Tomás Buenos Aires

Tragos de tango en clave de chamuyos porteños

Tomás Buenos Aires
Tomás, herrero "barro y pampa" PDF Imprimir Correo electrónico
Tomar Buenos Aires - Letras de la ciudad
Escrito por Horacio Pagano   
Lunes 18 de Noviembre de 2013 19:35
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Ese sábado a la tarde se bajó del colectivo 115 con la meta bien definida. Él, Tomás, todo nacional, popular y precisamente medio oficial herrero, quiso conocer “la esquina del herrero, barro y pampa” donde nacieron los versos que cuenta y canta el tango “Sur”. Ahí, en Nueva Pompeya, barrio todo nacional, popular y tanguero también.

Caminó esas cuadras que todavía guardan sabor a suburbio, para finalmente absorber el paisaje de mito que dejó la herrería en Centenera entre Tabaré y Cóndor, hoy entre Tabaré y el pasaje Eduardo Colombo Leoni que, cuando “Sur” se hizo tango, no existía.

Cauteloso, con el estigma de quien estuvo en cana y cuida las actitudes que pueden resultar sospechosas para los tiras, no se animó a quedar parado en el lugar. Siguió su camino y giró de regreso unos metros más allá; cuando volvió a pasar, ya había turistas detenidos frente al lugar fotografiando. Ahora sí se quedó, en esa vereda que ahora da entrada a una librería escolar y comercial.

Ahí fue la herrería. La de Antonio Musladino inmortalizado en 1947 por el enorme Homero Manzi en su tango “Sur”. Una herrería para caballos, para calzar de herraduras a los tungos percherones, que pintaron las calles de Buenos Aires tirando los carros golpeadores, lerdos y pesados, de los adoquinados porteños. Herrería con espacio atrás para que los animales pastaran y tuviesen agua suficiente, de la que sólo queda el cordón en chanfle para facilitar la subida desde la lleca.

Tosco negocio de suburbio desde donde Homero, el Manzi, además de divisar la Pompeya de la inundación, el barro, el terraplén ferrocarrilero y un horizonte de pampa, se detuvo a remembrar “tu casa, tu vereda y el zanjón, y un perfume de yuyos y de alfalfa que me llena de nuevo el corazón.”

Herrería desde donde Manzi, ya sabedor que su final estaba cantado, jugado, lamentó la “nostalgia de las cosas que han pasado, arena que la vida se llevó, pesadumbre del barrio que ha cambiado y amargura del sueño que murió”, sin olvidar unos versos postreros a “tus veinte años temblando de cariño, bajo el beso que entonces te robé.”

Tomás, respira hondo buscando atesorar la carga de sentimiento, poesía, historia y recuerdo que le arrima el pisar la vereda del “herrero barro y pampa”. Quedó mudo y sordo al ruido de la calle y las conversaciones de los otros visitantes. Heredero de una profesión al que uno de los más grandes poetas urbanos de Buenos Aires le dedicó versos, Tomás es partícipe del homenaje como herrero de una ciudad que se pone colorada al paso de los carros tirados por caballos: ellos le echan a la cara brotes de pobreza.

Una proletaria herrería fue, en el corazón de Pompeya, un emblema del Buenos Aires romántico, de la charla, de la ciudad con tiempo y, paradójicamente, sin distancia. Así lo recuerda el mural que encargó el Foro de la Memoria de Pompeya al escultor Julio Timo para mantener viva la imagen del comercio. La ciudad, sus gobiernos, no se han encargado de recordar la mítica herrería, postal del Buenos Aires anterior.

Tomás, cruza Centenera y se sienta en el cordón de la vereda para mirar de frente la herrería de Musladino. Quisiera, espera, que Homero se llegara un solo momento para guiñarle un ojo. Sabe que el poeta no vendrá, entonces, un guiño de Tomás hace el homenaje al lugar y al momento.

Sigue la tarde sabatina y soleada de Pompeya. Tomás se va a recargar todavía más, si puede, de porteñidad. Así que da unos pasos hasta la legendaria esquina de Centenera y Tabaré: la primera calle recuerda al español, Del Barco Centenera, que por primera vez mencionó a nuestro país como Argentina. La segunda trae del recuerdo al "indio de los ojos azules", Tabaré, hijo del cacique oriental Caracé, y de Magdalena, una cautiva española.

