"A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires: La juzgo tan eterna como el agua y como el aire."
Jorge Luis Borges en "Fundación Mítica de Buenos Aires"

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Del escriba

Letras de la ciudad

Tomás, llega tangamente a la radio. Como siempre. Con tiempo para tomarse el tiempo de mirar a Buenos Aires y descubrir sus ofrendas y secretos de gran ciudad, ciudad que se sabe referente de este lejano lugar del mundo. Tomás, se toma los pliegues y recovecos de Buenos Aires, para clavárselos, para impregnarse de esos rincones.

Recién dejó la herrería de Barracas. Hoy, sábado, se ganó unas horas extras que a fin de mes valen lo que cuesta ganarlas. El verano explotó en pleno octubre en Buenos Aires, el sol pega fuerte y los treinta grados se hacen sentir. Barrio grande la ciudad, que se hace sentir en sus contrastes: del frío al calor en horas, de la quietud a la tormenta en apenas minutos; sangre latina al fin, de la mansedumbre a la bronca en un abrir cerrar de ojos.

Tomás dejó de renegarle al calor, al verano. Con sólo treinta pirulos en el carretel si pudiera, lo gambetearía al calor. Es que en sus épocas de mala vida, ni un ventilador tuvo a mano para no mojar la sábana con traspiración y así poder dormir. Y ahora, en su época de buena vida cuando, si pudiera, dejaría pasar un tren del Sarmiento para esperar los vagones que acarician con su aire acondicionado, ahora su trabajo le hace sentir el verano.

Galpón con techo de chapas, más las soldaduras, más los motores de amoladora, agujereadora, sierra y, como frutilla de postre, la fragua que hoy se usa poco pero que se enciende por las dudas, meten a los herreros en una olla donde se cocinan sus humanidades. Consuelo de tonto: es mejor que trabajar en hornos y tintorerías…

Pero Tomás ya no le reniega al verano. Como todo aquél al que le faltó para vivir, es sabedor que el calor protege a los pobres. Con frío, los crotos, en el campo, hacen un hoyo en la tierra donde dormirán, hacen fuego ahí adentro para calentarlo y allí se echan, se tapan con lo que tienen y la tierra los aguanta tibia hasta el amanecer…  En las ciudades, los pobres están a la buena de lo que puedan conseguir, ropas, frazadas, colchones viejos, papel de diario... y a aguantar.

Por eso Tomás ya no le reniega al verano, ahora es él que aguanta los treinta grados y cada vez que se va a quejar, recuerda a los que viven con lo puesto.

Y, sin quejas, deleita la vista con los budinazos calzadas en sus bikinis, que toman sol en las plazas y terrazas… Una fiesta para la vista que trae el verano al que la quiera disfrutar.

Tomás, se bajó del 37 que lo trae de Barracas hasta Callao y Lavalle y encaró hacia la radio. Llegó, va a encontrarse con su gente.

El viernes, por la tarde, corte de luz en Barracas. Nada funciona sin energía eléctrica en una herrería. Así que el patrón le pidió a Tomás, que le cumpla un trámite al centro y de allí que se vaya a su casa. Por lo que, sin quererlo, y a dos días de la primavera, Tomás encaró por Florida, ahora con canteros en el centro, nuevas veredas y frentes restaurados de edificios emblemáticos.

También sembrada, la calle Florida, de “arbolitos”… que hablan solos… y dicen y hasta gritan con ritmo de martillo “cambio…, cambio”… Tomás, los mira… y se calla… Lo descolocan esas estampas vivientes que públicamente vocean su comercio ilegal allí, nada menos que en plena calle Florida, la peatonal de la ciudad. Y no es todo, cazó a un arbolito que con desparpajo guió a un interesado al local de una galería: allí, media docena de carteras de mujer puestas en exhibición contra la vidriera, buscan disimular “la cueva” existente. Pero no disimulan, en los mostradores a la vista de esos locales, los empleados cuentan guita… cambian guita… hasta Tomás, que no conoce ese paisaje, se da cuenta…

Apenas por un poco más que eso, apenas por un poco más que eso, a él lo engayolaron más de un año en Devoto…Tomás, todo nacional y popular, muchacho del tablón en la cancha, con sólo junar cómo es esa mano, no tiene dudas: estos “arbolitos” y “cuevas” tienen flor de padrinos arriba que garantizan el “laburen que no pasa nada”. Hay muchos verdes porque llega la primavera… sonríe, cínico, Tomás.

