"A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires: La juzgo tan eterna como el agua y como el aire."
Jorge Luis Borges en "Fundación Mítica de Buenos Aires"

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Muy corta la vida de este sarpado de bohemio que vivió tan descuidadamente como la vida lo trató. ¿Se arrepintió?, leelo:

"¡Cha digo! cuando me acuerdo que tuve catorce abriles
justo cuando a la garufa de la vida me largué,
me entran ganas de matarme como hacen los tipos giles
pero después fumo un pucho batiendo:
¡Qué va cha ché!"

Linyera, junto Carlos de la Púa -el Malevo Muñoz-, también de una sola obra: "La crencha engrasada", y Julián Centeya, fueron los más importantes poetas lunfardos. Claro que en la vida jugaron distinto. Linyera vivió hambreado, nunca un mango en el bolsillo y se mantuvo anarquista hasta su locura final. Centeya, sobrellevó la bohemia a los banquinazos y De La Púa, buscó fortuna que consiguió.

Linyera, que se llamó Francisco Bautista Rímoli, en su "Autobiografía rasposa" precisó que era hijo de calabrés, que nació en Buenos Aires el 10 de agosto de 1903 en un conventillo grande de la calle Independencia 1543. De pibe trabajó de "cantinero" en un bodegón de Solís y Garay y ahí conoció la noche. A los catorce años ya andaba sólo por la vida. Estudió telegrafía y practicó en la comisaría 18ª de la calle San Juan hasta recibirse, lo destinaron a la sucursal N° 5 del Correo, en el barrio de Caballito.Como le gustaba escribir el dolor y las injusticias que le propinaba la calle se conchabó de periodista en el matutino La Argentina, que sin suerte trataba de competir con La Prensa y La Nación, tenía 16 años. Luego fue a El Telégrafo y La Montaña, mítico periódico fundado por Leopoldo Lugones y José Ingenieros.

Ya había perdido su verdadero nombre. Tuvo más fuerza su ocurrencia apropiada a su modo de vida: "Dante A. Linyera", donde la letra A, no es inicial de un segundo nombre, sino que aludió a Dante Alighieri. También a esa edad, ya había conocido a quien admiró más y llamó “maestro” , el poeta Álvaro Yunque, Arístides Gandolfi Herrero.

Eduardo Moreno, otro poeta que lo conoció de cerca dijo de Linyera "Lo conocí viviendo en un bulín donde apenas entraba. Había sólo una cama y el lugar que la rodeaba estaba lleno de libros por todas partes. Para entrar y salir pasaba por arriba de la cama... Yo iba, llamaba, pero no podía entrar porque faltaba espacio. Llegaba siempre curda, le daba a los libros y a las ocho de la mañana estaba totalmente dormido". Hasta que un día Linyera se fue con Korn. Le propuso hacer la revista "La Canción Moderna" y Korn, un tipo vivo, aceptó. “La canción moderna”, fue luego nada menos que Radiolandia, Linyera la dirigió de 1928 a 1933.

"Encontró a una mujer cursi, estaba con cierta poesía y en cosas raras, lo embalurdó de tal forma -justo a él que no le daba "boliya" a nadie- que creyó que ella lo quería. Se casaron. Fueron a vivir a la calle Entre Ríos 337. Duraron un mes, un día ella se fue con un circo, mire si era rara esa Susy Paz. Cuando volvió no la recibió más. Pero la quería. Ella murió en 1981. Su locura fue causa de su mala vida, producto de una sífilis nunca curada, además estaba tuberculoso. Murió mal. En un pabellón, solo.

Cuando apareció su libro "Semos hermanos", dijo a los amigos: «¡Perdón, no lo voy a hacer más!». Fue su única obra editada. La dedicatoria dice: «A mi perro, porque no lo tengo». En “Semos hermanos” (versos arrabaleros), publicado en 1928, donde reúne a laburantes, prostitutas, anarquistas y hampones en un mensaje de protesta.

