eliminó su aplicación ya estaba viciada: el interrogatorio y la pena -multa o días de arresto- era sin jueces, sólo policía, y la sentencia la dictaba el subjefe de la fuerza. Demasiado poder para la policía. De todas formas, vale rescatar que los comisarios de la época en que se promovió eliminar los edictos policiales advirtieron que "si nos quitan los edictos nos sacan la última herramienta eficaz que tenemos para combatir a la delincuencia. Nos sacan de la calle, y entonces la calle la ganan los ladrones”.

Rescatada de golpe de ese recoveco de la ciudad con paisaje de astilleros por el anuncio de la construcción de un extravagante Polo Audiovisual con un rascacielos de más de 300 metros de altura se dijo, la “isla” Demarchi continúa a Puerto Madero al sur que se toca con el Riachuelo. Es una saliente porteña al río que pertenece al barrio de La Boca.

Fue banco de arena y barro en los tiempos originarios Buenos Aires. Después fue “La Punta”, “La Isla del Indio”, “La Isla de los Sauces” y “La Isla del Tío Cruz”, como llamaron al que cortaba cañaverales que vendía para construir las chozas en la zona. Esa nada la compró un ítalo-suizo, Antonio, y con sus hermanos Marcos y Demetrio, le dieron apellido al lugar “La Isla Demarchi”.

Inhóspita, pantanosa y gobernada por los caprichos del río, los botes chalupas fueron el transporte en el lugar hasta la Vuelta de Rocha, para cargar madera, cuero y carne salada. Los que dicen saber recuerdan que aquí estuvo la primera cancha de River Plate y, cerca, el primer campo de juego que utilizó Boca Juniors.

Con la llegada de los inmigrantes llegaron los anarquistas, así que en la “isla” Demarchi funcionó una pequeña prisión para alojar a esos “sarpados” antes de ser devueltos a su país. Más tarde, llegaron los talleres del Ministerio de Obras Públicas y la Dirección Nacional de Vías Navegables, organismo de control de los accesos por agua a la ciudad. Los helicópteros de la Policía Federal, tuvieron su base operativa en la Demarchi.

Con los años, la “isla” se convirtió en un depósito de chatarra y Demarchi en exitoso empresario con peso en la histórica farmacia La Estrella (en Defensa y Alsina) y la Química Estrella. Llegaría a ser uno de los socios, junto con Antonio Devoto, del Banco de Italia y Río de la Plata. Se afirma que Demarchi fue uno de los socios fundadores de la Bagley: es que el estadounidense Melville Bagley, creador de la firma, era empleado de La Estrella. Bagley fue quien puso en el mercado una bebida que supo vender como beneficiosa para la salud y los paladares: fue la primera marca registrada en la Argentina. Se llamó Hesperidina.

El viernes, por la tarde, corte de luz en Barracas. Nada funciona sin energía eléctrica en una herrería. Así que el patrón le pidió a Tomás, que le cumpla un trámite al centro y de allí que se vaya a su casa. Por lo que, sin quererlo, y a dos días de la primavera, Tomás encaró por Florida, ahora con canteros en el centro, nuevas veredas y frentes restaurados de edificios emblemáticos.

También sembrada, la calle Florida, de “arbolitos”… que hablan solos… y dicen y hasta gritan con ritmo de martillo “cambio…, cambio”… Tomás, los mira… y se calla… Lo descolocan esas estampas vivientes que públicamente vocean su comercio ilegal allí, nada menos que en plena calle Florida, la peatonal de la ciudad. Y no es todo, cazó a un arbolito que con desparpajo guió a un interesado al local de una galería: allí, media docena de carteras de mujer puestas en exhibición contra la vidriera, buscan disimular “la cueva” existente. Pero no disimulan, en los mostradores a la vista de esos locales, los empleados cuentan guita… cambian guita… hasta Tomás, que no conoce ese paisaje, se da cuenta…

Apenas por un poco más que eso, apenas por un poco más que eso, a él lo engayolaron más de un año en Devoto…Tomás, todo nacional y popular, muchacho del tablón en la cancha, con sólo junar cómo es esa mano, no tiene dudas: estos “arbolitos” y “cuevas” tienen flor de padrinos arriba que garantizan el “laburen que no pasa nada”. Hay muchos verdes porque llega la primavera… sonríe, cínico, Tomás.

