"A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires: La juzgo tan eterna como el agua y como el aire."
Jorge Luis Borges en "Fundación Mítica de Buenos Aires"

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Del escriba

Letras de la ciudad

Tomás, se calza con apuro los yines y la remera descartados que usa para trabajar. Llegó tarde a la herrería y sus compañeros ya se cambiaron: viajar de Ramos Mejía a Barracas, de ida y de vuelta, es cada día una aventura. Encima, el calor. Deja al resguardo del mosquerío el portentoso chegusán de milanesa que trajo de casa para almorzar y así ahorrarse unos pesos en la comida.

Lo espera un día de corte de planchuelas y perfiles para encaminarlos a la soldadura con la que armará el gran ventanal de fierro.

Hay que respetar a la soldadura eléctrica. Estar vestido para cuidarse de las quemaduras por chispa y careta filtrante para proteger la vista de la concentración de rayos ultravioletas: los ojos expuestos a los rayos de soldadura duelen más que una muela enferma y se termina en el hospital. Así y todo, si la soldadura son sólo unos puntazos, los herreros con cancha cierran los ojos y le dan nomás.

La mañana se va y la construcción del ventanal encargada a Tomás casi termina. Falta una pasada de piedra esmeril para quitar las traicioneras rebabas muy filosas y remover las costras sobrantes de soldadura. Después, baño de pintura antióxido y se acabó.

Pero después del almuerzo. Mientras se prepara la rueda de los obreros para comer el patrón, buen tipo y sabedor del oficio, revisa el ventanal apoyado sobre los caballetes a punto de terminarse: controla más que otra cosa las escuadras, los ángulos de noventa grados que deben estar perfectos para que calcen sin problemas en las aberturas donde irán y zafar de que los albañiles tiren la bronca si la fijación se les complica. Los pases de facturas entre gremios pueden ser grosos...

-Tomás, está diez puntos el ventanal; a trabajar así ¿te enseña el tango…?- le pregunta, sarcástico, el trompa como para que escuchen todos los de la herrería.

-Y… sí… lejos no le anda jefe…- contesta Tomás. Y envalentonado la sigue: -mire, el tango exige, casi le diría que disciplina; para escribir sus letras hay que parir versificación, rima, acentuación, y todavía le queda nada menos que meterle poesía, para tocarlo hay que saber música y no hay oído que valga si uno busca ser bueno y, la última, para saber bailarlo hay que ir a la academia, si no, a uno no pasa de tronco y las bailarinas miran para otro lado. Le digo, ¿sabe cuántas cosas andarían mejor en el país, si los que tienen la manija se pararan a mirar y aprendieran del ordenamiento que exige el tango?

Tomás la remata en medio de las risas de los otros obreros: -así que jefe, ¿viene conmigo y con los muchachos a la milonga esta noche?-.

-Y… si es tan así como vos lo pintás, vamos a tener que ir Tomás- concedió el patrón con una sonrisa mientras piantaba del lugar.

-Es así, es así nomás jefe; lo espero esta noche en “Cánning” jefe…- lo apuró Tomás. El trompa, sin darse vuelta, levantó la mano con el pulgar para arriba y buscó rápido la calle…

Desde el laburo en Barracas, Tomás fue en bondi a Constitución y ahí agarró el 53 en la cabecera que lo acercó al miércoles de Sueño Porteño, milonga de nochecita. Después de bailar buscará el Once en el 41, para regresar a su pieza en Ramos Mejía adentro. Y mañana otra vez a trabajar… Lo que puede la milonga…, lo que puede el tango.

Apenas llegó sacó a bailar a una de las veteranas milongueras que siempre lo bancó como principiante. Con todo lo que eso significa al bailar el tango. Mucho. Para una mina, bailar con un nuevito, una madera en bruto, es aguantar el zamarreo, la falta de marca o la marca confusa, la ausencia de variedad de figuras bailables, chocar con otras parejas, fricción de los cuerpos que rompe el compás, no pisar a compás que es peor… y, en otros casos, el aburrimiento del que sólo sabe un paso y giro, un paso y giro, un paso y giro, durante las cuatro piezas de una tanda.

Además, entre otras cosas, la mujer de la milonga bailando con el tronquito hasta puede tener que aguantar que los otros veteranos, hombres y mujeres, la miren y, con gestos que el nuevo no puede ver, le pregunten: ¿Qué hacés bailando con ese paquete? Y la lista sigue…

Ella, la mujer experimentada de la milonga, no sólo lo va a aguantar, también lo va a guiar en el aprendizaje de recursos para aprender nuevos pasos de baile, lo va a alentar para que persevere. El tango no es fácil...