Algunas frases de Dante A. Linyera:
"El laburo, ese viejo cafiolo de la existencia"; "Tenés dos posibilidades: ser feliz de prepo o conocer la realidad"; "No soy cristiano ni soy judío, ni creo más que en el dolor humano"; "La verdad siempre resulta menos valiosa que las buenas coartadas"; "Para vivir sin esgunfio basta con ser mediocre complaciente".

Entre otros tangos surgieron de su pluma las letras del ya citado Boedo, Loca bohemia, El pibe Ernesto, Si volviera Jesús, Florida de Arrabal, Todo el año es carnaval.

Antes de perder la razón escribió:
“En el bulín rasposo me pasaré las horas
rascándome esta yeta que me sigue. No quiero
saber nada. ¡Nada! ¡Pucha digo, si vieras
como estoy de cansao, como estoy de fulero!”

Después, se perdió en lo sórdidos rincones de la locura y solo un amigo lo acompañó hasta el descanso final el 15 de julio de 1938: Centeya. De Linyera, dijo Julián Centeya en la “La Musa Mistonga”.

Cantor de la mistonga vida rea,
frate leal que tuvo mano franca,
embagayao de sueños llevó en anca
                            la huesuda miseria.
A nadie le guardó una fulería,
pa todos tuvo un cacho de ternura.
Fué su novia mejor la mishiadura,
                            la huesuda miseria.
Proletario del verso, en la cinchada
puso su corazón limpio y descalzo.
Junto a tu nombre, Dante, sé que alzo
                             la huesuda miseria.
Era del San Cristóbal de los Greco
-yotivenco, palmera, dura yeca.
Iba a entender después que le hizo la peca
                              la huesuda miseria.
No tuvo más estrella que aquel pucho,
no haber tenido nada fué su todo.
Yo bien lo sé que lo atracó de un modo
                               la huesuda miseria.
Hermano en Carrieguito y en Florencio,
en Charles de Soussens... Mono Taborda...
entiendo que al morir zarpó de borda
                                la huesuda miseria.

Linyera vivió siempre pobre y se mantuvo fiel a su ideología anarquista. Como dijo su amigo: su locura fue causa de su mala vida, de una sífilis nunca curada, además, tuberculoso. Murió mal. En un pabellón, solo.

La milonga duró poco. O terminó rápido. Tomás no sabía cuál de las dos opiniones caía mejor para pintar la situación en la noche de ardiente verano porteño.

Es que saltaba a la vista que los milongueros, hombres y mujeres, buscaban los veintiocho grados de la calle para respirar mejor. Y unos cuántos ya no volvieron a entrar al salón. Se estaba mejor afuera, donde no se movía una hoja de los árboles, que adentro. Incluso a pesar de que llamaba a bailar la carga de sentimiento que la orquesta de Ricardo Malerba proponía, a través de su inmejorable “Danza maligna” que con sus compases tangueros traspasaba la fachada del lugar.

¿Para qué volver a entrar al salón de baile con un paisaje de camisas traspiradas, de cabellos recogidos de las mujeres, de rostros fastidiados, de un colmenar dibujado por decenas de abanicos que tratan de aliviar mínimamente el agobio.

Tomás, que en la herrería con techo de chapas, a veces recargada de grados por la calenturienta fragua, sabe más que otros lo que es el calor. Y fuera de su trabajo, y de la ida y vuelta al trabajo, no quiere saber nada del calor en lo posible, porque no son pocas las veces en que los cortes de luz le quitan al amigo ventilador.

Y como Tomás, ninguno, criollos o gringos, veteranos, principiantes o simples visitas, quieren saber de sufrir el calor en el lugar al que llegan buscando el disfrute. Tal vez, en otros tiempos, sin asfalto, sin tantos edificios, sin tantos automóviles, sin la alcahuetería constante de la “sensación térmica”, bailar sin refrigeración era soportable.

Pero ya no. Ya no. Y los salones de baile de tango, o quienes deben manejarlos, porfían esta certeza. Les mezquinan aire a los bailarines, los sofocan, los desalientan, los obligan a salir a buscar aire a la calle… Y muchos no vuelven. Y algunos, después de esa noche, capaz no vuelvan al salón por todo el verano…

Habrá algún otro lugar de tango, que no le mezquine el aire a los bailarines…, allá irá. Aunque no le guste tanto. Aunque al principio se sienta bicho de otro pozo…, pero sin la camisa transpirada, sin cabellos recogidos en las mujeres y sin rostros fastidiados por el agobio.