Y sigue caminando… cruza Corrientes hacia Córdoba donde, para que lo deje en Once, va a tomar el 132, la mejor línea de colectivos de la ciudad sabe Tomás. En ese tramo, vidriera tras vidriera llaman con el clásico “liquidación por fin de temporada, 30 y hasta 50% de descuento”. Tomás, vuelve a sonreírse cínico y, sin siquiera mirar las vidrieras, sobra a esos carteles: a mí no me agarran con ese verso…

Basta de mirar a los costados… para qué, ¡si te perdés lo más lindo de Florida a dos días de la primavera Tomás! Esas pibas…, y no tan pibas…, que vienen y que van caminando calzadas con sus calzas…, que apenas calzan… y… cuando calzan… demuestran de frente manteca que la anorexia es un desperdicio… Las pibas… y no tan pibas… ajustadas en ropa… ¡una fiesta para la vista!

¡Hola primavera! ¡Vení con luz y con calidez… todos te esperan! Llegate a Buenos Aires con tus árboles verdaderos… florecidos y nobles hasta en su silencio…. Vení con tus pibas y no tan pibas que embellecen las calles y sugieren encantos…  Vení primavera con tus colores que no son de liquidación, que son de vida, que son de encuentro, que son de promesas. ¡Bienvenida primavera!

-Este "trago de Tomás" se difundió en la versión radial de "Tomás Buenos Aires", por la AM 830 Radio Del Pueblo el sábado último a las 17-

Parado de viaje al trabajo, apretado en el Sarmiento a la hora pico de la mañana, Tomás emboca el resquicio para leer de reojo los titulares del diario que lee el afortunado pasajero sentado que tiene a su frente.

Uno de los títulos informó, justo en el día del Maestro, que el gobierno de la provincia de Buenos Aires dispuso eliminar los aplazos en las escuelas primarias del distrito. Los pibes se aseguran no repetir con sólo prestar la caripela al maestro durante el año escolar. Les va a ser fácil transitar la primaria. Aunque, y Tomás lo sabe por haberlo vivido en carne propia, les va a ser más difícil a los pibes transitar la vida.

Ahora, leyendo ese título de costaleti, Tomás puede rebobinar por qué, más temprano, mientras se tomaba unos mates antes de dejar la pieza, la radio rescató que el presidente Bartolomé Mitre se trasladaba periódicamente al Colegio Nacional Buenos Aires para asistir a las clases: quería estar al tanto de cómo se educaba a los estudiantes durante su mandato. Fidel Castro, presidente de Cuba, hizo lo mismo. Aquí, cuando el país crecía, nuestro gran maestro, Domingo Faustino Sarmiento, después de su primera presidencia, no dudó en aceptar el puesto de Director General de Escuelas: para él no era menos ese cargo.

El jueves, las autoridades educativas de la provincia de Buenos Aires, y del país, todos un poco más o un poco menos en la misma historia, dieron otro paso en la destrucción de la educación pública: no salvan ni a los chicos de la mentira.

En un igualar para abajo ininterrumpido desde hace más de tres décadas, los forman en el convencimiento de que todo se les va a dar en su vida, en que todo puede asociar una excusa para zafar, en que lo mejor y lo peor no miden distinto, en que su futuro será tan fácil como la escuela.

Los maestros, no dan la señal de peligro, están más preocupados en defender sus derechos que en cumplir las obligaciones de preparar a los chicos para la vida. Los padres aceptan. El ámbito de la escuela torció de la educación a la asistencia, de la exigencia a pasar el rato.

Tomás ve desfilar la ciudad desde la ventanilla del vagón. Ya no quiere bajar la vista al diario y sus títulos. Pero putea duro para su adentro. Si pudiera ir para atrás para volver a la escuela, a la escuela para aprender… 

A él ya le había resultado fácil ser alumno. Su familia estaba en lo suyo, la escuela no lo preparó para la vida. Y la vida, a poco de abandonar la escuela, le empezó a mostrar que no es fácil, que no es como se lo hicieron creer de mentira.

A Tomás, al final, lo corrigió la cárcel. ¡Araca! ¡La gayola!

A otros muchos que les pintaron de chico la vida fácil como a él, no, y les fue todavía peor.