 Esa esquina de Buenos Aires es alzada del catastro porteño con poesía y música por “Manoblanca”, el tango en el que Manzi habla de su amigo, el carrerito porteño del barrio del Once. Pero no es todo. El romance que traspira la avenida Centenera y Tabaré, también está pintado: en un muro de esa esquina la letra de “Manoblanca” mantiene vivos a “la yunta de ruanos, mostrando en la chata celeste, las dos iniciales pintadas a mano."

Y hace imaginar a ¡Porteñito! y, más directo, a ¡Manoblanca!..., reluciendo la estrella de bronce, claveteada en la suela de cuero; el orgullo de ser bien querido, se adivina en tu estrella de bronce."

Y quisiera divisar al carrerito “con los ojos cerrados de sueño y un gajo de ruda detrás de la oreja”, apurar a sus caballos a que “sigan parejo otra vez”, porque “esta noche me esperan sus ojos en la avenida Centenera y Tabaré.”

Tomás, lee toda la letra en el muro y se empacha de versos sentidos, entrañables. Gira y empieza a caminar, lo espera el Museo “Manoblanca” ahí nomás a unos metros en la cuadra donde vivió Manzi: se va a meter en las cosas del gran Homero, buscando huellas, esas, las de las “cosas que han pasado, arena que la vida se llevó, pesadumbre del barrio que ha cambiado y amargura del sueño que murió.”

Hay un largo camino de regreso allá a su piecita de Ramos Mejía, adentro. El sábado a la tarde le permitirá cazar un asiento en el 115 y en el Sarmiento: mirando sin ver por las ventanillas recorrerá todo lo visto para plantarlo en el humilde cuaderno de ciudad que Tomás graba en sus entrañas.

Antes de volver, lo esperan cinco cuadras de camino a la iglesia del barrio que visitó de chico llevado por su mamá, la de Nuestra Señora de Pompeya, en la agitada avenida Sáenz. A la virgen le pedirá por su hija, a la que no le dejan ver. Para que esa nenita que tanto, tanto extraña, no lo olvide así nomás.

 
Baile paralizado: partidas de inspectores clausuran milongas PDF Imprimir Correo electrónico
Lunes 17 de Mayo de 2010 18:38
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El sábado último una partida de inspectores municipales clausuró el “Club Gricel” del barrio de San Cristóbal. La avanzada fue sin contemplaciones: mientras las fajas de clausura eran pegadas en el acceso al establecimiento, se obligó a la gente a desalojar el local a las tres y veinte de la mañana, cuando todavía –madrugada de sábado-, muchos milongueros permanecían en el lugar. El patrullero y su dotación de policías, estacionado en la puerta del local, sumaban otro aviso sobre lo drástico del operativo. 

Estas líneas no van a discutir sobre los motivos de las clausuras. Los desconoce y estima que alguna o algunas faltas pudieron ser advertidas por los inspectores. En la práctica, como todos los que alguna vez han estado detrás de un mostrador lo tienen asimilado, es prácticamente una utopía poder cumplir con los cientos de ordenanzas y reglamentaciones impuestas por las administraciones nacional y municipal.  

Esto favorece un estado de cosas que puede esperarse: tratos desiguales y el propiciamiento de la coima. Al final no llega a saberse si este mismo estado de cosas persiste en beneficio de los clientes o en beneficio de los funcionarios. 

El jefe de Gobierno de la Ciudad, Mauricio Macri, puede no saber en qué andan sus oficinas de control, al fin y al cabo afirma con todo el énfasis que puede, y cada vez que puede, que no estaba enterado de que algunos de los empleados que le dependen le daban tupido a las escuchas telefónicas, es decir, cobraban sueldos municipales para espiar a otros. 

Tomás Buenos Aires, tiene la esperanza de llegar con su mensaje a la oficina de prensa del jefe de Gobierno y que ésta lo alerte de cosas que se dicen de su gestión sin tendenciosidad ni ánimo destructivo. El escriba de esta página, debe aclararse, no está vinculado en nada con la familia Chidíchimo salvo su concurrencia a las milongas que organizan donde paga normalmente el costo de la entrada.  