Tomás, ve más que medio desierto el salón. Está lleno, pero de calor. Y aunque no acostumbra dejar la milonga temprano, mete sus zapatos gamuzados de tango en la bolsita y, busca la salida.

Tomás, el Buenos Aires, ya rodeado por esa aureola que mezcla la esperanza y la fe al llegar las fiestas de Navidad y Año Nuevo te desea:

Que el nuevo calendario te sea saludable; sí, en el que puedas mantener e incluso mejorar la salud. ¿Podrías hacer lo que deseás si no tuvieras la salud suficiente?

Te desea que puedas estar con los tuyos. Y, si no es así, que la templanza envuelva con bondad su recuerdo.

Te desea que puedas cumplir tus deseos, lo que no es poco.

También te desea Tomás que puedas hacer lo que sientas, por la carga de vida que asocia hacer lo que uno siente.

Tomás anhela que, en estos días de síntesis y reflexión, puedas hacer un sereno balance de tus logros y de tus metas.

Te desea, que tengas tiempo para vos mismo, para que puedas disfrutar y disfrutarte tu vida.

Tomás, que ha pasado por la buena y por la muy mala, te desea que tengas un poco más de lo que necesitás. No mucho más, que trae problemas.

No menos importante, te desea que estés bien con vos. ¡Qué bueno es estar bien con uno mismo!

Te desea, además, prudencia y fortaleza para aceptar las alegrías y las tristezas que acompañan cada día y que te indican que estás vivo y que estás dispuesto a seguir vivo.

Y te desea que seas certero al poner en la balanza personal las cosas buenas y malas de tu vida y reflexionar cuál es el platillo que pesa más. Sobre el resultado: todo pasa, lo bueno y lo malo.

Muy feliz Navidad y Año Nuevo, que Papá Noel sea pródigo, sobre todo con los chiquitos, con los hijos y los nietos en esa edad de asombros y fantasías.

De parte de Tomás a todos el agradecimiento del muchacho de tablón en la cancha, todo nacional y popular: gracias por haberlo aguantado y por estar dispuestos a seguir haciéndolo.

Tanto le hablaron, tanto le insistieron, que se le metió en la cabeza conocerlo. El Saraza y su milonga. Un arquetipo de club de barrio porteño clavado en el corazón de Parque Chacabuco, precisamente en Saraza al 900.

Su verdadero nombre, Club Telégrafo y Crisol Unidos, casi es desconocido. Por lo menos en el ambiente tanguero, siempre fue y es el Saraza. Había que conocerlo un martes a la nochecita, jornada de milonga.

Tomás, terminó su día en la herrería y buscó el 65 para que lo dejara en la avenida La Plata y Saraza justamente, a unas cuadras del club. Llegó, pagó la entrada y entró al salón principal: sapo de otro pozo, las miradas de los habitués lo encañonaron entre intrigados y curiosos. Allí todos se conocen o casi. Tomás bajó la vista mientras le pareció una eternidad los segundos que pasaron hasta que uno de los organizadores lo ubicó en una de las sillas.

Mesas con mantel que rodean la pista de baldosa, no muy grande pero suficiente para recibir a los milongueros que no le fallan al Saraza. Al fondo, el buffet con su barra: se cena tupido en el club, de barrio el club, así que lo laigt es para otros lugares y así lo indica ese olorcito a fritanga que no impregna, pero que despierta las ganas de clavar el diente en alguna milanesita. Muchos se dan el gusto, aunque pierdan algunas tandas de baile.

Al costado del salón el patio, también de baldosa, típico de estos clubes y no aconsejables para una milonga de rompe y raja, que se habilita en días de verano y que raramente no es canchita de fútbol –las artes marciales son una especialidad en el Telégrafo y Crisol Unidos- aunque, se imagina Tomás, la redonda debe rodar unos buenos ratos para que los pibes despunten el vicio irresistible de darle a la pelota.

