"A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires: La juzgo tan eterna como el agua y como el aire."
Jorge Luis Borges en "Fundación Mítica de Buenos Aires"

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Del escriba

Letras de la ciudad

Viernes a la noche, con el sábado libre, Tomás no sólo milongueó hasta casi las cinco de la matina, sino que además cerró la noche con otros milongueros y milongueras en una confitería: café, medias lunas, tostadas en una mesa que alimenta la amistad y convoca a las risas. Aunque no falta el que estira su encuentro con el alcohol en el alargue, cuando la hora junta a la noche con el día. Es la rutina tan querida de los nocheros. 

Se termina la trasnoche profunda, besos, abrazos y cada uno a su casa. Y en esa hora incierta de los colectivos, Tomás, por asegurarse, empezó a patear hacia la estación Once del Sarmiento. Unas diez cuadras con la ciudad casi desierta envuelta en el tímido resplandor del sol que todavía no asoma.

Es un Buenos Aires más lunar, malicia Tomás. Juna otro mandato de lo nuevo: en las columnas de alumbrado la luz tan blanca y fría de esas lámparas “Led” llegadas a las calles porteñas que, con esa tonalidad fantasmal y en la soledad de la madrugada, se le antoja lo hacen aparecer como un astronauta caminando por Corrientes casi esquina Junín.

Ahí enfrente, sobre la vereda… una tela oscura oculta los arreglos en la fachada de un edificio. Como otras obras es una restauración, unas mejoras, vaya a saber... en una de esas hasta podría ser sólo un “lavado de cara” de la construcción… El cartel, municipal el cartel que detalla la obra, se las rebusca para convertir un arreglo en un logro con glamour financiero: lo presenta como una “puesta en valor”…

El bar abrió sus puertas y la chica, la moza, saca una pizarra a la vereda que transita Tomás, dice la pizarra: "café con leche con medio tostado 40 pesos". ¡Medio tostado! Es decir… casi un bocadito… ¿También habrá que sentarse ocupando la mitad de la mesa? ¿Las servilletas estarán cortadas por la mitad…? ¿El mozo hablará la mitad de lo que debe hablar? ¿A esto llega la porteñidad, tan extraño a lo porteño? ¿Tan, tan amarretamente nos proponen ahora la vida los boliches, que siempre se la ganaron con la charla y el compartir de la gente en los cafés….?

Tomás ya llegó a la avenida Pueyrredón y con el caminar las veredas salta a la vista…, se nota…, algo falta… Los negros del asfalto y el desordenado colorinche de las paredes se muestra sin cortes, copa la artificialidad ¿qué pasa?... Pasa que cada vez hay menos árboles en la ciudad… Obras públicas que asocian casi un desmonte, comerciantes que los voltean porque le quitan visual a sus vidrieras, nuevos edificios con salida de cocheras que ordenan extirpar a las plantas de las veredas... El verde y la compañía amigable de los árboles, silenciosos hasta en su caída, pinta cada vez menos el paisaje ciudadano…

Che, Buenos Aires –le sale de la boca a Tomás en la soledad de esa hora-, che, Buenos Aires, te están cambiando… y no podés hacer nada... así son las cosas. Lo nuevo llega y no pide permiso. Siempre fuiste reina Buenos Aires…, la del Plata… y las reinas bancan los cambios… tienen que estar siempre en lo último Buenos Aires… por eso mismo… para poder seguir siendo reina…

Tomás, ya por Pueyrredón está llegando a la terminal del ferrocarril. Su pensamiento lo hace retroceder a unos pocos minutos atrás y esta vez le sale pero del alma: menos mal, Buenos Aires, que todavía quedan los milongueros y nocheros para entregarte sus alegrías, su amistad, sus travesuras, su humanidad. Menos mal.

Tomás, ya llegó al andén. Hay un flamante tren chino, por salir…

Hizo muchas cosas y a todas las hizo bien. Excéntrico y temperamental, amante de los caballos y gran escolaseador, fue emblema de lo que es un niño bien: pretensioso y engrupido como define el tango. Pero un ganador si buscar el cartel. Inventariado entre los bienes de los míticos La Biela y 05, fue un aristócrata de cuna y por forma de vivir. Sin ser ídolo y sin buscar caer simpático.

