Tomás Buenos Aires


 Una invitación a tomar de nuestra ciudad su actualidad, su música, sus letras, secretos, pulsaciones y ensueños. A impregnarnos de un Buenos Aires en cambio, con las estrellas por cómplices y en tiempo de tango.

Tomás Buenos Aires
Pretensiosa esta mina: "que venga y me diga el mucamo, señora está el Ford PDF Imprimir Correo electrónico
Viernes 26 de Noviembre de 2010 19:46
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No apta para laburantes. Ni para varonazos comunardos. Milongueros abstenerse. Esta mina se hace valer. Hoy las hay, como las hubo antes, como las hubo siempre. Acá va lo que dice y piensa. También se la puede escuchar...en radio, equipo y emepetres.

 

“Yo quiero un cotorro

que tenga balcones,

cortinas muy largas

de seda crepé...

 

Mirar los bacanes

pasando a montones,

pa' ver si algún reo

me dice: ¡Qué hacé!...

 

Yo quiero un cotorro

con piso encerado,

que tenga alfombrita

para caminar;

sillones de cuero

todo repujado

y un loro atorrante

que sepa cantar... 

 

Yo quiero una cama

que tenga acolchado...

Y quiero una estufa

pa' entrar en calor...

que venga el mucamo

corriendo apurado

y diga: ¡señora!

¡Araca! Está el Ford…”

 

De “La mina del Ford”, tango con letra de Pascual Contursi y letra de Antonio Scatasso. Muy buena versión de Dolores Solá, con “La Chicana”.

 
Aldana PDF Imprimir Correo electrónico
Tomar Buenos Aires
Escrito por Horacio Pagano   
Lunes 21 de Octubre de 2013 20:58
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La señora que vende las entradas en la milonga no deja de sonreír a la gente que va llegando. Es cálida para atender a los autóctonos y paciente para entender a los extranjeros que saben más de tango que de hablar español.

Modesta en su vestir, mira sin interés por arriba de los anteojos “media bicicleta”. Con muchos de los que llegan cruza saludos y besos. Las arrugas le agregaron algo más que el paso del tiempo a su cara, la sonrisa queda pequeña y sus ojos bellos aunque sin luz cierran un conjunto de resignación.

Tomás, que coincidió frente a la mujer con un veterano habitué al que conoce le pregunta: -A la de las entradas la conocen todos ¿no? ¿Hace mucho tiempo que está trabajando acá?-. El otro murmura como para que la mujer no escuche: –Pará, llegamos a una mesa y te cuento-. Ya en la mesa, el otro, palabras más, palabras menos, contó así:

-Brillaba en la milonga. En las milongas que brotaron en Buenos Aires a fin de los años ´80, como rebote del resurgimiento del tango en Europa con su baile y con Piazzola como cadeneros- describió el hombre, recordando a los salones Almagro, Los Andes, Caribean, Cristal, Marabú, Gricel y Glorias Argentinas que todavía hoy están.

Y siguió: –La milonga juntaba entonces a las camadas de los bailarines de patio, herederos de los cortes y quebradas originarios que se gastaron en los grandes bailes de clubs, y a los jóvenes que recién se asomaban al tango tomándolo como un hallazgo, como un tesoro que había estado escondido en la pieza de cosas viejas-.

El veterano continuó: -Y ella brillaba en la milonga. Morocha de ojos verdes encendidos, penetrantes, la frente inmaculada de tan lisita, nariz exacta, parecía calculada para esa carita, y sonrisa ininterrumpida, creo que también calculada. Pelo oscuro muy frondoso, labios incitantes, risa franca. Pulpas justas y, también, calculadamente ajustadas. 

Aldana, un minón. Brillaba en la milonga. Perseguida por los hombres y envidiada por el hembraje. ¡Un minón!- resaltó el lenguaraz de cosas que pasaron.

-Alguna noche, no sé cuál y tampoco sé dónde, un milonguero se le cruzó en su vida. Era entrador, como muchos de la noche. La noche junta a su gente, vos en algún momento lo vas a saber- le adelantó.

Y prosiguió: -Y digo bien, el tipo se le cruzó. Con la fuerza de lo que te cambia la vida. Entrador era, ya te dije, y ella… dejó de calcular… Y se fue con él.
Aldana desapareció de la milonga. Tiempo después se supo que sufrió mucho con él. Se supo que le aguantó todo por estar con él. Envejeció por él. Y se quedó sin él y sin nada-.

-Es la historia de la mujer que te vende las entradas- plantó el veterano.