Viernes y termina el horario de laburo en la herrería de Barracas. Pero hay que terminar el inmenso ventanal en el que trabaja Tomás, al otro día lo vienen a buscar para la colocación. El patrón le pidió que se quedara hasta terminar, que corrían pagas las horas extras necesarias hasta la finalización del trabajo.

Los otros muchachos empezaron a guardar las rudas herramientas en el cajón del banco de laburo y alguno de ellos, lo advirtió: -Tomás, aprovechá hoy para quedarte, dentro de unos días no vamos a poder irnos más tarde. Anunciaron que levantan la Policía Federal de Barracas, así que andar de noche y esperar un colectivo por acá, si ya te hace fruncir por los chorros, te imaginás con menos polis. Se nos acaban las horas extras Tomás… Habrá que irse antes que se haga de noche… o jugársela para que los muchachos no te dejen sin mochila, zapatillas y campera.

Tomás sonríe con todos y sigue tratando de corregir la falsa escuadra que encontró en uno de los fornidos ángulos de la pieza de fierro: corregir estas cosas… si con la cancha no se pudo, el martillo es el último remedio… qué va a hacer…

Los compañeros ya se fueron a lavar y a cambiarse para dejar el taller hasta el lunes. Su casa los espera. Sólo, en medio del galpón que es la herrería, mientras trabaja Tomás piensa en lo que le dijeron…, que van a sacar a la Federal del barrio, que sí, que se acaban las horas extras… que va a estar peor la calle…

Aunque Tomás lo piensa distinto de sus compañeros, lo piensa más feo, lo calcula como sabedor, como quien conoce a lo que hay del otro lado del mostrador. Él, que por sus travesuras de otro tiempo supo de la gayola y de engayolados, se imagina la escena allá en lo que conoció como  Planta II de Villa Devoto, a la que hoy le pusieron un nombre más neutro y también más cínico: módulo le dicen ahora al edificio que concentra cuatro pabellones de detención con ochenta presos cada uno todos juntos.

Y Tomás se imagina lo que empezó a pasar desde el mismo momento que las radios y la televisión llevaron a los pabellones de todas las tumbas, la noticia de que quedarían zonas casi liberadas de la capital federal. Empezó a pasar que la ranchada carcelaria está de fiesta. De festejo para celebrar por los cumpas que están en libertad. Los ven ya afilando las púas y aceitando los fierros esperando que los de arriba pianten a la gorra.

Sí, esta noche correrá “pajarito” en los pabellones de las cárceles para celebrar. Si habrá visto preparar ese alcohol duro, ordinario, que pega fuerte para hacer olvidar un poco a la reja. Se carga un bidón de cáscaras de naranja o mandarina, mucha agua para cubrir y un poco de levadura para que todo fermente. Después llevar el cóctel a una ventana donde el sol le pegue fuerte durante no menos de dos semanas. Ahí estará listo. Le han dicho que ahora algunos lo espesan: le meten pastillas de Rohipnol y entonces se olvidan de la reja por bastante tiempo más…

Desde esta noche va a correr “pajarito” en los pabellones tumberos celebrando que rajan a la gorra. Y Tomás, larga la carcajada… él se va a quedar sin horas extras y la lleva livianita, la gente se va a quedar sin poder salir de casa.

-Fotografía: fachada de la estación de ferrocarril Villa Lugano-.

Este "trago de Tomás" fue emitido en el programa "Tomás Buenos Aires" del sábado último, por la AM 830 Radio Del Pueblo

Cambió la cocina argentina y la transformó en un show que sorprendió y retuvo a la gente frente a la pantalla de tevé por la simpatía y el chamuyo entrador y divertido del cocinero-conductor, el "Gato" Dumas. Por supuesto también por las delicias, bien condimentadas y bien regadas, que preparaba. También, por supuesto, por las épicas aunque disimuladas curdas que se agarraba con su ayudante Calabrese, al cocinar para la televisión.

En cocina porteña se puede hablar de un antes y un después del "Gato". Hombre de mundo, culto, vivo, cabrón, a veces extremo. Dejó la pintura y escultura por el cucharón y las ollas. Cocinero de lujo y empresario afirmó que “cuánto más efímera la obra de un cocinero, más lograda está. Si te ofrezco un plato con el color de una pintura, el volumen de una escultura y un aroma irresistible, lo vas a devorar en treinta segundos". Detestó los platos preparados para exposición y los hechos con animales salvajes; también el esnobismo para hablar de los vinos.