Si llegamos al Gobierno de la ciudad, entonces debemos decirle que en lugar del desalojo abrupto de las salas y las clausuras, lograría más con una tarea de convencimiento a los responsables de los salones sobre el cumplimiento de las normas: hay formas menos policiales de convencer.  Por ejemplo, sin clausurar, que los inspectores peguen carteles en el interior de los locales advirtiendo a la gente sobre las falencias que presenta. Un mes después de esto, cualquier clausura en caso de insistir en el incumplimiento, no asociará ninguna queja. 

Y sobre el trato desigual favorecido por las normas tal como están dispuestas. No se conoce de clausuras a boliches donde de frente manteca se consume y/o vende droga, se satura de alcohol a los jóvenes o se cobija la prostitución y hasta las tres cosas juntas.  

 

En cambio en las milongas, no se advierte consumo de droga, no hay ambiente para la prostitución y es excepcional, perimido puede afirmarse, un episodio de borrachera. Tan cierto esto, como que no hay milongas con patovicas de custodia.

De vuelta: el trato desigual es permitido por las ordenanzas y reglamentaciones, basadas en la discrecionalidad. Y como valor agregado a la crítica contra las clausuras cuasipoliciales de las milongas: el tango. Único género musical que genera un movimiento turístico-comercial que luego se traduce en impuestos destinados a engrosar las arcas del Gobierno de la Ciudad y el gobierno nacional, los que coinciden en clausurar sus locales. 

Segundo valor agregado: lo que es el tango para su gente. Sobre todo el tango bailado, el tango más cerca del pueblo de todas sus manifestaciones, el que por veinte pesos puede practicar la gente durante cinco o seis horas, cualquier día y noche de la semana. El tango en la milonga, el que tiene a su alcance la gente. 

Al que con estas medidas se silencia y se paraliza. No es poco. Y es, por lo menos, desigual.

      
 
Para agendar: Orquesta escuela de Victor Lavallen PDF Imprimir Correo electrónico
Tango, música y sentimiento - Sentimiento
Escrito por Administrator   
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 Víctor Lavallen, director de la orquesta escuela.Con entrada gratuita, el 19 de octubre se presentará bajo el Ciclo Tango Doscientos Uno la orquesta escuela dirigida por su nuevo director, Víctor Lavallen.

Como información adicional del director se puede recalcar que Lavallén fue bandoneonísta de la orquesta de Osvaldo Pugliese y arreglador de muchos de los temas más emblemáticos del repertorio de Don Osvaldo. 

El evento se realizará en el Complejo Cultural 25 de Mayo a las 20:30. Las entradas pueden ser retiradas a partir de 18:30 horas el mismo día de la función ya que el lugar cuenta con capacidad limitada de 550 espectadores.

Para quienes tengan inconvenientes con la cita en cuestión, pueden tener otra oportunidad de ver a la orquesta en acción. No ya con entradas gratuitas, aunque muy accesibles el 16 y 26 de octubre con entradas que van desde los $5 hasta los $10.

 
Agenda cultural gratuita para la semana PDF Imprimir Correo electrónico
¿Qué hay ciudad?
Jueves 14 de Octubre de 2010 15:46
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Grilla de actividades culturales gratuitas para la semana de 14 al 20 de octubre, de cuerdo a lo informado por la Dirección de Promoción Cultural del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en su boletín Nº 292.

Espacio Cultural Julián Centeya, avenida San Juan 3255, Boedo. Recuerdo a los 100 años del natalicio de Julián Centeya. Habrá charlas sobre el gran poeta lunfardo, conciertos con la Orquesta Fray Pimientos y la Orquesta del Tango de Buenos Aires. Gran milonga popular. Mañana 15 a las 20 y el sábado 16 a las 19..

También el domingo a las 16. Teatro Infantil: Adela pide tres deseos, por el Grupo Contaca. Adela espera la llegada de sus amigos para festejar su cumpleaños. Con Fabián Carrasco, Cecilia Cartasegna, Malena Salatino y Ramiro Bailiarini. Música: Luciano Fernández. Dirección Mariano González.