Y sigue caminando… cruza Corrientes hacia Córdoba donde, para que lo deje en Once, va a tomar el 132, la mejor línea de colectivos de la ciudad sabe Tomás. En ese tramo, vidriera tras vidriera llaman con el clásico “liquidación por fin de temporada, 30 y hasta 50% de descuento”. Tomás, vuelve a sonreírse cínico y, sin siquiera mirar las vidrieras, sobra a esos carteles: a mí no me agarran con ese verso…

Basta de mirar a los costados… para qué, ¡si te perdés lo más lindo de Florida a dos días de la primavera Tomás! Esas pibas…, y no tan pibas…, que vienen y que van caminando calzadas con sus calzas…, que apenas calzan… y… cuando calzan… demuestran de frente manteca que la anorexia es un desperdicio… Las pibas… y no tan pibas… ajustadas en ropa… ¡una fiesta para la vista!

¡Hola primavera! ¡Vení con luz y con calidez… todos te esperan! Llegate a Buenos Aires con tus árboles verdaderos… florecidos y nobles hasta en su silencio…. Vení con tus pibas y no tan pibas que embellecen las calles y sugieren encantos…  Vení primavera con tus colores que no son de liquidación, que son de vida, que son de encuentro, que son de promesas. ¡Bienvenida primavera!

-Este "trago de Tomás" se difundió en la versión radial de "Tomás Buenos Aires", por la AM 830 Radio Del Pueblo el sábado último a las 17-

Noticias

      2016-11-24 20:18:14  

     "Trago amargo alcanzó el éxito el día de su estreno en 1925 con la letra de Julio Navarrine (1889-1966) y la música de Rafael Iriarte (1890-1961). ¡Esplendorosa época del tango-canción! “Lealmente, ´Trago amargo´ no era un tango de excepción, sino simplemente un tango exitoso. Su letra es de un tinte melodramático campero, de fácil sentimentalismo. La mejor virtud de su música era no alardear de ninguna: dejar que la opinión del oyente reafirmara su origen: ‘el tango de un guitarrero’. También queda dicho que era ´un sencillo y bien sonante tango´, según el sin par Francisco García Jiménez en su insoslayable libro ´Así nacieron los tangos´, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1980.

    Si reflexionamos acerca de los versos de Navarrine, quien junto a su hermano Alfredo fue un admirable propulsor de los primerísimos cuadros folclóricos teatrales –y autores ambos de sendos tangos muy celebrados por el público–, habrá que resaltar cómo se habían condicionado al tema musical merced a una especial puja de frases imperativas: “¡Arrímese al fogón, viejita, aquí a mi lado!/ ¡Ensille un cimarrón, para que dure largo! ¡Atráquele esa astilla, que el fuego se ha apagado!/ ¡Revuelva aquellas brasas y cebe bien amargo! ¡Alcance esa guitarra de cuerdas empolvadas,/ que tantas veces ella besó su diapasón!”.

    El tango tuvo su estreno en el porteñísimo teatro ‘Maipo’ durante una de las temporadas de ‘revistas’, a mitad de los años veinte del pasado siglo. ¡Quién vería a aquel gaucho melodramático, dirigiéndole toda la ristra de mandatos a la madre, reservándose para él, por toda faena, el empinarse el codo con la botella de caña! Y la pobre vieja –de acá para allá, como maleta de loco– sin saber si arrimarse al fogón, si ensillar el cimarrón, si atracarle la astilla al fuego y revolver las brasas, si alcanzarle la guitarra o arrancarle primero la cinta, si secarse las lágrimas, si volver a cebar al “amargo” o bien si –ya exhausta–, después de buscar un crespón para la guitarra, inclinarse, al fin, ante la Virgen…"

    En fin, sintetiza ahora Tomás, el Buenos Aires, sobre este tango: un "Trago Amargo"... ¡para la pobre vieja!,

    De paso: El músico Rafael Iriarte fue un laburante de la guitarra en el tango. Nacido en un barrio del sur porteño, su fogueo artístico se dio en los cafés con música de la calle Corrientes. Después, llegó el espaldarazo en los teatros ‘Nacional’ y ‘Apolo’, ‘Porteño’ y ‘Empire’. Iriarte acompañó a una galaxia de cancionistas y cantores como Saúl Salinas, Rosita Quiroga y Agustín Magaldi, también a Charlo, Ignacio Corsini y Libertad Lamarque. Por su inquietud y ojos vivos, a Iriarte lo apodaban ‘El rata’.