Unas diosas, estas minas. El "Minguito" de “Polémica en el Bar”, encarnado por Juan Carlos Altavista que ningún porteño con canas olvida, diría que a ellas “habría que levantarles un manolito” en cada milonga… Y no se equivocaría.

Estas mujeres, algunos años después, sonreirán en los salones al ver a sus “alumnos” convertidos en buenos  bailarines, de esos a los que les salen todas al primer respingo de cabeceo. Son sus hacedoras.

Estas mismas mujeres saben que, en muchos casos, van a saborear el gusto de la ingratitud cuando el ya hecho bailarín, deje de bailar con ellas para buscar otros brazos y otras promesas. Así es la milonga, también ingrata. Bueno..., no hay tiempo para pensar, ya entró ese nuevito y en algún momento las van a sacar para aprender.

A Tomás, que todavía no superó el rango del tronquito, que vivirá al completo esta repetida postal milonguera cuando sea un buen bailarín, se esfuerza para que su “maestra” de tango perciba alguna mejora en su estilo de baile. Al finalizar la tanda, la mujer, con una sonrisa, le susurra al oído: -Todavía te falta Tomás, pero vas a ser bueno, tenés oído y compás-.

Tomás vuelve a su silla. La entrada ya está bien paga. Se le va a acortar el viaje de vuelta a su pieza de Ramos Mejía, revoloteando en su entendera lo que le dijo una de esas “maestras” del tango milonguero: “vas a ser bueno” bailando.

Tomás, apretado en el Sarmiento en hora pico de regreso del trabajo, se acomoda después de la esmerilada que sufrió su humanidad con la oleada de gente que empujó en el tren para salir y entrar en la estación Liniers. Lo de todos los días. Se cierran las puertas para que la formación siga su camino. Él, mira sin ver por las ventanillas del vagón, está en otro lado.

Escuchó por los auriculares de la radio que se votó el presupuesto de gastos 2014 de la provincia donde vive, Buenos Aires. Escuchó y se mordió los labios. Porque siente un puntazo a partir de lo que ha vivido, de lo que ha padecido y de lo que le ha costado y le cuesta volver. 

Él, con casi dos años encanado, en la tumba, sabe lo que significa lo que oyó. La noticia lo devuelve a su ranchada, el grupo de presos al que perteneció y con el que convivió en el pabellón. Recordaba sentencias del grata, el que mandaba entre todos, por vivo, por su cartel y por corajudo. En una ronda de mates, que Tomás por más nuevito cebó, el peso pesado se largó:

-Escuché a los cobanis (policías/carceleros) hablar entre ellos que van a levantar más cárceles. Pibes, yo me crié en la lleca, después en el instituto y después en los yompas carcelarios, así que a mí no me versean y yo le hablo a mi ranchada para que no los engrupan. Pa´que aprendan y traten de no volver acá como yo he vuelto siempre como gil, ¿ta? La buena noticia es únicamente para ellos y los que son capaces de creer que van a estar mejor.

Bancamos que los gobiernos chamuyen sobre lo bueno de sus sistemas, entre ellos la cárcel y la necesidad de que nosotros estemos del otro lado de la reja de la sociedad. Es su laburo y tiene como chamuyarlo, paga dos pesos eso.

Pero nosotros, nadie mejor que nosotros, sabemos que la cárcel de bueno no tiene nada y que cuando salgamos, porque no hay cana perpetua en este país y todos salimos menos Robledo Puch, difícilmente volvamos a la buena vida. Algunos porque somos chorros y siempre chorros; otros porque si quieren entrar en la buena van a depender de la familia hasta que puedan conseguir algún laburo mal pago. Y si es que la familia puede aguantarlo.

Entonces, yo, desde la tumba, le canto a los gobiernos que dejen de chamuyar y abran escuelas che, escuelas. Es el lugar donde los pibes pueden aprender a diferenciar el bien del mal, con educación viejo. Que es lo que nos falta a nosotros. Si yo tuviera un pibe, y si ustedes los llegan a tener, vayan a pedir escuelas y, con su experiencia de gayola, decirles a los de arriba que la cárcel llega siempre porque antes falló todo y sobre todo la escuela. ¿Alguno de ustedes puede cruzarme y decir que la cosa no es así? El pesado, conforme con lo que habló a los suyos, volvió a sus mates y nadie pronunció una sola voz.