El debutante en el Saraza, inaugura el cabeceo. La mujer, entre otras que miran al nuevito, al desconocido, se levanta sin dudar. Hay que ver quién es y cuánto baila. De Ángelis con su majestuoso, insuperable, “Café Domínguez” glosado por la voz gastada, arenosa, de Julián Centeya, hace saltar a los milongueros de las sillas.

El salón principal queda chico y las parejas buscan el patio contiguo para bailar. La postal, la imagen no puede redondear mejor la forma, el estilo, el aire, el ambiente de un club de barrio de Buenos Aires. Como otros tantos que abren sus puertas a lo porteño sosteniendo el sentido de pertenencia al lugar y a la ciudad.

Termina la tanda y uno de los habitués se le presenta y se sienta en la mesa: es un directivo del club, le da la bienvenida, le cuenta cosas del lugar y le dice que lo esperan los martes a la nochecita en el Saraza.

Tomás, un muchacho de tablón en la cancha, todo nacional y popular, ya sabe que cada tanto va a volver. Un tipo de pueblo no se siente extraño en un club de barrio porteño.

La casa de Barracas, antigua y de estilo, bellamente ornamentada, anunció su muerte durante meses: “próximamente uno, dos y tres ambientes en incontables cuotas en pesos ajustables por índice… ta, ta,ta,ta...”, decía el cartel.

Esta vez el paisaje que transita caminando desde el colectivo a su lugar de trabajo cada día, había cambiado: una imponente máquina a oruga y su poderoso brazo articulado rematado con una robusta piqueta, la apuntaba. Tomás se detuvo a presenciar el primer puntazo de la máquina a la altura del techo, a centímetros de la columna principal. La imagen fue la de un fusilamiento, una ejecución urbana.

Un par de vecinos con canas que alcahuetan jubilación, no ocultaron un rictus de tristeza en sus rostros: su cuadra, su barrio, se iba perdiendo. Sus vecinos de siempre con los saludos diarios de siempre, ya no volverían: otra piqueta, la de la vida, les reservaba un corto destino por delante cuando las manos de unos parientes cargaron sus valijas en el auto en que se los llevaron, un día antes de que instalaran el cartel.

Apenas dos jornadas de trabajo de la piqueta y la seguidilla de panzudos camiones que cargaron los escombros. Sólo menos de veinte horas para sepultar vestigios de risas, de llantos, de llegadas, despedidas, de fiestas, tristezas, de nacimientos, muertes, de vidas que habitaron esa vieja casa de Barracas. La empalizada de maderas y zinc que tomó el lugar de la hermosa fachada indica que sólo ha quedado el predio. Y que esas gruesas paredes, testigos y guardas de las entrañables vivencias para vaya a saber cuántas generaciones familiares, ya fueron tiradas en algún relleno, rellenando la nada.

En menos de dos años la torre que el cartel anuncia habrá sepultado la casa de estilo bellamente ornamentada y los centenares de caras nuevas que habitarán la construcción nada habrán sabido de ella. Los vecinos que a diario saludaban a toda la cuadra y más allá, serán reemplazados por otros que, con frecuencia, ni estarán al tanto de qué piso y departamento ocupan quienes los acompañan cada tanto en el ascensor.

Tomás, en la parada del bondi que lo llevará de regreso a casa, si el Sarmiento así lo quiere, está conmovido: la ciudad, su ciudad, cambia y muchas veces brutalmente. Así son las cosas, todo con principio y final, así es el mundo desde que es mundo. Que lo parió!

Tomás apoya la SUBE en la registradora del colectivo, en el mismo momento que suena su teléfono celular. Mete la mano apuradamente en la mochila para alcanzar a contestar: es su cuñado. Le avisa, exultante, que nació su tercera hija, la tercera sobrina de Tomás, y que la madre, su hermana, está muy bien.

Así son las cosas, todo con principio y final. Todo aquello que tuvo la oportunidad de nacer, debe aceptar la obligación de morir. Nosotros también. ¿Qué lo parió!