    -Fragmento de la nota de Isaac Otero en el sitio "Crónicas de la Inmigración", setiembre de 2016-


      2016-11-21 19:28:06  

    A Pablo Agri lo esperó un violín en la cuna y a los diez años le pidió a su papá que lo inscribiera en un conservatorio. Su papá fue, nada menos que el rosarino Antonio Agri, juntamente con Elvino Vardaro y Mario Franchini, los tres violinistas más importantes del tango.

    Destaca que hoy encuentra a "muchos jóvenes  buenos instrumentistas y compositores que toman el tango con la seriedad que merece y que siguen estudiando". En cambio, Pablo advierte que "no me gustan definitivamente las imitaciones, las orquestas que ´tocan como´, ¡eso no me gusta! Digo que hay que aprender todos los géneros pero no imitar a nadie" sentencia.

    Aclara que "empecé con la música clásica para diferenciarme de mi viejo... Nací en el 68, año que se estrenó la operita "María de Buenos Aires" de Piazzolla y mi viejo ya era muy popular. Pero sin duda lo mío es el tango desde la cuna, o antes de ella y, hasta hoy, mi mejor manera de expresarme es nuestra música". Tanto es así que tocó, por ejemplo, con Mariano Mores y Horacio Salgán pasando por Néstor Marconi, Susana Rinaldi y Osvaldo Berlingieri. Es integrante de la Orquesta Sinfónica Nacional desde 1992, tomó clases con el maestro Szymsia Bajour; fue becado por la Fundación Antorchas para estudiar en el Conservatorio Edgard Varese, en Francia. En el 99 fue violín solista del show "Tango argentino" en Broadway (Nueva York).

    Este año fue el músico argentino que tocó por primera vez tango en vivo en una de las siete maravillas del mundo, los palacios de la Alhambra en Andalucía, España. Además, junto a sus compañeros formaron junto a la orquesta de la Casa Argentina en París, integrada por una belga, tres franceses, cuatro argentinos, una japonesa, un chino, y una violinista rusa, todos jóvenes. "Esto nos dice claramente que el tango es universal y se toca en todos los idiomas" reflexiona finalmente este también joven, que aporta un violín de conservatorio consagrado a la música que identifica al país.

    -Esta nota toma fragmentos de un reportaje realizado por el diario "La Capital" de Rosario-.


      2016-09-21 19:58:17  

    Sergio Pujol es joven, filósofo, docente y con varios libros en su haber, investiga a las danzas sociales y concedió hace unos días una nota al diario "La Izquierda" donde afirma que la década del ´20 marcó un antes y un después de la cultura argentina marcada decididamente por la eclosíon del tango. Aquí la nota:

    Comienza Pujol señalando que recien a mediados de los años ´20 "tenemos a Gardel con un porcentaje dominante de tangos en su repertorio; viene de cantar estilos, milongas. Canta en esos momentos foxtrot, shimmy, alguna que otra rumba.  Por lo tanto no se puede decir que el tango a principios de los 20 fuera el epítome de lo argentino y de lo nacional. Más bien se va ganando ese lugar. Las críticas que se hacen al tango hasta el año 30 inclusive, no son tanto acerca de su supuesto origen prostibulario, de mala vida o pecaminoso, sino que es una música que no representa la totalidad de la Argentina. Es una música de puerto que se ha consolidado a partir del aporte inmigratorio decisivo en el lenguaje, tanto en las letras, con la presencia del lunfardo, como en la música.

    Lo mismo pasa con el samba en Brasil, con el son en Cuba. Hay un momento en que estas músicas, muchas con una fuerte impronta afro, se convierten en emblemas nacionales. Eso pasa entre los 20 y los 30. Pasan de ser músicas orilleras, con una fuerte connotación de clase, a representar al país. En ese tránsito depuran su forma pero hay algo de la condición de clase que queda. Y en un momento explota.

    Durante el peronismo explotó. Cuando Alberto Castillo canta “Qué saben los pitucos, lamidos y sushetas...” está retrotrayendo la historia del tango 20 o 30 años. Lo que les está diciendo a sus bailarines, a los que bailan con su música , es “ojo, sepan de dónde vienen ustedes, no se dejen engrupir, el tango es una danza de salón pero ojo que venimos de las orillas”. Es interesante cómo, en algún sentido, al tango nunca se lo domestica del todo.