A lo mejor por la época en la que compitió: cuando la televisión no mandaba en el deporte y entonces no había obligación de dar conferencias de prensa, ni de hablar ante los periodistas antes de sacarse el casco al terminar una carrera. Vivió la época fue la del deportista a bomba de corazón y sacrificio. Lejos del actual cálculo donde los medios imponen a los ídolos bajo el ala de las corporaciones y las marcas. “Nunca más me harán una nota, yo no les voy a dar de comer” soltó alguna vez sobre el periodismo: decía que habían publicado como suyas, frases que jamás pronunció.

Fue Carlos o Charles o Charly Menditeguy, multideportista y bon vivant porteño, un emblema "del sangre azul", que iba del brazo con el obrero, un argentino que supo ser bacán también en Europa.

Para no dejar dudas de eso y según lo contó Juan Manuel Fangio: siendo en 1956 piloto oficial de Maserati, Menditeguy sin avisar faltó no sólo a los entrenamientos, sino también al Gran Premio de Mónaco de ese año. Los popes de la fábrica de autos deportivos no lo podían creer y hasta pensaron que le había pasado algo…

Se supo a poco andar que Charly estaba en la Costa Azul en compañía de una ascendente y angelical actriz francesa: Brigitte Bardot. Por supuesto, lo rajaron automáticamente del equipo Maserati. Al enterarse, Carlos dijo a sus amigos…: “no era una oportunidad para despreciar ¿no?”. El romance duró quince días. Otra de sus conquistas, cuenta la historia: Ava Gardner. Sabía elegir el dandy ¿no?

Total
Jugador de polo, squash, golf, tenis, billar, piloto de automóviles y boxeador sobresalió en cada disciplina que practicó. Y eso que le tocó morirse a los 58 años para pena de todo el ambiente paquete y glamoroso porteño.

A pesar de su pinet de alta alcurnia y sus coqueteos con el mundo artístico, no dejó de ser genuino para la gente. Lo ovacionaban en las rutas del entrañable Turismo de Carretera de las cupecitas. El autódromo no olvidó el día que lo vio entrar en tres ruedas a terminar el GP de 1957. Brilló en El Trébol y fue séptuple campeón argentino de polo. Por su inactividad, cuando la Asociación le bajó el hándicap de diez goles a nueve, se enojó: "soy el mejor jugador de polo, porque gané acá, en los Estados Unidos y en Inglaterra" se defendió. Volvió, fue campeón y otra vez se alzó con el diez. Lo tuvo diez años con él.

Gran habitué de lugares legendarios de la noche como La Biela o 05, esos lugares conocieron de sus arranques cuando embroncaba.

Llegó a lo insólito. Con nueve meses de aprendizaje del golf, Menditeguy fue scratch, es decir, logró jugar con la suma ideal de golpes, el par de la cancha. Y ganó una suculenta apuesta. Dijo el notable Roberto De Vicenzo: “supe de esa apuesta y dije ni loco lo consigue. Pero lo hizo y es record mundial”. Superó una barrera tenida por casi increíble por los profesionales del golf. Su fama trascendió a Europa y pudo compartir comidas en el Palacio con la reina Isabel de Inglaterra.

Otra: Juan Manuel Bordeu probaba un auto en Silverstone y se lastimó al chocar. Lo fue a ver a Menditeguy que estaba jugando al polo en Inglaterra. Cuando entre chukker y chukker lo vio a Bordeu y se enteró del accidente Menditeguy paró el partido, habló con el duque de Edimburgo, que jugaba en el equipo contrario, y llevaron a su amigo a ser atendido por el médico de cabecera de la reina de Inglaterra.

La más conocida de sus anécdotas cuenta cuando abandonó en la punta en el GP de TC de 1963, a 15 kilómetros de la llegada, después de haber 4 mil kilómetros de carrera. "Quémelo, Linares", le dijo a su acompañante y le dio el encendedor señalando al Ford que lo había dejado de a pie casi a la vista de la bandera a cuadros.

Hijo de una de las familias tradicionales y adineradas de Buenos Aires, había nacido el 10 de agosto de 1915. Murió el 27 de abril de 1973. Fangio aseguró: “no fue campeón mundial porque no quiso”.

Tomás se enteró después del día de laburo, durante el viaje de vuelta a su piecita en Ramos Mejía: habían identificado a un nieto más de los que fueron secuestrados en los enfrentamientos de la década del ´70. Mirá que es una rata que se morfa a la humanidad desde el primer hombre la guerra y se sigue renovando… Porque es así, impiadosa y capaz de descubrir siempre nuevas formas de maldad… y de odio.