En su casa siempre se comió muy bien y con cocineras, tradición heredada de su abuelo. Sólo reconoció un maestro en Londres, Carrier y una herencia gastronómica, la de ese abuelo el escultor Lagos, un bon vivant que preparaba platos de atelier en su taller parisino para Picasso y Lorca, entre otros.  A Carrier le compró las recetas modernas, fáciles y ricas. Lo describió como “un tipo raro, buen mozo, homosexual, hijo de francés y americana” que fue con frecuencia el primero en la cocina de su época. Inventó el menú ejecutivo, “yo lo copié y lo traje a la Argentina. Le puse menú del mediodía, en 1969”, contó Dumas.

Hijo único de un arquitecto que dedicaba su tiempo libre a la Asociación Argentina de Tenis y de una francesa, fue criado con mucho dinero y pocas prohibiciones. Con su primera mujer, de familia irlandesa, Lala Snee, tuvo cuatro hijos, tres de ellos discapacitados, viven en Oxford. Ella lo abandonó para irse con su mejor amigo y al Gato lo perforó la primera gran tristeza de su vida.

Hombre de al pan, pan, y al vino, vino en lo cotidiano, se resignó a dejar de pelearle al destino: "he tenido enormes tristezas en mi vida. Son penas que continúan", se quejó. "Cuando creía en Dios le reclamaba ¿por qué siempre a mí, con tanta puntería?" Hasta que cortó la relación: "el año pasado, fue el tope, ahí dejé de plantearme si Dios existe o no. Dios existe -dije-, pero no es una persona buena".

Con Mariana Gassó, 27 años más joven y con fertilización in vitro, ella quedó embarazada de trillizos. A los seis meses la ilusión se hizo pedazos. "¿Por qué? -preguntó el ´Gato´-. Nuestra vida ya había cambiado... y en 24 horas, tuvieron que sacarle los trillizos. Dios se las tomó conmigo y ya no quiero saber nada. "No me interesa más –insistió Dumas-. Me doy cuenta que estoy solo en el mundo". Incluyó a las personas "no te ayuda nadie. La fuerza la tenés que tener adentro. Si un amigo trata de consolarte, es peor. Tenés que salir vos por tu propia fuerza. Tu coraza sos vos. Si no te levantás vos, no te levanta nadie".

De su oficio sentenció que "los cocineros de hoy sólo se preocupan por hacer una obra de museo y terminan olvidándose del sabor. Yo, en cambio, digo: "no nos preocupemos tanto por la decoración del plato y pongámosle más de sabor y aroma, que es una decoración para las barrigas". Toda una provocación esta de Dumas en tiempos de comidas light.

Contraanorexia
El Gato broncaba contra la moda de paladares anoréxicos y mandíbulas condenadas a triturar zanahorias –y eso que no llegó a conocer de la soja-. "Cuando la gente va a comer a un restaurante y paga, quiere salir pipón; quiere salir gordito y rodando. Si van a un restaurante, que coman. Si quieren comer "Gato" Dumas, que coman. Si no, que vayan a un restaurante naturista o que se queden en sus casas comiendo arroz integral". Y el enojo le enciende la lengua: "médicos me han propuesto hacer recetas para enfermos del corazón. ¿Qué me vienen a pedir recetas para enfermos. ¡Que se ocupen ellos! Después de todo, yo me ocupo de que ellos ganen plata haciendo bajar de peso a la gente a la que yo hago engordar".

Sostuvo que hay una cocina argentina y es una fusión que se dio naturalmente, mezcla de europea y sudamericana.

Su primer restorán, “La Chimère” se pensó para restorán. Nadie se preocupaba por la luz, y las mujeres no van a un restaurante muy luminoso porque no se sienten ni cómodas ni lindas; si no pongo un baño bueno, tampoco van. Yo acorté las cartas. Tenía diez platos que iba cambiando. Nada que ver con ese horror que se llama cocina internacional, con menús infinitos. Yo cambié todo eso y contraté a un catalán Juan Brualia, muy mezquino: trabajaba de espalda para no mostrar pero me la arreglaba y lo espiaba.

Afirmó que "la cocina de hoy se divide en dos segmentos, uno es la cocina para comer, del placer. La otra cocina es para el museo de arte decorativo o para un concurso. Los que trabajan para un museo decorativo, pueden ser magníficos, pero si los platos no son ricos, es inútil. Lo que quiero es comer. Siento un placer enorme por los sabores, los aromas, los perfumes, las texturas. No en cuatro gotitas, sino en una salsera al costado" aclaró.