La imagen del grata del pabellón se diluye y Tomás vuelve a morderse los labios mientras, sin pensarlo, se arrima a la puerta para bajar en Ramos Mejía. El tren se detiene y la gente busca dejar apuradamente el andén. Tomás, en cambio, se detiene. Su pensamiento vuelve a esa noticia que le percutó la imagen y palabra de su grata en la Planta II de Devoto: el presupuesto de la provincia Buenos Aires para el año que viene, votado por oficialistas y opositores, fijó millones para el servicio penitenciario provincial y ni un peso para nuevos cargos de maestros.

Gricel, jueves a la noche. La milonga a punto de ponerse a pleno. Di Sarli acaricia los oídos y aceita los pies de los bailarines con el muy marcado “El retirao”. Hasta ahí, lo acostumbrado.

Lo desacostumbrado, es el pibe que pisa el salón de… yin y musculosa. Y desató las miradas y los dichos. Es un “viste” la milonga con la “falta de respeto”, sin saco y sin camisa, vamos a ver como pisa. Encima al muchacho no le va la pinta de guapo, hasta parece oficinista.

-De vaqueros en la milonga, je...- critican los milongueros, y no es todo. Se suma todo en la sola humanidad del pebete, el pelo largo y la colita, barba que asoma tímida, blandita y los granitos; con anillos, bolsa y aritos, si parece de visita. Tomás, treintón largo, se identifica con el pibe de subtreinta en el carretel que llega a meterse en el mismo medio de la fauna milonguera a su modo. A él, Tomás, le gustaría calzarse sus yines para bailar el tango; pero sabe que eso no es de bute en la milonga, por lo menos en Gricel. Así que camisa y lompa de vestir además de los zapatos de tango, taco francés, todo gamuzado negro… qué lindo!

Tomás sigue con la vista al pibe que no se sentó. Desde arriba de su musculosa blanca relojeó de una el salón para ver cómo es la cosa. Ahí nomás cabeceó a una de las percantas. No…, no le salió. Es buena bailarina y quiere ver antes de llevar la mercadería. Y ¿ahora? ¿Qué hacés?, quisiera preguntarle Tomás.

Se le animó a otra… y sí.., ésta le salió. Al abrazo y largan el tanguito. Al terminar la segunda pieza de la tanda, el chabón había copado la pista. Virutero en el rastrón, piantó al corte y quebrada, le mete al giro y la sacada y mandó el gancho al cajón.

El “hembraje” un avispero, lo entró a junar al guacho, de bailar la sabe lunga, van a hacer cola las minas para que las saque a bailar una tanda. Y así no más es, el pibe hace la suya, desfila en sus brazos el mujeraje y él gasta la pista mientras no da bola a nadie. Tanda más otra tanda, las baila a todas. Tomás, se sonríe, juna y no baila.

Mira a las minas inquietas, y a los milongueros veteranos, sentados, que se esfuerzan por no mirar al pibe, aunque ya le calzaron los puntos y empieza el verdugueo en la mesa de varones: que baja la cabeza, que no pisa a compás, que la lleva de un lado para el otro, que no se puede bailar Pugliese así… que no sé cómo éstas le salen a uno en camiseta y vaquero… se atragantan unos con otros.

Así como entró, temprano, el pibe se las toma de Gricel. Ni minga de nostalgioso se metió en la milonga con veinticinco o poco más en el de-ene-i. Su tango bailado que ya madurará –calcula Tomás que conoce los ambientes de milongas viruteras- en algún momento será a lo crack. Por hoy, es con aritos y pelo largo con gel. Para estos pibes, el traje es para otra cosa, bailan en yin y musculosa.

Domingo a la tarde, Tomás dejó el cine y se fue a la milonga. Descansaba la tanda de Edgardo Donato sentado en la mesa, bajando la botellita plástica de agua con gas –sólo en Lo de Celia, el agua se sirve en botella de vidrio como otra atención a su gente de Celia, la Blanco-.

De repente, ún grito y llevan a uno hacia afuera. Un tipo más que maduro al que lo van de la milonga. Se pasó con el alcohol…

La estampa es muy rara. Muy rara en las milongas porteñas y si algo llamó la atención de Tomás al descubrir el baile de tango y su fauna fue precisamente eso: las curdas son excepción. En estos tiempos el champagne compartido y las cervezas son lo más pedido para regalar al garguero en el salón de baile. Vino: sí, tinto por lo general, pero mucho menos que las burbujas o la espumita.