    "En los ´20 el tango se come todo"

     A la vez los años 20 son la clausura de una época ahí ya nadie baila polka o mazurca muy populares en 1880 y 1890. En los 20, el tango se come todo. Se come esas danzas. No al jazz. Y en parte se las come, creo yo, porque aparece el tango canción. Si no hubiera aparecido, tal vez hubiéramos tenido todavía ese repertorio "variopinto" de danzas. 

    Además están los hijos de los inmigrantes para los años 20, que son más tangueros que los padres en muchos casos. Las historias de vida de esa generación, la de Piana, o la de De Caro, que era un poquito más grande, casi todas están marcadas por la brecha generacional.

    El muchacho que quiere formar una bandita de rock en los 60 tiene muchas similitudes con el muchacho que quiere tocar tango en los 20. Pero incluso el corte es más violento en los 20. Porque la familia en los años 60 ya no es tan autoritaria como la familia en los 20. Yo no conozco historias de hijos que hayan dejado de hablar con sus padres veinte años por querer formar una banda de rock. 

    Ya forma parte un poco del relato romántico del tango: el reencuentro del padre con el hijo consagrado, tocando tango con una orquesta de noventa profesores. Lo vemos en Canaro, en De Caro. La “gran orquesta”. Quizás el último representante de esa ambición clasicista en términos musicales sea Mariano Mores. Cuando lo entrevisté para el libro de Discépolo, Mores decía “sí, quise llevar el tango a un nivel superior, siempre quise elevar el tango”. Muchos de esos maestros podrían haberse dedicado tranquilamente a la música académica.

    En los 20 y 30 es muy fuerte el sinfonismo tanguero. En parte, por influencia de la música académica. En el jazz también se da con Paul Whiteman, eso de redimir la música orillera vistiéndola con las mejores galas. La música clásica es la gran música. En las entrevistas a los tangueros de esa época se ve que estaba la gran música y la música popular. El epígrafe que utilicé para el libro Cien años de música argentina es de Julio de Caro y dice “Mi deseo era que los conocimientos que había adquirido en el conservatorio se amoldaran a las emociones que había recibido en la calle”.

    ¿Cómo hacer para convertir la emoción de la calle en una música artística. No una música que sólo se baila, que acompaña las labores de los laburantes del Mercado de Abasto, que enamora a las chicas en su casa con la vitrola, sino una música que tenga un valor artístico sin olvidar esa emoción y ese arraigo?

     Rodolfo Valentino
    Con Rodolfo Valentino se afirma el star system y el latin lover. Que van a tener una prolífica trayectoria en la cultura de masas internacional. Efectivamente, los estrenos de Valentino causaban furor. No sólo en los varones, sobre todo en las mujeres. Hay un ídolo que atrae a las mujeres, que perturba a los varones, que genera incomodidad. Valentino baila tango, a su manera. Nosotros diríamos que lo hace “mal”. Pero, a la manera Valentino, lo baila y lo promociona a nivel mundial. Los argentinos de esta época son hijos de Valentino.

    La sexualidad en los años 20 también explota. Las flappers americanas con el cabello corto se suben el ruedo de las polleras. Las mujeres empiezan a tomar whisky, empiezan a fumar, en algunos países a votar. Esta revolución de las costumbres femeninas, del lugar de la mujer en la sociedad, de alguna manera está traccionada por artefactos culturales, y las películas de Valentino evidentemente cumplen un rol importante. 

     Si no se hubiera dado la tangomanía en los años inmediatamente anteriores a la Primera Guerra Mundial, si los criollos de Argentina no hubieran “hecho la América” en Europa y Estados Unidos dando clases de tango y no se hubiera producido esa expansión, Valentino hubiera bailado otro ritmo en la película.


      2016-09-16 04:12:05  

    Cristian Palomo es el campeón mundial de tango pista, coronado en el Festival y Mundial 2016 en Buenos Aires. En la danza comenzó por el folclore que bailló en la escuela para luego cantarlos en las peñas más cercanas. Hasta que conoció el tango y lo demás se transformó en entrañable recuerdo.