"Tuve la mala suerte de trabajar en Nairobi -siguió-y comer cebra, león, elefante y muslo de jirafa por cláusulas contractuales, me costó mucho comerlos. Hoy no cocino ni como animales salvajes. Como cosas de criaderos. No voy a matar nada, como lo que tengo muerto y de criadero".

Sobre los vinos, una de sus especialidades, para su gusto eligió "los blancos, jóvenes. Y no me interesa el Malbec, me parece demasiado carnoso, Prefiero un Merlot, un Malbec me vence y yo quiero vencer al vino. Merlot, por favor.Si es posible un Petrus, que es un Merlot. No creo en la historia de las modas. Los vinos son sublimes. Yo dije hace muchos años que el Syrah se iba a poner de moda. Los vinos son demasiado sublimes para hacerlos pelear".

Su premisa básica afirmó: “la cocina debe dar un inmenso placer”. Justo para él que le gustó todo para comer menos la lengua y el pepino. “La lengua porque no me gusta la textura, del pepino el sabor".

Noticias

      2017-06-08 22:03:26  

    Desde Marsella, Francia, distinguieron a Julio Dupláa, un histórico argentino de la danza del tango y la milonga, al calificarlo de "persona emblemática de la Ciudad de Buenos Aires". La Asociación Les Trottoirs de Marseille así lo consideró en una nota fechada el 1° de junio último a esta ciudad, firmada por Michel Raous, presidente de la asociación y Marcelo y Giorgia Guardiola, maestros de tango de Les Trottoirs de Marseille.

    Dice textualmente la nota:
    "Desde Francia hacemos voz para expresar nuestra gratitud y transmitir nuestra admiración por el Maestro Julio Dupláa quién desde su nacimiento respira tango.

    Nacido en el porteño barrio de Villa Urquiza declarado «Capital del Tango bailado» impulsado por el mismo Dupláa y cuna de tantos magnificos bailarines y milongueros, don Julio supo conocer el tango en el antiguo y prestigioso Club Sin Rumbo. Desde niño miró y escuchó las orquestas, de adolescente bailó su música y de hombre organizó milongas; toda una vida dedicada a nuestro tango y a nuestra ciudad ya que en la actualidad toda Buenos Aires respira su presencia, refleja su personalidad y vive su dedicación organizando eventos, cuidando el trabajo de los bailarines y dando clases que trasmiten sabiduria y vivencias.

    Por esto y muchas cosas más  el Maestro Julio Dupláa es una persona emblemática de la Ciudad de Buenos Aires. Nuestros más sinceros saludos".

    Tomás, el Buenos Aires, felicita a través de esta página a Julito Dupláa, amigo y, como dicen los franceses, un emblemático del tango bailado. Aunque él se cite cada vez que puede de "apenas un milonguero".

    Foto (Gentileza revista "La Milonga"): Julio Dupláa (derecha) en trámite de alguna tropelía con Tomás, el Buenos Aires.

     

     


      2016-11-24 20:18:14  

     "Trago amargo alcanzó el éxito el día de su estreno en 1925 con la letra de Julio Navarrine (1889-1966) y la música de Rafael Iriarte (1890-1961). ¡Esplendorosa época del tango-canción! “Lealmente, ´Trago amargo´ no era un tango de excepción, sino simplemente un tango exitoso. Su letra es de un tinte melodramático campero, de fácil sentimentalismo. La mejor virtud de su música era no alardear de ninguna: dejar que la opinión del oyente reafirmara su origen: ‘el tango de un guitarrero’. También queda dicho que era ´un sencillo y bien sonante tango´, según el sin par Francisco García Jiménez en su insoslayable libro ´Así nacieron los tangos´, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1980.

    Si reflexionamos acerca de los versos de Navarrine, quien junto a su hermano Alfredo fue un admirable propulsor de los primerísimos cuadros folclóricos teatrales –y autores ambos de sendos tangos muy celebrados por el público–, habrá que resaltar cómo se habían condicionado al tema musical merced a una especial puja de frases imperativas: “¡Arrímese al fogón, viejita, aquí a mi lado!/ ¡Ensille un cimarrón, para que dure largo! ¡Atráquele esa astilla, que el fuego se ha apagado!/ ¡Revuelva aquellas brasas y cebe bien amargo! ¡Alcance esa guitarra de cuerdas empolvadas,/ que tantas veces ella besó su diapasón!”.