Cuando su compañero de mesa volvió de bailar a su silla, Tomás le confió: -¿Lo pescaste?, yo nunca lo había visto en la milonga, sacaron a un tipo borracho, nadie, o muy pocos, se avivaron del curda hasta que lo levantaron y lo llevaron a la calle- relató Tomás. ¿Qué raro, no? No había presenciado en la milonga un raje así… Y no sabía que hay gente de seguridad en estos lugares.

El otro, más adentrado en el ambiente, le explicó al tiernito en el tango: -No eran de seguridad, difícil que haya gente de seguridad en las milongas que no sean los organizadores y los mozos. Eran amigos del tipo los que se lo llevaron, no quisieron que hiciera un papelón…

-Sabés,- la siguió su compañero de mesa después de un corto silencio- ese hombre, Dante, ya hizo papelones… Se volvió loco por una mina muy joven y refuerte que una noche cayó en la milonga. Le gustaba mostrarse, llamativa bailando las cumbias de la tanda tropical, apenas si se movía en el tango: Alejandra de nombre. Este tipo, Dante, que le lleva como cuarenta años, le enseñó todo, hasta el buen gusto; la empilchó, la hizo bailarina, muy buena, y la quiso llevar a vivir con él a su cotorro. Ella aprendió a bailar y conoció lugares que jamás hubiera imaginado llevada por él; llegó a hacer exhibiciones de la mano de él, pero nunca cama adentro con él-, cerró el cuadro quien relataba.

-Este Dante se emberretinó atrás de ella, y llegó a estar loco de celos y hasta capaz de pelear por ella, -siguió el de la mesa-, y así llegó al papelón en la milonga, también por ella.

Más de una vez el veterano hasta cruzó la pista para sacarla a bailar cuando ella le mostraba que no quería más lola con él. Hasta que una noche la fue a buscar a la mesa y ella le dijo no con el salón entero por testigo, no le salió a bailar. Dante hizo un un papelón… dio media vuelta y se fue… Muy dura fue la cosa...

No hubiera vuelto. La siguiente vez que se vieron en la milonga, Alejandra llegó acompañada de un muchacho, bailarín profesional o por ahí, por la forma de dibujar el tango. Ella no bailó con nadie más. Peor, con sus gestos parecía ningunear a Dante. Desde ese momento el tipo se emborracha y no sólo en las milongas. Ahora lo ves en estos lugares... si es que lo dejan entrar.

Noticias

      2016-11-24 20:18:14  

     "Trago amargo alcanzó el éxito el día de su estreno en 1925 con la letra de Julio Navarrine (1889-1966) y la música de Rafael Iriarte (1890-1961). ¡Esplendorosa época del tango-canción! “Lealmente, ´Trago amargo´ no era un tango de excepción, sino simplemente un tango exitoso. Su letra es de un tinte melodramático campero, de fácil sentimentalismo. La mejor virtud de su música era no alardear de ninguna: dejar que la opinión del oyente reafirmara su origen: ‘el tango de un guitarrero’. También queda dicho que era ´un sencillo y bien sonante tango´, según el sin par Francisco García Jiménez en su insoslayable libro ´Así nacieron los tangos´, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1980.

    Si reflexionamos acerca de los versos de Navarrine, quien junto a su hermano Alfredo fue un admirable propulsor de los primerísimos cuadros folclóricos teatrales –y autores ambos de sendos tangos muy celebrados por el público–, habrá que resaltar cómo se habían condicionado al tema musical merced a una especial puja de frases imperativas: “¡Arrímese al fogón, viejita, aquí a mi lado!/ ¡Ensille un cimarrón, para que dure largo! ¡Atráquele esa astilla, que el fuego se ha apagado!/ ¡Revuelva aquellas brasas y cebe bien amargo! ¡Alcance esa guitarra de cuerdas empolvadas,/ que tantas veces ella besó su diapasón!”.

    El tango tuvo su estreno en el porteñísimo teatro ‘Maipo’ durante una de las temporadas de ‘revistas’, a mitad de los años veinte del pasado siglo. ¡Quién vería a aquel gaucho melodramático, dirigiéndole toda la ristra de mandatos a la madre, reservándose para él, por toda faena, el empinarse el codo con la botella de caña! Y la pobre vieja –de acá para allá, como maleta de loco– sin saber si arrimarse al fogón, si ensillar el cimarrón, si atracarle la astilla al fuego y revolver las brasas, si alcanzarle la guitarra o arrancarle primero la cinta, si secarse las lágrimas, si volver a cebar al “amargo” o bien si –ya exhausta–, después de buscar un crespón para la guitarra, inclinarse, al fin, ante la Virgen…"