    “Argentina es la capital mundial del tango -afirma Cristian-, donde países de todo el mundo vienen a competir. Acá pocos saben que en otros países un festival lleva más de dos mil personas, pero no hay prensa de lo que pasa para que la gente se entere. Al tango la cultura no le da bolilla.

    “Buenos Aires tiene su encanto, tiene su magia, pararse en un cafecito y mirar por la ventana mientras hablas de fútbol. Todo es tango en Buenos Aires, pero se está perdiendo porque no hay apoyo a esta cultura. Veo pobre y mal al tango por estos tiempos en Argentina. Hay muchas casas de tango que están conectadas con las agencias de turismo para poder subsistir y otras van cerrando” comenta el bailarín.

     Si bien la idea de dedicarse al baile siempre estuvo presente, su primer contacto con el  tango “le voló la cabeza” y empezó a prepararse tomando clases y metiéndose en el circuito milonguero, reemplazando cada vez más horas en su lubricentro que al poco tiempo decidió cerrar porque no era feliz ahí y si lo sería bailando: “no había tenido la valentía de jugarme, pero dije: lo hago ahora o nunca".

    El primer abrazo a la milonga fue hace cuatro años cuando conoció a Melisa Sacchi su pareja de baile, con la que generó una conexión que los llevó a ganar el Metropolitano y el subcampeonato mundial el año pasado, en la antesala de lo que fue su consagración semanas atrás en una performance sentida y prolija. “Con Meli venimos trabajando hace cuatro años muy fuerte y yo con un abrazo sé cuando está triste, cuando está alegre, cuando quiere bailar, cuando no quiere bailar. Hay una energía continua. Si los dos nos abrazamos es porque tenemos ganas de bailar, ya hay un deseo; sumado a la complicidad que tiene ese abrazo; a la magia y el encanto que tiene el tango que genera un ambiente”, señala Cristian.

    Admira los bailarines con mucha presencia como Juan Corvalán y Juan Pablo Horvath de Forever Tango, a los artistas que dejan el alma en lo que hacen: su interpretación, como la de Adrián Guida en la orquesta de Pugliese y Carlos Gari de la de Leopoldo Federico. Y pensado en otros se define él, él y su pareja, tomando estas cualidades de las que habla.

    Para los dos el tango es una pasión, un entretenimiento, y un medio de vida que se resume en distintas presentaciones y participaciones estables, aquí y en el exterior, que con el campeonato ganado se multiplicarán. De hecho ya piensan en terminar los tres últimos meses del año en Asia y en empezar los tres primeros del siguiente en Europa, cuestiones que dejaron de ser proyectos y se transformaron en realidad.

    Si bien Cristian sostiene que si uno vive de lo que le gusta, no es trabajar; reconoce que tanto empezar como mantenerse en el sendero artístico es complejo y que naturalmente termina siendo el exterior el lugar para muchos maestros y para todos los profesionales con aspiraciones y ansias de tranquilidad económica.

     

     


      2016-09-13 17:22:29  

    Con la presencia del jefe de gobierno, Horacio Rodríguez Larreta y del ministro de cultura, Angel Mahler, al que siguió un concierto que reunió en la Usina del Arte al violinista Fabián Bertero junto a cuatro vocalistas de reconocida trayectoria como Hugo Marcel, Chico Novarro, Néstor Fabián y Carlos Paiva, comenzó una nueva edición del Festival Mundial de Tango de la ciudad de Buenos Aires.

    La cita de tango porteña, convertida en el principal festival de la ciudad por convocatoria y repercusiones y el encuentro tanguero número uno del mundo, comprende un festival puramente musical y un Mundial de baile en las categorías salón y escenario, con finales en el Luna Park.

    El Festival y Mundial, que este año estrena nuevo director artístico en la figura del presidente de la Academia Nacional del Tango, Gabriel Soria, se extenderá en esta nueva edición a 42 sedes y diversas milongas, abarcando toda la geografía de la ciudad, hasta el próximo miércoles 31 de agosto.

    Más de 140 parejas extranjeras, de procedencias tan diversas como el lejano Oriente, Europa central, América del Sur y Centroamérica, junto a 400 binomios locales, tomarán parte de las competencias de baile, que ofrecerá sus rondas finales en el Luna Park el 30 y 31 de agosto, con María Graña y Esteban Morgado, junto a Franco Luciani, tocando en vivo el primer día para la ronda definitoria de Tango Salón; y a la orquesta El Arranque con Kevin Johansen durante el segundo, para la final de Tango Escenario.