-Aunque ahora está mejor: volvió a las milongas pero para pedir trabajo… y consiguió de moza. Ahora Aldana está mejor vendiendo las entradas. Claro que ya no brilla en la milonga- cerró el confidente.

 

Leíste otro de los tragos de ciudad de "Tomás Buenos Aires", de los que tomamos cada sábado desde las 17 por la FM 93.9 Radio Palermo. Te esperamos en la sintonía y en los teléfonos 8199-1647 y 5197-5338 para los mensajes. Salú.

 
Festival de tango: 350 mil asistentes y 350 millones de dólares PDF Imprimir Correo electrónico
¿Qué hay ciudad?
Miércoles 08 de Septiembre de 2010 20:14
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El Festival de Tango y el Mundial de Baile creció en número de artistas y público, aún y a pesar de medidas desacertadas tomadas en la edición 2010 que alejaron a mucha gente de las actividades programadas.

Se produjeron 150 espectáculos –muy buen número- para los que se convocó a 550 artistas y figuras del género, mientras que en los campeonatos mundiales de baile de Tango Salón y Tango Escenario participaron 460 parejas de veintiún países, señalaron cifras oficiales.

Los datos del organizador, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, informaron que unas 350 mil personas asistieron al Festival y al Mundial desarrollado entre el 13 y el 31 de agosto. A su vez, el Ente de Turismo de la Ciudad calculó que 100 mil extranjeros visitaron la ciudad por el Festival de Tango. Hablando más terrenalmente, se estimó que estos cien mil visitantes dejaron un colchón de cien millones de dólares de gasto en la ciudad –estimado a razón de mil verdes cada uno-, confirmando lo de que "el tango es como la soja porteña" según la definición de Mauricio Macri.

El Ente elaboró otra esclarecedora estimación: este año el 29% del turismo que llegó a la ciudad lo hizo motivado especialmente por la fiesta tanguera, superando holgadamente la misma cifra de 2008 cuando el 19% del turismo en la ciudad llegó con motivo del festival. Por qué no se salteó al 2009 no se sabe.

En términos de convocatoria artística, dejando para después los campeonatos de baile que son atracción central del festival, esta edición dejó para el subrayado el homenaje merecido a Horacio Salgan; las "tribus" jóvenes que acompañaron a los Tangos Ricoteros como segmento de público inédito; el reconocimiento al bailarín Osvaldo Zotto fallecido a principios de este año y la distinción a María Nieves, pareja de baile de Juan Carlos Copes. No puede obviarse la presencia de Rubén Blades en el Luna Park: su participación apareció forzada en un encuentro tanguero, aunque cantar "Pedro Navaja", incluso en versión de tango, amortigua la crítica.

Sobre los campeonatos de baile, mal haber sacado las eliminatorias del campeonato de Tango Salón de las milongas. Mucha gente quedó sin poder ver la competencia porque se redujo a “La Trastienda” como escenario que, aún con ser legendario, es chico para el entusiasmo de muchos tangueros que después de horas de cola sobre la calle Balcarce debieron volver a casa sin poder acceder al local.

Pero no sólo esto: el milonguero es una parte de lo popular y ansía ver un campeonato de baile de tango en lugares populares. Lo quitaron. Los organizadores, arrepentirse casi llorando, y es de esperar que hayan tomado nota para no repetir en el futuro.

Fue distinto en Tango Escenario, donde el baile es más que milonga. Por lo menos las veces que Tomás Buenos Aires fue a sus eliminatorias en el mismo local, no observó colas de gente aguardando para ingresar.

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Escepticismos PDF Imprimir Correo electrónico
Actualidad
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Finalmente, el gobierno puede disponer de las reservas del Banco Central para pagar deuda externa. El común de la gente asume esta noticia con escepticismo. No más que eso.

Es cierto que no está mal que, si los recursos son legítimos, se cumpla con las obligaciones del país –no todas legítimas- pendientes de cumplimiento. Es una forma de regularizar las cuentas argentinas con el mundo.

Por el otro lado, la gente toma esta decisión gubernamental con la carga de la experiencia ciudadana en la gestión oficial: calculando que una masa de más de 6.500 millones de dólares –debe repetirse 6.500 millones de verdes- en poder del gobierno, será utilizada con la medida de discrecionalidad que permite lo que es de muy difícil rastreo una vez ingresada a los frondosos e intrincados pliegues estatales.

Preocupante sobre todo, cuando esta democracia de caja muestra que para alimentarla no se pone colorada con cada zarpazo con los que toma fondos de las dependencias oficiales, a las que obliga a financiarla.