    El tango tuvo su estreno en el porteñísimo teatro ‘Maipo’ durante una de las temporadas de ‘revistas’, a mitad de los años veinte del pasado siglo. ¡Quién vería a aquel gaucho melodramático, dirigiéndole toda la ristra de mandatos a la madre, reservándose para él, por toda faena, el empinarse el codo con la botella de caña! Y la pobre vieja –de acá para allá, como maleta de loco– sin saber si arrimarse al fogón, si ensillar el cimarrón, si atracarle la astilla al fuego y revolver las brasas, si alcanzarle la guitarra o arrancarle primero la cinta, si secarse las lágrimas, si volver a cebar al “amargo” o bien si –ya exhausta–, después de buscar un crespón para la guitarra, inclinarse, al fin, ante la Virgen…"

    En fin, sintetiza ahora Tomás, el Buenos Aires, sobre este tango: un "Trago Amargo"... ¡para la pobre vieja!,

    De paso: El músico Rafael Iriarte fue un laburante de la guitarra en el tango. Nacido en un barrio del sur porteño, su fogueo artístico se dio en los cafés con música de la calle Corrientes. Después, llegó el espaldarazo en los teatros ‘Nacional’ y ‘Apolo’, ‘Porteño’ y ‘Empire’. Iriarte acompañó a una galaxia de cancionistas y cantores como Saúl Salinas, Rosita Quiroga y Agustín Magaldi, también a Charlo, Ignacio Corsini y Libertad Lamarque. Por su inquietud y ojos vivos, a Iriarte lo apodaban ‘El rata’.

    -Fragmento de la nota de Isaac Otero en el sitio "Crónicas de la Inmigración", setiembre de 2016-


      2016-11-21 19:28:06  

    A Pablo Agri lo esperó un violín en la cuna y a los diez años le pidió a su papá que lo inscribiera en un conservatorio. Su papá fue, nada menos que el rosarino Antonio Agri, juntamente con Elvino Vardaro y Mario Franchini, los tres violinistas más importantes del tango.

    Destaca que hoy encuentra a "muchos jóvenes  buenos instrumentistas y compositores que toman el tango con la seriedad que merece y que siguen estudiando". En cambio, Pablo advierte que "no me gustan definitivamente las imitaciones, las orquestas que ´tocan como´, ¡eso no me gusta! Digo que hay que aprender todos los géneros pero no imitar a nadie" sentencia.

    Aclara que "empecé con la música clásica para diferenciarme de mi viejo... Nací en el 68, año que se estrenó la operita "María de Buenos Aires" de Piazzolla y mi viejo ya era muy popular. Pero sin duda lo mío es el tango desde la cuna, o antes de ella y, hasta hoy, mi mejor manera de expresarme es nuestra música". Tanto es así que tocó, por ejemplo, con Mariano Mores y Horacio Salgán pasando por Néstor Marconi, Susana Rinaldi y Osvaldo Berlingieri. Es integrante de la Orquesta Sinfónica Nacional desde 1992, tomó clases con el maestro Szymsia Bajour; fue becado por la Fundación Antorchas para estudiar en el Conservatorio Edgard Varese, en Francia. En el 99 fue violín solista del show "Tango argentino" en Broadway (Nueva York).

    Este año fue el músico argentino que tocó por primera vez tango en vivo en una de las siete maravillas del mundo, los palacios de la Alhambra en Andalucía, España. Además, junto a sus compañeros formaron junto a la orquesta de la Casa Argentina en París, integrada por una belga, tres franceses, cuatro argentinos, una japonesa, un chino, y una violinista rusa, todos jóvenes. "Esto nos dice claramente que el tango es universal y se toca en todos los idiomas" reflexiona finalmente este también joven, que aporta un violín de conservatorio consagrado a la música que identifica al país.

    -Esta nota toma fragmentos de un reportaje realizado por el diario "La Capital" de Rosario-.