Tomás, sonriendo, no se pone colorado al preguntar silenciosamente a Diosito ¿No te equivocaste en esto?

Noticias

      2017-06-08 22:03:26  

    Desde Marsella, Francia, distinguieron a Julio Dupláa, un histórico argentino de la danza del tango y la milonga, al calificarlo de "persona emblemática de la Ciudad de Buenos Aires". La Asociación Les Trottoirs de Marseille así lo consideró en una nota fechada el 1° de junio último a esta ciudad, firmada por Michel Raous, presidente de la asociación y Marcelo y Giorgia Guardiola, maestros de tango de Les Trottoirs de Marseille.

    Dice textualmente la nota:
    "Desde Francia hacemos voz para expresar nuestra gratitud y transmitir nuestra admiración por el Maestro Julio Dupláa quién desde su nacimiento respira tango.

    Nacido en el porteño barrio de Villa Urquiza declarado «Capital del Tango bailado» impulsado por el mismo Dupláa y cuna de tantos magnificos bailarines y milongueros, don Julio supo conocer el tango en el antiguo y prestigioso Club Sin Rumbo. Desde niño miró y escuchó las orquestas, de adolescente bailó su música y de hombre organizó milongas; toda una vida dedicada a nuestro tango y a nuestra ciudad ya que en la actualidad toda Buenos Aires respira su presencia, refleja su personalidad y vive su dedicación organizando eventos, cuidando el trabajo de los bailarines y dando clases que trasmiten sabiduria y vivencias.

    Por esto y muchas cosas más  el Maestro Julio Dupláa es una persona emblemática de la Ciudad de Buenos Aires. Nuestros más sinceros saludos".

    Tomás, el Buenos Aires, felicita a través de esta página a Julito Dupláa, amigo y, como dicen los franceses, un emblemático del tango bailado. Aunque él se cite cada vez que puede de "apenas un milonguero".

    Foto (Gentileza revista "La Milonga"): Julio Dupláa (derecha) en trámite de alguna tropelía con Tomás, el Buenos Aires.

     

     


      2016-11-24 20:18:14  

     "Trago amargo alcanzó el éxito el día de su estreno en 1925 con la letra de Julio Navarrine (1889-1966) y la música de Rafael Iriarte (1890-1961). ¡Esplendorosa época del tango-canción! “Lealmente, ´Trago amargo´ no era un tango de excepción, sino simplemente un tango exitoso. Su letra es de un tinte melodramático campero, de fácil sentimentalismo. La mejor virtud de su música era no alardear de ninguna: dejar que la opinión del oyente reafirmara su origen: ‘el tango de un guitarrero’. También queda dicho que era ´un sencillo y bien sonante tango´, según el sin par Francisco García Jiménez en su insoslayable libro ´Así nacieron los tangos´, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1980.

    Si reflexionamos acerca de los versos de Navarrine, quien junto a su hermano Alfredo fue un admirable propulsor de los primerísimos cuadros folclóricos teatrales –y autores ambos de sendos tangos muy celebrados por el público–, habrá que resaltar cómo se habían condicionado al tema musical merced a una especial puja de frases imperativas: “¡Arrímese al fogón, viejita, aquí a mi lado!/ ¡Ensille un cimarrón, para que dure largo! ¡Atráquele esa astilla, que el fuego se ha apagado!/ ¡Revuelva aquellas brasas y cebe bien amargo! ¡Alcance esa guitarra de cuerdas empolvadas,/ que tantas veces ella besó su diapasón!”.

    El tango tuvo su estreno en el porteñísimo teatro ‘Maipo’ durante una de las temporadas de ‘revistas’, a mitad de los años veinte del pasado siglo. ¡Quién vería a aquel gaucho melodramático, dirigiéndole toda la ristra de mandatos a la madre, reservándose para él, por toda faena, el empinarse el codo con la botella de caña! Y la pobre vieja –de acá para allá, como maleta de loco– sin saber si arrimarse al fogón, si ensillar el cimarrón, si atracarle la astilla al fuego y revolver las brasas, si alcanzarle la guitarra o arrancarle primero la cinta, si secarse las lágrimas, si volver a cebar al “amargo” o bien si –ya exhausta–, después de buscar un crespón para la guitarra, inclinarse, al fin, ante la Virgen…"