    En fin, sintetiza ahora Tomás, el Buenos Aires, sobre este tango: un "Trago Amargo"... ¡para la pobre vieja!,

    De paso: El músico Rafael Iriarte fue un laburante de la guitarra en el tango. Nacido en un barrio del sur porteño, su fogueo artístico se dio en los cafés con música de la calle Corrientes. Después, llegó el espaldarazo en los teatros ‘Nacional’ y ‘Apolo’, ‘Porteño’ y ‘Empire’. Iriarte acompañó a una galaxia de cancionistas y cantores como Saúl Salinas, Rosita Quiroga y Agustín Magaldi, también a Charlo, Ignacio Corsini y Libertad Lamarque. Por su inquietud y ojos vivos, a Iriarte lo apodaban ‘El rata’.

    -Fragmento de la nota de Isaac Otero en el sitio "Crónicas de la Inmigración", setiembre de 2016-


      2016-11-21 19:28:06  

    A Pablo Agri lo esperó un violín en la cuna y a los diez años le pidió a su papá que lo inscribiera en un conservatorio. Su papá fue, nada menos que el rosarino Antonio Agri, juntamente con Elvino Vardaro y Mario Franchini, los tres violinistas más importantes del tango.

    Destaca que hoy encuentra a "muchos jóvenes  buenos instrumentistas y compositores que toman el tango con la seriedad que merece y que siguen estudiando". En cambio, Pablo advierte que "no me gustan definitivamente las imitaciones, las orquestas que ´tocan como´, ¡eso no me gusta! Digo que hay que aprender todos los géneros pero no imitar a nadie" sentencia.

    Aclara que "empecé con la música clásica para diferenciarme de mi viejo... Nací en el 68, año que se estrenó la operita "María de Buenos Aires" de Piazzolla y mi viejo ya era muy popular. Pero sin duda lo mío es el tango desde la cuna, o antes de ella y, hasta hoy, mi mejor manera de expresarme es nuestra música". Tanto es así que tocó, por ejemplo, con Mariano Mores y Horacio Salgán pasando por Néstor Marconi, Susana Rinaldi y Osvaldo Berlingieri. Es integrante de la Orquesta Sinfónica Nacional desde 1992, tomó clases con el maestro Szymsia Bajour; fue becado por la Fundación Antorchas para estudiar en el Conservatorio Edgard Varese, en Francia. En el 99 fue violín solista del show "Tango argentino" en Broadway (Nueva York).

    Este año fue el músico argentino que tocó por primera vez tango en vivo en una de las siete maravillas del mundo, los palacios de la Alhambra en Andalucía, España. Además, junto a sus compañeros formaron junto a la orquesta de la Casa Argentina en París, integrada por una belga, tres franceses, cuatro argentinos, una japonesa, un chino, y una violinista rusa, todos jóvenes. "Esto nos dice claramente que el tango es universal y se toca en todos los idiomas" reflexiona finalmente este también joven, que aporta un violín de conservatorio consagrado a la música que identifica al país.

    -Esta nota toma fragmentos de un reportaje realizado por el diario "La Capital" de Rosario-.


      2016-09-21 19:58:17  

    Sergio Pujol es joven, filósofo, docente y con varios libros en su haber, investiga a las danzas sociales y concedió hace unos días una nota al diario "La Izquierda" donde afirma que la década del ´20 marcó un antes y un después de la cultura argentina marcada decididamente por la eclosíon del tango. Aquí la nota:

    Comienza Pujol señalando que recien a mediados de los años ´20 "tenemos a Gardel con un porcentaje dominante de tangos en su repertorio; viene de cantar estilos, milongas. Canta en esos momentos foxtrot, shimmy, alguna que otra rumba.  Por lo tanto no se puede decir que el tango a principios de los 20 fuera el epítome de lo argentino y de lo nacional. Más bien se va ganando ese lugar. Las críticas que se hacen al tango hasta el año 30 inclusive, no son tanto acerca de su supuesto origen prostibulario, de mala vida o pecaminoso, sino que es una música que no representa la totalidad de la Argentina. Es una música de puerto que se ha consolidado a partir del aporte inmigratorio decisivo en el lenguaje, tanto en las letras, con la presencia del lunfardo, como en la música.