      2016-09-21 19:58:17  

    Sergio Pujol es joven, filósofo, docente y con varios libros en su haber, investiga a las danzas sociales y concedió hace unos días una nota al diario "La Izquierda" donde afirma que la década del ´20 marcó un antes y un después de la cultura argentina marcada decididamente por la eclosíon del tango. Aquí la nota:

    Comienza Pujol señalando que recien a mediados de los años ´20 "tenemos a Gardel con un porcentaje dominante de tangos en su repertorio; viene de cantar estilos, milongas. Canta en esos momentos foxtrot, shimmy, alguna que otra rumba.  Por lo tanto no se puede decir que el tango a principios de los 20 fuera el epítome de lo argentino y de lo nacional. Más bien se va ganando ese lugar. Las críticas que se hacen al tango hasta el año 30 inclusive, no son tanto acerca de su supuesto origen prostibulario, de mala vida o pecaminoso, sino que es una música que no representa la totalidad de la Argentina. Es una música de puerto que se ha consolidado a partir del aporte inmigratorio decisivo en el lenguaje, tanto en las letras, con la presencia del lunfardo, como en la música.

    Lo mismo pasa con el samba en Brasil, con el son en Cuba. Hay un momento en que estas músicas, muchas con una fuerte impronta afro, se convierten en emblemas nacionales. Eso pasa entre los 20 y los 30. Pasan de ser músicas orilleras, con una fuerte connotación de clase, a representar al país. En ese tránsito depuran su forma pero hay algo de la condición de clase que queda. Y en un momento explota.

    Durante el peronismo explotó. Cuando Alberto Castillo canta “Qué saben los pitucos, lamidos y sushetas...” está retrotrayendo la historia del tango 20 o 30 años. Lo que les está diciendo a sus bailarines, a los que bailan con su música , es “ojo, sepan de dónde vienen ustedes, no se dejen engrupir, el tango es una danza de salón pero ojo que venimos de las orillas”. Es interesante cómo, en algún sentido, al tango nunca se lo domestica del todo.

    "En los ´20 el tango se come todo"

     A la vez los años 20 son la clausura de una época ahí ya nadie baila polka o mazurca muy populares en 1880 y 1890. En los 20, el tango se come todo. Se come esas danzas. No al jazz. Y en parte se las come, creo yo, porque aparece el tango canción. Si no hubiera aparecido, tal vez hubiéramos tenido todavía ese repertorio "variopinto" de danzas. 

    Además están los hijos de los inmigrantes para los años 20, que son más tangueros que los padres en muchos casos. Las historias de vida de esa generación, la de Piana, o la de De Caro, que era un poquito más grande, casi todas están marcadas por la brecha generacional.

    El muchacho que quiere formar una bandita de rock en los 60 tiene muchas similitudes con el muchacho que quiere tocar tango en los 20. Pero incluso el corte es más violento en los 20. Porque la familia en los años 60 ya no es tan autoritaria como la familia en los 20. Yo no conozco historias de hijos que hayan dejado de hablar con sus padres veinte años por querer formar una banda de rock. 

    Ya forma parte un poco del relato romántico del tango: el reencuentro del padre con el hijo consagrado, tocando tango con una orquesta de noventa profesores. Lo vemos en Canaro, en De Caro. La “gran orquesta”. Quizás el último representante de esa ambición clasicista en términos musicales sea Mariano Mores. Cuando lo entrevisté para el libro de Discépolo, Mores decía “sí, quise llevar el tango a un nivel superior, siempre quise elevar el tango”. Muchos de esos maestros podrían haberse dedicado tranquilamente a la música académica.

    En los 20 y 30 es muy fuerte el sinfonismo tanguero. En parte, por influencia de la música académica. En el jazz también se da con Paul Whiteman, eso de redimir la música orillera vistiéndola con las mejores galas. La música clásica es la gran música. En las entrevistas a los tangueros de esa época se ve que estaba la gran música y la música popular. El epígrafe que utilicé para el libro Cien años de música argentina es de Julio de Caro y dice “Mi deseo era que los conocimientos que había adquirido en el conservatorio se amoldaran a las emociones que había recibido en la calle”.

    ¿Cómo hacer para convertir la emoción de la calle en una música artística. No una música que sólo se baila, que acompaña las labores de los laburantes del Mercado de Abasto, que enamora a las chicas en su casa con la vitrola, sino una música que tenga un valor artístico sin olvidar esa emoción y ese arraigo?