    En fin, sintetiza ahora Tomás, el Buenos Aires, sobre este tango: un "Trago Amargo"... ¡para la pobre vieja!,

    De paso: El músico Rafael Iriarte fue un laburante de la guitarra en el tango. Nacido en un barrio del sur porteño, su fogueo artístico se dio en los cafés con música de la calle Corrientes. Después, llegó el espaldarazo en los teatros ‘Nacional’ y ‘Apolo’, ‘Porteño’ y ‘Empire’. Iriarte acompañó a una galaxia de cancionistas y cantores como Saúl Salinas, Rosita Quiroga y Agustín Magaldi, también a Charlo, Ignacio Corsini y Libertad Lamarque. Por su inquietud y ojos vivos, a Iriarte lo apodaban ‘El rata’.

    -Fragmento de la nota de Isaac Otero en el sitio "Crónicas de la Inmigración", setiembre de 2016-


      2016-11-21 19:28:06  

    A Pablo Agri lo esperó un violín en la cuna y a los diez años le pidió a su papá que lo inscribiera en un conservatorio. Su papá fue, nada menos que el rosarino Antonio Agri, juntamente con Elvino Vardaro y Mario Franchini, los tres violinistas más importantes del tango.

    Destaca que hoy encuentra a "muchos jóvenes  buenos instrumentistas y compositores que toman el tango con la seriedad que merece y que siguen estudiando". En cambio, Pablo advierte que "no me gustan definitivamente las imitaciones, las orquestas que ´tocan como´, ¡eso no me gusta! Digo que hay que aprender todos los géneros pero no imitar a nadie" sentencia.

    Aclara que "empecé con la música clásica para diferenciarme de mi viejo... Nací en el 68, año que se estrenó la operita "María de Buenos Aires" de Piazzolla y mi viejo ya era muy popular. Pero sin duda lo mío es el tango desde la cuna, o antes de ella y, hasta hoy, mi mejor manera de expresarme es nuestra música". Tanto es así que tocó, por ejemplo, con Mariano Mores y Horacio Salgán pasando por Néstor Marconi, Susana Rinaldi y Osvaldo Berlingieri. Es integrante de la Orquesta Sinfónica Nacional desde 1992, tomó clases con el maestro Szymsia Bajour; fue becado por la Fundación Antorchas para estudiar en el Conservatorio Edgard Varese, en Francia. En el 99 fue violín solista del show "Tango argentino" en Broadway (Nueva York).

    Este año fue el músico argentino que tocó por primera vez tango en vivo en una de las siete maravillas del mundo, los palacios de la Alhambra en Andalucía, España. Además, junto a sus compañeros formaron junto a la orquesta de la Casa Argentina en París, integrada por una belga, tres franceses, cuatro argentinos, una japonesa, un chino, y una violinista rusa, todos jóvenes. "Esto nos dice claramente que el tango es universal y se toca en todos los idiomas" reflexiona finalmente este también joven, que aporta un violín de conservatorio consagrado a la música que identifica al país.

    -Esta nota toma fragmentos de un reportaje realizado por el diario "La Capital" de Rosario-.


      2016-09-21 19:58:17  

    Sergio Pujol es joven, filósofo, docente y con varios libros en su haber, investiga a las danzas sociales y concedió hace unos días una nota al diario "La Izquierda" donde afirma que la década del ´20 marcó un antes y un después de la cultura argentina marcada decididamente por la eclosíon del tango. Aquí la nota:

    Comienza Pujol señalando que recien a mediados de los años ´20 "tenemos a Gardel con un porcentaje dominante de tangos en su repertorio; viene de cantar estilos, milongas. Canta en esos momentos foxtrot, shimmy, alguna que otra rumba.  Por lo tanto no se puede decir que el tango a principios de los 20 fuera el epítome de lo argentino y de lo nacional. Más bien se va ganando ese lugar. Las críticas que se hacen al tango hasta el año 30 inclusive, no son tanto acerca de su supuesto origen prostibulario, de mala vida o pecaminoso, sino que es una música que no representa la totalidad de la Argentina. Es una música de puerto que se ha consolidado a partir del aporte inmigratorio decisivo en el lenguaje, tanto en las letras, con la presencia del lunfardo, como en la música.