Treinta y pico de años lo robaron de sus padres y abuelas a este muchacho, desde recién nacido… Pero esta abuela, junto a otras en lo mismo, lo buscaron sin parar, empeñosamente, penosamente, a veces en peligro, más adelante abiertamente, Tomás, tiene ganas de hacer una reverencia parado en el bondi a esas mujeres…

Pero Tomás tiene además esa carga que le entraron en la sesera sus compañeros de pabellón allá en Devoto. Podían ser pungas, estafadores, scruchantes, falsificadores o lo que cuadrara… pero todos estos chorros la tenían, y hoy la tienen todavía, clara: ¡con los pibes no! Con los pibes no hay que meterse; con los pibes no hay taura ni guapo que valga… Ellos están primeros…

Y ese código, más todavía en el ambiente espeso de la cárcel es sagrado: hombre o mujer, que entre engayolada por haber maltratado a un pibe, sabe que no es boleta sólo porque el juez en la remisión ordena a los carceleros el tumbero RIF –resguardo de integridad física-, que zambulle a esta casta de criminales en un sector del penal reservado a todos los de su misma condición para que no pierdan el pellejo detrás de las rejas. ¡Y que la reja de ese pabellón no quede abierta por error!  

La recuperación de este nieto célebre –lo califica Tomás-, nos deja por lo menos tres mensajes a todos calcula: el primero, que la verdad llega a la corta o a la larga, bienvenida sea, aunque a Tomás lo haya mandado adentro, bienvenida seas verdad; el segundo mensaje, que como bien lo saben los chorros viejos… los chicos nunca tienen la culpa. No la tuvieron en la guerra que secuestró a este chico y no la tienen en las guerras que se renuevan, hoy mismo, en varios lugares del mundo.

Y tercer mensaje que muchos les pasa de largo sin que se den por tocados: el tercer mensaje que deja este gran reencuentro es que los mayores mandamases mundiales manejan códigos  más sangrientos que los chorros: desatan las guerras sabiendo que los chicos van a sufrir, van a quedar sin padres y familia y que también van a morir.

¿No les pesa en la conciencia esta salvajada? ¿O es que ellos saben que es casi un imposible que vayan en cana, con el riesgo de ser boleta a mano de otros presos en la gayola por haberse metido con los pibes? Tomás aprieta los dientes mientras espera a su tren en la estación Once.

Jacobo Peuser llegó a los 12 años al país, había nacido el 28 de noviembre de 1843 en Nassau, Alemania. Establecido con su familia en el litoral, trabaja en imprentas de Paraná y Rosario. En 1867, con 23 años, se instala en Buenos Aires y abre un local de librería en la calle San Martín entre Cangallo -Juan Perón- y La Piedad -Bartolomé Mitre-.

El negocio le quedó chico y al año siguiente le compra a José A. Bernheim, un pionero gráfico de la época, la “Librería Nueva”, de Cangallo 89 de la antigua numeración. Peuser se agranda y agrega rubros como rayado y encuadernación de libros. A poco instala su primer sucursal en la esquina de la calle Del Parque -hoy Lavalle- en su esquina con Uruguay.

Llega 1891 y se instala en la esquina de Cangallo y San Martín, edificio que se convertirá en la fachada de la marca y su Casa Central, y que fue incorporada a la toponimia popular como: la esquina de Peuser. Para actualizarse compra máquinas importadas de impresión que instala en una nueva propiedad de la avenida Patricios 567, donde funcionaron los talleres generales durante décadas.

Su crecimiento y expansión no paran. Abre sucursales en el interior: La Plata en 1885 a tres años de su fundación,  después en Rosario, Mar del Plata en 1920, Mendoza en 1923 y Córdoba 1924.

En 1910 abre una sucursal en Once, en 1930 el Anexo Florida, en 1938 la sucursal Constitución y al año siguiente la de Boedo. Ya funcionaba el dicho popular: “Y… si no lo encontrás, andá hasta lo de Peuser”.  No sólo en librería y papelería. Abarcó todos los rubros de las artes gráficas de la época láminas, etiquetas para envases, boletos de tranvía, estampillas fiscales, recibos, pagarés,  libros escolares y comerciales; pero hubo algo que proyectó su marca a la cúspide: la Guía Peuser.