Centro Cultural Marcó del Pont, Artigas 202, Flores. Sábado a las 19. Huellas de Tinta. Espectáculo para destacar a los autores que hicieron y hacen nuestro teatro, radio, cine y  televisión. Con Selva Alemán, Arturo Puig, Fabián Vena, Claudio Da Passano y otras  figuras.

También el sábado a las 15, 30: Teatro y recorrido. Una tarde con Roberto Arlt en Flores. Durante el recorrido los espectadores conocerán su historia de vida. Comienza en La Mansión de Flores (Yerbal 2217) y llega al Centro Cultural Marco Del Pont a las 16.

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De cumple PDF Imprimir Correo electrónico
Tomar Buenos Aires - Letras de la ciudad
Escrito por Horacio Pagano   
Lunes 11 de Noviembre de 2013 16:26
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Tomás, cumple años hoy, sábado. Día que no labura y entonces solito en la piecita de Ramos Mejía, espera la noche.

Cenará y festejará con los amigos de siempre, hasta “el Grillo” va a venir: uno de sus compañeros de ranchada cuando los dos coincidieron en la guardada a la fuerza que los llevó a la espesa Planta II de Villa Devoto. La ranchada de una cárcel, grupo de presos que conviven y se protegen solidariamente dentro del pabellón, hace amistades con fierros y de fierro. Por eso ahora, los dos  libres, se buscan con el “Grillo”. Que hasta labura, como Tomás. Como él, dejó atrás la mala vida, aunque, distinto de Tomás, “el Grillo” pudo volver con su familia.

Cumplir años cuando los treinta son largos ya, piensa Tomás. Empezás a rebobinar lo que hiciste en tu vida, sobre lo que hiciste y no hiciste, sobre lo que sos y sobre lo que pudiste ser.

Es, sobre todo, responder a eso que te preguntaste de purrete, que todos se preguntaron de pibe: ¿soy o no, de grande, lo que de chico me imaginé que sería? Y cada uno tiene la respuesta para uno mismo.

Y Tomás la tiene para él. Tanto se equivocó. Tanto. Como dice el troesma don Enrique, el Cadícamo en  “La casita de mis viejos”; “mis veinte abriles me llevaron lejos…, locuras juveniles, la falta de consejo”. Tal cual. Eso le pasó.

Por eso le cuesta tanto, lo jode, lo siente como una faca que le entra hasta las entrañas, ver a los pibes de la droga. Sabe dónde van a terminar, en el mejor de los casos en el instituto o la cárcel…, y de ahí cuesta demasiado volver. Tomás sabe lo que cuesta volver de la mala vida.

¡Carajo! no ser maestro para decirle a esos pibes, que algún día van a enfrentarse con la pregunta de purrete qué él hoy, en el día de su cumple, intenta responderse: ¿soy o no, de grande, lo que de chico me imaginé que sería? Eso, si es que llegan a grandes…

Esa noche, al caminar por el barrio hacia su fiesta Tomás giró en la esquina y pasó por la vereda de entrada al pasillo donde los pibes consiguen droga.  Un poco más adelante, casi llegando a la esquina, el patrullero que había pasado frente al pasillo apenas antes, siguió sin detener su pachorriento camino.

 
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Román Pagano, 40 años de herrería

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Humor

Mi anciana tía Amparo

Mi anciana tía Amparo, con sus 93 años a cuestas, estaba fuertemente afectada por la muerte reciente de su marido. 

Decidió suicidarse y unirse a él en el más allá. Buscó la vieja pistola del difunto y se preparó a dispararse un tiro en el corazón.

No queriendo fallar el tiro al órgano vital, convertirse en un vegetal y en una carga para sus familiares, llamó a su médico para preguntarle a dónde se encontraba exactamente su corazón.

El doctor le respondió: "tu corazón está justo debajo de tu teta izquierda, Amparo".

La anciana puso la pistola justo donde terminaba su teta..., y se pegó un tiro en la rodilla! 

 




 

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