    Lo mismo pasa con el samba en Brasil, con el son en Cuba. Hay un momento en que estas músicas, muchas con una fuerte impronta afro, se convierten en emblemas nacionales. Eso pasa entre los 20 y los 30. Pasan de ser músicas orilleras, con una fuerte connotación de clase, a representar al país. En ese tránsito depuran su forma pero hay algo de la condición de clase que queda. Y en un momento explota.

    Durante el peronismo explotó. Cuando Alberto Castillo canta “Qué saben los pitucos, lamidos y sushetas...” está retrotrayendo la historia del tango 20 o 30 años. Lo que les está diciendo a sus bailarines, a los que bailan con su música , es “ojo, sepan de dónde vienen ustedes, no se dejen engrupir, el tango es una danza de salón pero ojo que venimos de las orillas”. Es interesante cómo, en algún sentido, al tango nunca se lo domestica del todo.

    "En los ´20 el tango se come todo"

     A la vez los años 20 son la clausura de una época ahí ya nadie baila polka o mazurca muy populares en 1880 y 1890. En los 20, el tango se come todo. Se come esas danzas. No al jazz. Y en parte se las come, creo yo, porque aparece el tango canción. Si no hubiera aparecido, tal vez hubiéramos tenido todavía ese repertorio "variopinto" de danzas. 

    Además están los hijos de los inmigrantes para los años 20, que son más tangueros que los padres en muchos casos. Las historias de vida de esa generación, la de Piana, o la de De Caro, que era un poquito más grande, casi todas están marcadas por la brecha generacional.

    El muchacho que quiere formar una bandita de rock en los 60 tiene muchas similitudes con el muchacho que quiere tocar tango en los 20. Pero incluso el corte es más violento en los 20. Porque la familia en los años 60 ya no es tan autoritaria como la familia en los 20. Yo no conozco historias de hijos que hayan dejado de hablar con sus padres veinte años por querer formar una banda de rock. 

    Ya forma parte un poco del relato romántico del tango: el reencuentro del padre con el hijo consagrado, tocando tango con una orquesta de noventa profesores. Lo vemos en Canaro, en De Caro. La “gran orquesta”. Quizás el último representante de esa ambición clasicista en términos musicales sea Mariano Mores. Cuando lo entrevisté para el libro de Discépolo, Mores decía “sí, quise llevar el tango a un nivel superior, siempre quise elevar el tango”. Muchos de esos maestros podrían haberse dedicado tranquilamente a la música académica.

    En los 20 y 30 es muy fuerte el sinfonismo tanguero. En parte, por influencia de la música académica. En el jazz también se da con Paul Whiteman, eso de redimir la música orillera vistiéndola con las mejores galas. La música clásica es la gran música. En las entrevistas a los tangueros de esa época se ve que estaba la gran música y la música popular. El epígrafe que utilicé para el libro Cien años de música argentina es de Julio de Caro y dice “Mi deseo era que los conocimientos que había adquirido en el conservatorio se amoldaran a las emociones que había recibido en la calle”.

    ¿Cómo hacer para convertir la emoción de la calle en una música artística. No una música que sólo se baila, que acompaña las labores de los laburantes del Mercado de Abasto, que enamora a las chicas en su casa con la vitrola, sino una música que tenga un valor artístico sin olvidar esa emoción y ese arraigo?

     Rodolfo Valentino
    Con Rodolfo Valentino se afirma el star system y el latin lover. Que van a tener una prolífica trayectoria en la cultura de masas internacional. Efectivamente, los estrenos de Valentino causaban furor. No sólo en los varones, sobre todo en las mujeres. Hay un ídolo que atrae a las mujeres, que perturba a los varones, que genera incomodidad. Valentino baila tango, a su manera. Nosotros diríamos que lo hace “mal”. Pero, a la manera Valentino, lo baila y lo promociona a nivel mundial. Los argentinos de esta época son hijos de Valentino.