Grueso librito de tapas rojas que invadió las casas y a la que se recurría para consulta de cualquier duda o información que fuere necesaria en la ciudad. Las calles, líneas de tranvías, ómnibus y colectivos y trolebuses y direcciones de reparticiones públicas, consulados, embajadas, salida de vapores, correos.

Su primer número apareció en 1887 y: “¡Salió la nueva Guía Peuser!, con los recorridos de todos los…”  El nombre “Peuser” llegó a ser sinónimo de “Guía”, a tal punto que, cerrada ya la casa, otro editor compró el nombre y la siguió publicando.

Jacobo Peuser falleció en esta ciudad el 1° de noviembre de 1901. Descendientes y colaboradores continuaron su obra por décadas. La tradicional librería cerró definitivamente en 1964.

Tomás, llegó a Once en el Sarmiento. Apurados, todos encaran la salida de la estación. El grueso de los que desembarcaron, la de avenida Pueyrredón. Pero algo pasa, Tomás lo adivina antes de llegar a la vereda… Ah…!!! Pueyrredón cortada por una sentada de los manteros. Hay que caminar las cuatro cuadras hasta Corrientes para ver si emboca al 168 fuera de recorrido, que lo lleva a la herrería de Barracas.

Se manda, pero obligado por la calzada, el lugar de tránsito de los autos. Porque la vereda está ocupada por los puestos de venta que no dejan caminar a la gente …Uy…, en el apuro Tomás enredó su pie izquierdo en una bombacha que en exposición verédica…, se frena para sacarla de la punta de la zapatilla mientras una mujer de nacionalidad indefinida, pucho en la boca, lo saluda y no bien precisamente, mientras le arranca la bombacha viajera del pie.

Tomás sigue su camino pero engancha la mochila con el cable de un calefactor en oferta que no va a parar al piso por los sus reflejos. El morocho también lo saluda, y no bien precisamente, por no fijarse por dónde camina en “su” vereda de venta…   

Pero Tomás tiene que llegar al 168 para ir al laburo… y… ahora le corta el paso uno que vende espejos, espejos  de más de un metro de largo encolumnados en la vereda de la avenida Pueyrredón… hay que esperar a que los acomode como él quiere en “su” vereda…  Esperá y guarda… no vayas a romper uno… Ahora Tomás se frena otra vez, está la señora que ofrece fajas, rodilleras, coderas, muñequeras de esas azules, Tomás no quiere nada de eso, pero la que le está comprando a la mujer le corta otra vez el paso y no hay escape porque al lado está el puesto de los gorros, guantes y medias… Y más allá más bombachas, ahora también corpiños y calzoncillos, interminable esa tienda al aire libre ocupando más de media vereda…

El laburante, tratando de llegar lo menos tarde posible al trabajo, se topa con los percheros de camisetas, pulóveres, buzos, que no lo dejan pasar porque el que vende y tiene que acomodarlo en la vereda, habla con el senegalés de los relojes y chucherías que está instalando su mesita en la vereda de la avenida Pueyrredón al 200…

A Tomás le llama la atención que no hay un carrito con uno que venda garrapiñada para amenizar su cruzada de cuatro cuadras por la avenida Pueyrredón en el Once… debe estar tapado por el ejército mantero…

Al final Tomás, puede zafar, pero no ileso: le salpicaron la campera de lana con un guisito vaya a saber de qué cosas y de qué procedencia, que otra mujer vende en “su” vereda con packaging de bandejita descartable plástica…

Embocó el 168, casi no lo deja subir el colectivero por su cara desencajada por el esfuerzo y la ropa manchada y con olor al guisito… Tomás ya está exhausto… entregado... apabullado... y tiene todo el día de laburo por delante…

Noticias

      2016-11-24 20:18:14  

     "Trago amargo alcanzó el éxito el día de su estreno en 1925 con la letra de Julio Navarrine (1889-1966) y la música de Rafael Iriarte (1890-1961). ¡Esplendorosa época del tango-canción! “Lealmente, ´Trago amargo´ no era un tango de excepción, sino simplemente un tango exitoso. Su letra es de un tinte melodramático campero, de fácil sentimentalismo. La mejor virtud de su música era no alardear de ninguna: dejar que la opinión del oyente reafirmara su origen: ‘el tango de un guitarrero’. También queda dicho que era ´un sencillo y bien sonante tango´, según el sin par Francisco García Jiménez en su insoslayable libro ´Así nacieron los tangos´, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1980.