    Lo mismo pasa con el samba en Brasil, con el son en Cuba. Hay un momento en que estas músicas, muchas con una fuerte impronta afro, se convierten en emblemas nacionales. Eso pasa entre los 20 y los 30. Pasan de ser músicas orilleras, con una fuerte connotación de clase, a representar al país. En ese tránsito depuran su forma pero hay algo de la condición de clase que queda. Y en un momento explota.

    Durante el peronismo explotó. Cuando Alberto Castillo canta “Qué saben los pitucos, lamidos y sushetas...” está retrotrayendo la historia del tango 20 o 30 años. Lo que les está diciendo a sus bailarines, a los que bailan con su música , es “ojo, sepan de dónde vienen ustedes, no se dejen engrupir, el tango es una danza de salón pero ojo que venimos de las orillas”. Es interesante cómo, en algún sentido, al tango nunca se lo domestica del todo.

    "En los ´20 el tango se come todo"

     A la vez los años 20 son la clausura de una época ahí ya nadie baila polka o mazurca muy populares en 1880 y 1890. En los 20, el tango se come todo. Se come esas danzas. No al jazz. Y en parte se las come, creo yo, porque aparece el tango canción. Si no hubiera aparecido, tal vez hubiéramos tenido todavía ese repertorio "variopinto" de danzas. 

    Además están los hijos de los inmigrantes para los años 20, que son más tangueros que los padres en muchos casos. Las historias de vida de esa generación, la de Piana, o la de De Caro, que era un poquito más grande, casi todas están marcadas por la brecha generacional.

    El muchacho que quiere formar una bandita de rock en los 60 tiene muchas similitudes con el muchacho que quiere tocar tango en los 20. Pero incluso el corte es más violento en los 20. Porque la familia en los años 60 ya no es tan autoritaria como la familia en los 20. Yo no conozco historias de hijos que hayan dejado de hablar con sus padres veinte años por querer formar una banda de rock. 

    Ya forma parte un poco del relato romántico del tango: el reencuentro del padre con el hijo consagrado, tocando tango con una orquesta de noventa profesores. Lo vemos en Canaro, en De Caro. La “gran orquesta”. Quizás el último representante de esa ambición clasicista en términos musicales sea Mariano Mores. Cuando lo entrevisté para el libro de Discépolo, Mores decía “sí, quise llevar el tango a un nivel superior, siempre quise elevar el tango”. Muchos de esos maestros podrían haberse dedicado tranquilamente a la música académica.

    En los 20 y 30 es muy fuerte el sinfonismo tanguero. En parte, por influencia de la música académica. En el jazz también se da con Paul Whiteman, eso de redimir la música orillera vistiéndola con las mejores galas. La música clásica es la gran música. En las entrevistas a los tangueros de esa época se ve que estaba la gran música y la música popular. El epígrafe que utilicé para el libro Cien años de música argentina es de Julio de Caro y dice “Mi deseo era que los conocimientos que había adquirido en el conservatorio se amoldaran a las emociones que había recibido en la calle”.

    ¿Cómo hacer para convertir la emoción de la calle en una música artística. No una música que sólo se baila, que acompaña las labores de los laburantes del Mercado de Abasto, que enamora a las chicas en su casa con la vitrola, sino una música que tenga un valor artístico sin olvidar esa emoción y ese arraigo?

     Rodolfo Valentino
    Con Rodolfo Valentino se afirma el star system y el latin lover. Que van a tener una prolífica trayectoria en la cultura de masas internacional. Efectivamente, los estrenos de Valentino causaban furor. No sólo en los varones, sobre todo en las mujeres. Hay un ídolo que atrae a las mujeres, que perturba a los varones, que genera incomodidad. Valentino baila tango, a su manera. Nosotros diríamos que lo hace “mal”. Pero, a la manera Valentino, lo baila y lo promociona a nivel mundial. Los argentinos de esta época son hijos de Valentino.

    La sexualidad en los años 20 también explota. Las flappers americanas con el cabello corto se suben el ruedo de las polleras. Las mujeres empiezan a tomar whisky, empiezan a fumar, en algunos países a votar. Esta revolución de las costumbres femeninas, del lugar de la mujer en la sociedad, de alguna manera está traccionada por artefactos culturales, y las películas de Valentino evidentemente cumplen un rol importante. 

     Si no se hubiera dado la tangomanía en los años inmediatamente anteriores a la Primera Guerra Mundial, si los criollos de Argentina no hubieran “hecho la América” en Europa y Estados Unidos dando clases de tango y no se hubiera producido esa expansión, Valentino hubiera bailado otro ritmo en la película.