    La sexualidad en los años 20 también explota. Las flappers americanas con el cabello corto se suben el ruedo de las polleras. Las mujeres empiezan a tomar whisky, empiezan a fumar, en algunos países a votar. Esta revolución de las costumbres femeninas, del lugar de la mujer en la sociedad, de alguna manera está traccionada por artefactos culturales, y las películas de Valentino evidentemente cumplen un rol importante. 

     Si no se hubiera dado la tangomanía en los años inmediatamente anteriores a la Primera Guerra Mundial, si los criollos de Argentina no hubieran “hecho la América” en Europa y Estados Unidos dando clases de tango y no se hubiera producido esa expansión, Valentino hubiera bailado otro ritmo en la película.


      2016-09-16 04:12:05  

    Cristian Palomo es el campeón mundial de tango pista, coronado en el Festival y Mundial 2016 en Buenos Aires. En la danza comenzó por el folclore que bailló en la escuela para luego cantarlos en las peñas más cercanas. Hasta que conoció el tango y lo demás se transformó en entrañable recuerdo.

    “Argentina es la capital mundial del tango -afirma Cristian-, donde países de todo el mundo vienen a competir. Acá pocos saben que en otros países un festival lleva más de dos mil personas, pero no hay prensa de lo que pasa para que la gente se entere. Al tango la cultura no le da bolilla.

    “Buenos Aires tiene su encanto, tiene su magia, pararse en un cafecito y mirar por la ventana mientras hablas de fútbol. Todo es tango en Buenos Aires, pero se está perdiendo porque no hay apoyo a esta cultura. Veo pobre y mal al tango por estos tiempos en Argentina. Hay muchas casas de tango que están conectadas con las agencias de turismo para poder subsistir y otras van cerrando” comenta el bailarín.

     Si bien la idea de dedicarse al baile siempre estuvo presente, su primer contacto con el  tango “le voló la cabeza” y empezó a prepararse tomando clases y metiéndose en el circuito milonguero, reemplazando cada vez más horas en su lubricentro que al poco tiempo decidió cerrar porque no era feliz ahí y si lo sería bailando: “no había tenido la valentía de jugarme, pero dije: lo hago ahora o nunca".

    El primer abrazo a la milonga fue hace cuatro años cuando conoció a Melisa Sacchi su pareja de baile, con la que generó una conexión que los llevó a ganar el Metropolitano y el subcampeonato mundial el año pasado, en la antesala de lo que fue su consagración semanas atrás en una performance sentida y prolija. “Con Meli venimos trabajando hace cuatro años muy fuerte y yo con un abrazo sé cuando está triste, cuando está alegre, cuando quiere bailar, cuando no quiere bailar. Hay una energía continua. Si los dos nos abrazamos es porque tenemos ganas de bailar, ya hay un deseo; sumado a la complicidad que tiene ese abrazo; a la magia y el encanto que tiene el tango que genera un ambiente”, señala Cristian.

    Admira los bailarines con mucha presencia como Juan Corvalán y Juan Pablo Horvath de Forever Tango, a los artistas que dejan el alma en lo que hacen: su interpretación, como la de Adrián Guida en la orquesta de Pugliese y Carlos Gari de la de Leopoldo Federico. Y pensado en otros se define él, él y su pareja, tomando estas cualidades de las que habla.

    Para los dos el tango es una pasión, un entretenimiento, y un medio de vida que se resume en distintas presentaciones y participaciones estables, aquí y en el exterior, que con el campeonato ganado se multiplicarán. De hecho ya piensan en terminar los tres últimos meses del año en Asia y en empezar los tres primeros del siguiente en Europa, cuestiones que dejaron de ser proyectos y se transformaron en realidad.

    Si bien Cristian sostiene que si uno vive de lo que le gusta, no es trabajar; reconoce que tanto empezar como mantenerse en el sendero artístico es complejo y que naturalmente termina siendo el exterior el lugar para muchos maestros y para todos los profesionales con aspiraciones y ansias de tranquilidad económica.