Es que su gasto se ha multiplicado exponencialmente; en paralelo, mantener los precios reprimidos cuesta fortunas en subsidios y en el futuro inmediato se está a menos de veinte meses de elecciones presidenciales, lo que exacerba el gasto.

Es con este escenario, y con una oposición raquítica y mezquina, que el gobierno dispone ahora de las reservas del Banco Central que han dejado de estar blindadas. Así que es natural que la gente tome con escepticismo la llegada a esta circunstancia. Presiente en mayor o menor medida que aún con ese dinero en las arcas oficiales, en el momento del sinceramiento económico –es decir de los precios- el costo será cubierto por sus bolsillos.

En algún momento –y la apuesta oficial es a que sea después de 2011- no quedará otra alternativa que sincerar las tarifas de energía eléctrica, gas, teléfono, servicio de agua, combustibles, trasporte colectivo, rentas, impuesto inmobiliario y otros más. El salto de sus precios va a conmover los bolsillos de la gente.

El pago de esta fiesta la van a pagar esos mismos bolsillos. Otra vez. Porque no es nuevo: los argentinos tenemos una vasta experiencia en estas cosas.

 

 

 
Más rápido... para ir más despacio PDF Imprimir Correo electrónico
Tomar Buenos Aires - Letras de la ciudad
Escrito por Horacio Pagano   
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Vuelta a Casa en el Sarmiento. El sol de octubre ya se atreve y calienta más la aventura crónica de viajar en horas pico en los vagones recargados de gente y de sus cansancios. El tren disminuye la marcha antes de ingresar a la estación Liniers, multitudinaria, caótica a esas horas. Tomás levanta la vista hacia la autopista vecina que es una sinfonía de bocinazos: el tránsito está detenido. El embotellamiento es feroz.

Metido en sus pensamientos que potencia durante los largos viajes de ida y vuelta al trabajo, Tomás rebobinó lo que había oído por la radio a la mañana: un alto funcionario de la Ciudad señaló que un millón de autos entra y sale de la capital federal cada día. ¡Un millón de autos!

¡Un millón de autos…! Que se suman a los propios de la ciudad. Y a los que se sumará el aumento brutal del número de autos fogoneado por la búsqueda de la gente de desprenderse de sus pesos esmerilados por la inflación.

El tránsito –calcula Tomás-, que fue denso hace ya tiempo, que hoy desborda a la ciudad y que a corto plazo será sufrimiento para todos, los motorizados y los que van de infantería, promete sembrar largas y frondosas sinfonías de embotellamientos y bocinazos en las atestadas calles porteñas. Promete que se manejará cada vez más despacio, a menor velocidad a medida que la saturación se siga instalando. Inexorable. Ineludible, salvo se despierte una catarata de vocaciones ciclísticas que por ahora no se avizora con la rapidez con la que nos acercamos a los conciertos bocineros.

Tomás, sacando pecho, logra bajar del tren en Ramos Mejía. Al buscar la parada del colectivo que finalmente lo dejará cerca de su casita, lee en la vidriera de la concesionaria oficial de autos: velocidad máxima 190 kilómetros por hora, seis airbags, llantas de acero…

El muchacho, lejos de un auto nuevo, sonríe ante el contrasentido y chamuya para adentro: -todo eso para circular a tranco de hombre o, si es que hay suerte, a menos de cuarenta por hora en la ciudad. Cada vez autos más rápidos y más seguros, para andar cada vez más despacio es la verdá de la milanesa-.

-Che, no nos estaremos sarpando mal y ni nos damos cuenta para donde vamos- se le escapó en voz alta a Tomás en la cola del colectivo. La gente se dio vuelta a mirarlo. Menos mal que está llegando el bondi.

 
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Humor

Muy cambiada

Cuarentona es atendida por los médicos en trabajos de resucitación tras un grave accidente automovilístico. En esas subidas y bajadas al cielo la mujer puede hablar con Dios y le pregunta: “¿me vas a llevar ahora?”. Dios le dice: “tenés para más treinta años todavía”.

Hecho, la mujer se recupera. Tras el alta, corre al banco y saca toda la guita. Al otro día se interna en una clínica de rejuvenecimiento para hacerse todo, toda.

Luego de la última operación, se viste con sus mejores pilchas y abandona la clínica justo cuando una ambulancia que ingresaba en emergencia, la pasa por encima. Pobre, la juntaron con cucharita.

Al llegar arriba, esta vez definitivamente, busca y encara a Dios y le pregunta: “¿no me dijiste que tenía para más de treinta años”…? Y Dios, moviendo de un costado al otro la cabeza, le respondió: “te juro que no te reconocí, boluda!

 

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