    Si reflexionamos acerca de los versos de Navarrine, quien junto a su hermano Alfredo fue un admirable propulsor de los primerísimos cuadros folclóricos teatrales –y autores ambos de sendos tangos muy celebrados por el público–, habrá que resaltar cómo se habían condicionado al tema musical merced a una especial puja de frases imperativas: “¡Arrímese al fogón, viejita, aquí a mi lado!/ ¡Ensille un cimarrón, para que dure largo! ¡Atráquele esa astilla, que el fuego se ha apagado!/ ¡Revuelva aquellas brasas y cebe bien amargo! ¡Alcance esa guitarra de cuerdas empolvadas,/ que tantas veces ella besó su diapasón!”.

    El tango tuvo su estreno en el porteñísimo teatro ‘Maipo’ durante una de las temporadas de ‘revistas’, a mitad de los años veinte del pasado siglo. ¡Quién vería a aquel gaucho melodramático, dirigiéndole toda la ristra de mandatos a la madre, reservándose para él, por toda faena, el empinarse el codo con la botella de caña! Y la pobre vieja –de acá para allá, como maleta de loco– sin saber si arrimarse al fogón, si ensillar el cimarrón, si atracarle la astilla al fuego y revolver las brasas, si alcanzarle la guitarra o arrancarle primero la cinta, si secarse las lágrimas, si volver a cebar al “amargo” o bien si –ya exhausta–, después de buscar un crespón para la guitarra, inclinarse, al fin, ante la Virgen…"

    En fin, sintetiza ahora Tomás, el Buenos Aires, sobre este tango: un "Trago Amargo"... ¡para la pobre vieja!,

    De paso: El músico Rafael Iriarte fue un laburante de la guitarra en el tango. Nacido en un barrio del sur porteño, su fogueo artístico se dio en los cafés con música de la calle Corrientes. Después, llegó el espaldarazo en los teatros ‘Nacional’ y ‘Apolo’, ‘Porteño’ y ‘Empire’. Iriarte acompañó a una galaxia de cancionistas y cantores como Saúl Salinas, Rosita Quiroga y Agustín Magaldi, también a Charlo, Ignacio Corsini y Libertad Lamarque. Por su inquietud y ojos vivos, a Iriarte lo apodaban ‘El rata’.

    -Fragmento de la nota de Isaac Otero en el sitio "Crónicas de la Inmigración", setiembre de 2016-


      2016-11-21 19:28:06  

    A Pablo Agri lo esperó un violín en la cuna y a los diez años le pidió a su papá que lo inscribiera en un conservatorio. Su papá fue, nada menos que el rosarino Antonio Agri, juntamente con Elvino Vardaro y Mario Franchini, los tres violinistas más importantes del tango.

    Destaca que hoy encuentra a "muchos jóvenes  buenos instrumentistas y compositores que toman el tango con la seriedad que merece y que siguen estudiando". En cambio, Pablo advierte que "no me gustan definitivamente las imitaciones, las orquestas que ´tocan como´, ¡eso no me gusta! Digo que hay que aprender todos los géneros pero no imitar a nadie" sentencia.

    Aclara que "empecé con la música clásica para diferenciarme de mi viejo... Nací en el 68, año que se estrenó la operita "María de Buenos Aires" de Piazzolla y mi viejo ya era muy popular. Pero sin duda lo mío es el tango desde la cuna, o antes de ella y, hasta hoy, mi mejor manera de expresarme es nuestra música". Tanto es así que tocó, por ejemplo, con Mariano Mores y Horacio Salgán pasando por Néstor Marconi, Susana Rinaldi y Osvaldo Berlingieri. Es integrante de la Orquesta Sinfónica Nacional desde 1992, tomó clases con el maestro Szymsia Bajour; fue becado por la Fundación Antorchas para estudiar en el Conservatorio Edgard Varese, en Francia. En el 99 fue violín solista del show "Tango argentino" en Broadway (Nueva York).