     Rodolfo Valentino
    Con Rodolfo Valentino se afirma el star system y el latin lover. Que van a tener una prolífica trayectoria en la cultura de masas internacional. Efectivamente, los estrenos de Valentino causaban furor. No sólo en los varones, sobre todo en las mujeres. Hay un ídolo que atrae a las mujeres, que perturba a los varones, que genera incomodidad. Valentino baila tango, a su manera. Nosotros diríamos que lo hace “mal”. Pero, a la manera Valentino, lo baila y lo promociona a nivel mundial. Los argentinos de esta época son hijos de Valentino.

    La sexualidad en los años 20 también explota. Las flappers americanas con el cabello corto se suben el ruedo de las polleras. Las mujeres empiezan a tomar whisky, empiezan a fumar, en algunos países a votar. Esta revolución de las costumbres femeninas, del lugar de la mujer en la sociedad, de alguna manera está traccionada por artefactos culturales, y las películas de Valentino evidentemente cumplen un rol importante. 

     Si no se hubiera dado la tangomanía en los años inmediatamente anteriores a la Primera Guerra Mundial, si los criollos de Argentina no hubieran “hecho la América” en Europa y Estados Unidos dando clases de tango y no se hubiera producido esa expansión, Valentino hubiera bailado otro ritmo en la película.


      2016-09-16 04:12:05  

    Cristian Palomo es el campeón mundial de tango pista, coronado en el Festival y Mundial 2016 en Buenos Aires. En la danza comenzó por el folclore que bailló en la escuela para luego cantarlos en las peñas más cercanas. Hasta que conoció el tango y lo demás se transformó en entrañable recuerdo.

    “Argentina es la capital mundial del tango -afirma Cristian-, donde países de todo el mundo vienen a competir. Acá pocos saben que en otros países un festival lleva más de dos mil personas, pero no hay prensa de lo que pasa para que la gente se entere. Al tango la cultura no le da bolilla.

    “Buenos Aires tiene su encanto, tiene su magia, pararse en un cafecito y mirar por la ventana mientras hablas de fútbol. Todo es tango en Buenos Aires, pero se está perdiendo porque no hay apoyo a esta cultura. Veo pobre y mal al tango por estos tiempos en Argentina. Hay muchas casas de tango que están conectadas con las agencias de turismo para poder subsistir y otras van cerrando” comenta el bailarín.

     Si bien la idea de dedicarse al baile siempre estuvo presente, su primer contacto con el  tango “le voló la cabeza” y empezó a prepararse tomando clases y metiéndose en el circuito milonguero, reemplazando cada vez más horas en su lubricentro que al poco tiempo decidió cerrar porque no era feliz ahí y si lo sería bailando: “no había tenido la valentía de jugarme, pero dije: lo hago ahora o nunca".

    El primer abrazo a la milonga fue hace cuatro años cuando conoció a Melisa Sacchi su pareja de baile, con la que generó una conexión que los llevó a ganar el Metropolitano y el subcampeonato mundial el año pasado, en la antesala de lo que fue su consagración semanas atrás en una performance sentida y prolija. “Con Meli venimos trabajando hace cuatro años muy fuerte y yo con un abrazo sé cuando está triste, cuando está alegre, cuando quiere bailar, cuando no quiere bailar. Hay una energía continua. Si los dos nos abrazamos es porque tenemos ganas de bailar, ya hay un deseo; sumado a la complicidad que tiene ese abrazo; a la magia y el encanto que tiene el tango que genera un ambiente”, señala Cristian.

    Admira los bailarines con mucha presencia como Juan Corvalán y Juan Pablo Horvath de Forever Tango, a los artistas que dejan el alma en lo que hacen: su interpretación, como la de Adrián Guida en la orquesta de Pugliese y Carlos Gari de la de Leopoldo Federico. Y pensado en otros se define él, él y su pareja, tomando estas cualidades de las que habla.

    Para los dos el tango es una pasión, un entretenimiento, y un medio de vida que se resume en distintas presentaciones y participaciones estables, aquí y en el exterior, que con el campeonato ganado se multiplicarán. De hecho ya piensan en terminar los tres últimos meses del año en Asia y en empezar los tres primeros del siguiente en Europa, cuestiones que dejaron de ser proyectos y se transformaron en realidad.

    Si bien Cristian sostiene que si uno vive de lo que le gusta, no es trabajar; reconoce que tanto empezar como mantenerse en el sendero artístico es complejo y que naturalmente termina siendo el exterior el lugar para muchos maestros y para todos los profesionales con aspiraciones y ansias de tranquilidad económica.