      2016-09-16 04:12:05  

    Cristian Palomo es el campeón mundial de tango pista, coronado en el Festival y Mundial 2016 en Buenos Aires. En la danza comenzó por el folclore que bailló en la escuela para luego cantarlos en las peñas más cercanas. Hasta que conoció el tango y lo demás se transformó en entrañable recuerdo.

    “Argentina es la capital mundial del tango -afirma Cristian-, donde países de todo el mundo vienen a competir. Acá pocos saben que en otros países un festival lleva más de dos mil personas, pero no hay prensa de lo que pasa para que la gente se entere. Al tango la cultura no le da bolilla.

    “Buenos Aires tiene su encanto, tiene su magia, pararse en un cafecito y mirar por la ventana mientras hablas de fútbol. Todo es tango en Buenos Aires, pero se está perdiendo porque no hay apoyo a esta cultura. Veo pobre y mal al tango por estos tiempos en Argentina. Hay muchas casas de tango que están conectadas con las agencias de turismo para poder subsistir y otras van cerrando” comenta el bailarín.

     Si bien la idea de dedicarse al baile siempre estuvo presente, su primer contacto con el  tango “le voló la cabeza” y empezó a prepararse tomando clases y metiéndose en el circuito milonguero, reemplazando cada vez más horas en su lubricentro que al poco tiempo decidió cerrar porque no era feliz ahí y si lo sería bailando: “no había tenido la valentía de jugarme, pero dije: lo hago ahora o nunca".

    El primer abrazo a la milonga fue hace cuatro años cuando conoció a Melisa Sacchi su pareja de baile, con la que generó una conexión que los llevó a ganar el Metropolitano y el subcampeonato mundial el año pasado, en la antesala de lo que fue su consagración semanas atrás en una performance sentida y prolija. “Con Meli venimos trabajando hace cuatro años muy fuerte y yo con un abrazo sé cuando está triste, cuando está alegre, cuando quiere bailar, cuando no quiere bailar. Hay una energía continua. Si los dos nos abrazamos es porque tenemos ganas de bailar, ya hay un deseo; sumado a la complicidad que tiene ese abrazo; a la magia y el encanto que tiene el tango que genera un ambiente”, señala Cristian.

    Admira los bailarines con mucha presencia como Juan Corvalán y Juan Pablo Horvath de Forever Tango, a los artistas que dejan el alma en lo que hacen: su interpretación, como la de Adrián Guida en la orquesta de Pugliese y Carlos Gari de la de Leopoldo Federico. Y pensado en otros se define él, él y su pareja, tomando estas cualidades de las que habla.

    Para los dos el tango es una pasión, un entretenimiento, y un medio de vida que se resume en distintas presentaciones y participaciones estables, aquí y en el exterior, que con el campeonato ganado se multiplicarán. De hecho ya piensan en terminar los tres últimos meses del año en Asia y en empezar los tres primeros del siguiente en Europa, cuestiones que dejaron de ser proyectos y se transformaron en realidad.

    Si bien Cristian sostiene que si uno vive de lo que le gusta, no es trabajar; reconoce que tanto empezar como mantenerse en el sendero artístico es complejo y que naturalmente termina siendo el exterior el lugar para muchos maestros y para todos los profesionales con aspiraciones y ansias de tranquilidad económica.

     

     


      2016-09-13 17:22:29  

    Con la presencia del jefe de gobierno, Horacio Rodríguez Larreta y del ministro de cultura, Angel Mahler, al que siguió un concierto que reunió en la Usina del Arte al violinista Fabián Bertero junto a cuatro vocalistas de reconocida trayectoria como Hugo Marcel, Chico Novarro, Néstor Fabián y Carlos Paiva, comenzó una nueva edición del Festival Mundial de Tango de la ciudad de Buenos Aires.

    La cita de tango porteña, convertida en el principal festival de la ciudad por convocatoria y repercusiones y el encuentro tanguero número uno del mundo, comprende un festival puramente musical y un Mundial de baile en las categorías salón y escenario, con finales en el Luna Park.

    El Festival y Mundial, que este año estrena nuevo director artístico en la figura del presidente de la Academia Nacional del Tango, Gabriel Soria, se extenderá en esta nueva edición a 42 sedes y diversas milongas, abarcando toda la geografía de la ciudad, hasta el próximo miércoles 31 de agosto.