    "Varios ejes confluyeron este año para pensar el festival, uno fue la diversidad del mundo musical de Horacio Salgán, que este año cumplió 100 años y que tendrá un homenaje a través de conciertos que recorren su obra desde disintas vertientes e incluso miradas musicales como el jazz, con artistas como Paula Schocron y Francisco Lo Vuolo; el folclore con Hilda Herrera o el tango mismo, con músicos como Cristian Zárate y Nicolás Ledesma", destacó Gabriel Soria en charla con Télam.

    El Director Artístico del festival señaló también que otro de los ejes que recorre esta edición es "el cruce y la mezcla de generaciones, que es una de las marcas del tango que se hace hoy en Buenos Aires y uno de los signos más alentadores de su permanencia y vitalidad".

    "También hay un homenaje al tango canción y los cantores, hecho que se pone de manifiesto en la gala de apertura del festival, que está en consonancia con los 100 años de la creación de "Mi noche triste" (considerado el primer tango canción), que Pascual Contursi compuso en 1916 y Gardel grabó en 1917", destacó Soria.

    "Es alentador que el festival pueda mostrar este panorama del tango donde los grandes maestros, algunos de 80 o 70 años incorporan en sus propios conjuntos jóvenes que a veces no tienen ni 20 años, como el caso de la orquesta de Ernesto Franco, un bandoneonista de 87 años cuyo cantante tiene menos de 20, y que con mayor o menor rango se repite en casi todas las formaciones orquestales".

    Soria destacó que a comienzos de los 90 lentamente la juventud volvió a volcarse al tango, primero a través del baile y luego de los instrumentistas y que en la actualidad "estamos en el momento de mayor explosión de toda esta nueva generación que está creando, tocando e, incluso, componiendo, un área no menor que es, quizás, la másdifícil".

    Maestros como Walter Ríos, Daniel Binelli, Néstor Marconi, José Colángelo y Raúl Garello ofrecerán conciertos en la Usina del Arte en los que estarán tocando sus propias composiciones, en uno de los momentos importantes del festival, que este año suma clínicas a cargo de figuras destacadas.

    "Las clínicas se dan por primera vez y son encuentros con grandes maestros que vivieron de primera mano distintas cuestiones relativas a la historia del tango que te las cuentan en persona", destaca Soria, y cuenta que Raúl Garello dará una sobre orquestaciones y arreglos; Atilio Stampone sobre el modo como fue concibiendo su obra; Amelita Baltar sobre canto; Horacio Avilano sobre guitarra y José Colángelo sobre estilo.

    "Son tipos de inmensa trayectoria que estuvieron ahí y te entregan información imposible de conocer si no es a través de ellos de primera mano", destaca Soria.

    En otro de sus momentos destacados, el festival contará con dos rescates históricos, uno de ellos dedicado a la orquesta del 46 de Astor Piazzolla, su primera típica, a 60 años de su debut y con dirección del bandoneonista Daniel Binelli. Aunque los conciertos principales se desarrollarán con entrada libre y gratuita en la Usina del Arte, del barrio de La Boca, el festival tendrá 42 sedes alternativas, que abarcan toda la geografía de la ciudad y que incluye lugares como el Anfiteatro Eva Perón de Parque Centenario, el Teatro 25 de Mayo de Villa Urquiza, el Espacio Cultural Adán Buenosayres de Parque Chacabuco, el bar La Academia, el Polideportivo de Villa Lugano, la esquina Homero Manzi de San Juan y Boedo, y diez milongas.

    Hacia el final y en otro de los momentos cumbre de esta edición se desarrollará la presentación de la operita "María de Buenos Aires" en el Colón el lunes 29 a las 20, la primera que se realiza en el máximo coliseo argentino de esta obra de Piazzolla-Ferrer creada en 1968.

    El Sexteto Mayor, las orquestas de Nicolás Ledesma, Víctor Lavallén y la Escuela Emilio Balcarce, junto con el dúo Mainetti-Angeleri, Bernardo Baraj, Patricia Barone, Raúl Lavié y Antonio Tarragó Ros son otros de los artistas que participarán del festival.

    Todos los conciertos serán todos con entrada libre y gratuita.

    Fuente: Télam