    Más de 140 parejas extranjeras, de procedencias tan diversas como el lejano Oriente, Europa central, América del Sur y Centroamérica, junto a 400 binomios locales, tomarán parte de las competencias de baile, que ofrecerá sus rondas finales en el Luna Park el 30 y 31 de agosto, con María Graña y Esteban Morgado, junto a Franco Luciani, tocando en vivo el primer día para la ronda definitoria de Tango Salón; y a la orquesta El Arranque con Kevin Johansen durante el segundo, para la final de Tango Escenario.

    "Varios ejes confluyeron este año para pensar el festival, uno fue la diversidad del mundo musical de Horacio Salgán, que este año cumplió 100 años y que tendrá un homenaje a través de conciertos que recorren su obra desde disintas vertientes e incluso miradas musicales como el jazz, con artistas como Paula Schocron y Francisco Lo Vuolo; el folclore con Hilda Herrera o el tango mismo, con músicos como Cristian Zárate y Nicolás Ledesma", destacó Gabriel Soria en charla con Télam.

    El Director Artístico del festival señaló también que otro de los ejes que recorre esta edición es "el cruce y la mezcla de generaciones, que es una de las marcas del tango que se hace hoy en Buenos Aires y uno de los signos más alentadores de su permanencia y vitalidad".

    "También hay un homenaje al tango canción y los cantores, hecho que se pone de manifiesto en la gala de apertura del festival, que está en consonancia con los 100 años de la creación de "Mi noche triste" (considerado el primer tango canción), que Pascual Contursi compuso en 1916 y Gardel grabó en 1917", destacó Soria.

    "Es alentador que el festival pueda mostrar este panorama del tango donde los grandes maestros, algunos de 80 o 70 años incorporan en sus propios conjuntos jóvenes que a veces no tienen ni 20 años, como el caso de la orquesta de Ernesto Franco, un bandoneonista de 87 años cuyo cantante tiene menos de 20, y que con mayor o menor rango se repite en casi todas las formaciones orquestales".

    Soria destacó que a comienzos de los 90 lentamente la juventud volvió a volcarse al tango, primero a través del baile y luego de los instrumentistas y que en la actualidad "estamos en el momento de mayor explosión de toda esta nueva generación que está creando, tocando e, incluso, componiendo, un área no menor que es, quizás, la másdifícil".

    Maestros como Walter Ríos, Daniel Binelli, Néstor Marconi, José Colángelo y Raúl Garello ofrecerán conciertos en la Usina del Arte en los que estarán tocando sus propias composiciones, en uno de los momentos importantes del festival, que este año suma clínicas a cargo de figuras destacadas.

    "Las clínicas se dan por primera vez y son encuentros con grandes maestros que vivieron de primera mano distintas cuestiones relativas a la historia del tango que te las cuentan en persona", destaca Soria, y cuenta que Raúl Garello dará una sobre orquestaciones y arreglos; Atilio Stampone sobre el modo como fue concibiendo su obra; Amelita Baltar sobre canto; Horacio Avilano sobre guitarra y José Colángelo sobre estilo.

    "Son tipos de inmensa trayectoria que estuvieron ahí y te entregan información imposible de conocer si no es a través de ellos de primera mano", destaca Soria.

    En otro de sus momentos destacados, el festival contará con dos rescates históricos, uno de ellos dedicado a la orquesta del 46 de Astor Piazzolla, su primera típica, a 60 años de su debut y con dirección del bandoneonista Daniel Binelli. Aunque los conciertos principales se desarrollarán con entrada libre y gratuita en la Usina del Arte, del barrio de La Boca, el festival tendrá 42 sedes alternativas, que abarcan toda la geografía de la ciudad y que incluye lugares como el Anfiteatro Eva Perón de Parque Centenario, el Teatro 25 de Mayo de Villa Urquiza, el Espacio Cultural Adán Buenosayres de Parque Chacabuco, el bar La Academia, el Polideportivo de Villa Lugano, la esquina Homero Manzi de San Juan y Boedo, y diez milongas.

    Hacia el final y en otro de los momentos cumbre de esta edición se desarrollará la presentación de la operita "María de Buenos Aires" en el Colón el lunes 29 a las 20, la primera que se realiza en el máximo coliseo argentino de esta obra de Piazzolla-Ferrer creada en 1968.

    El Sexteto Mayor, las orquestas de Nicolás Ledesma, Víctor Lavallén y la Escuela Emilio Balcarce, junto con el dúo Mainetti-Angeleri, Bernardo Baraj, Patricia Barone, Raúl Lavié y Antonio Tarragó Ros son otros de los artistas que participarán del festival.

    Todos los conciertos serán todos con entrada libre y gratuita.

    Fuente: Télam