    Este año fue el músico argentino que tocó por primera vez tango en vivo en una de las siete maravillas del mundo, los palacios de la Alhambra en Andalucía, España. Además, junto a sus compañeros formaron junto a la orquesta de la Casa Argentina en París, integrada por una belga, tres franceses, cuatro argentinos, una japonesa, un chino, y una violinista rusa, todos jóvenes. "Esto nos dice claramente que el tango es universal y se toca en todos los idiomas" reflexiona finalmente este también joven, que aporta un violín de conservatorio consagrado a la música que identifica al país.

    -Esta nota toma fragmentos de un reportaje realizado por el diario "La Capital" de Rosario-.


      2016-09-21 19:58:17  

    Sergio Pujol es joven, filósofo, docente y con varios libros en su haber, investiga a las danzas sociales y concedió hace unos días una nota al diario "La Izquierda" donde afirma que la década del ´20 marcó un antes y un después de la cultura argentina marcada decididamente por la eclosíon del tango. Aquí la nota:

    Comienza Pujol señalando que recien a mediados de los años ´20 "tenemos a Gardel con un porcentaje dominante de tangos en su repertorio; viene de cantar estilos, milongas. Canta en esos momentos foxtrot, shimmy, alguna que otra rumba.  Por lo tanto no se puede decir que el tango a principios de los 20 fuera el epítome de lo argentino y de lo nacional. Más bien se va ganando ese lugar. Las críticas que se hacen al tango hasta el año 30 inclusive, no son tanto acerca de su supuesto origen prostibulario, de mala vida o pecaminoso, sino que es una música que no representa la totalidad de la Argentina. Es una música de puerto que se ha consolidado a partir del aporte inmigratorio decisivo en el lenguaje, tanto en las letras, con la presencia del lunfardo, como en la música.

    Lo mismo pasa con el samba en Brasil, con el son en Cuba. Hay un momento en que estas músicas, muchas con una fuerte impronta afro, se convierten en emblemas nacionales. Eso pasa entre los 20 y los 30. Pasan de ser músicas orilleras, con una fuerte connotación de clase, a representar al país. En ese tránsito depuran su forma pero hay algo de la condición de clase que queda. Y en un momento explota.

    Durante el peronismo explotó. Cuando Alberto Castillo canta “Qué saben los pitucos, lamidos y sushetas...” está retrotrayendo la historia del tango 20 o 30 años. Lo que les está diciendo a sus bailarines, a los que bailan con su música , es “ojo, sepan de dónde vienen ustedes, no se dejen engrupir, el tango es una danza de salón pero ojo que venimos de las orillas”. Es interesante cómo, en algún sentido, al tango nunca se lo domestica del todo.

    "En los ´20 el tango se come todo"

     A la vez los años 20 son la clausura de una época ahí ya nadie baila polka o mazurca muy populares en 1880 y 1890. En los 20, el tango se come todo. Se come esas danzas. No al jazz. Y en parte se las come, creo yo, porque aparece el tango canción. Si no hubiera aparecido, tal vez hubiéramos tenido todavía ese repertorio "variopinto" de danzas. 

    Además están los hijos de los inmigrantes para los años 20, que son más tangueros que los padres en muchos casos. Las historias de vida de esa generación, la de Piana, o la de De Caro, que era un poquito más grande, casi todas están marcadas por la brecha generacional.

    El muchacho que quiere formar una bandita de rock en los 60 tiene muchas similitudes con el muchacho que quiere tocar tango en los 20. Pero incluso el corte es más violento en los 20. Porque la familia en los años 60 ya no es tan autoritaria como la familia en los 20. Yo no conozco historias de hijos que hayan dejado de hablar con sus padres veinte años por querer formar una banda de rock. 

    Ya forma parte un poco del relato romántico del tango: el reencuentro del padre con el hijo consagrado, tocando tango con una orquesta de noventa profesores. Lo vemos en Canaro, en De Caro. La “gran orquesta”. Quizás el último representante de esa ambición clasicista en términos musicales sea Mariano Mores. Cuando lo entrevisté para el libro de Discépolo, Mores decía “sí, quise llevar el tango a un nivel superior, siempre quise elevar el tango”. Muchos de esos maestros podrían haberse dedicado tranquilamente a la música académica.

    En los 20 y 30 es muy fuerte el sinfonismo tanguero. En parte, por influencia de la música académica. En el jazz también se da con Paul Whiteman, eso de redimir la música orillera vistiéndola con las mejores galas. La música clásica es la gran música. En las entrevistas a los tangueros de esa época se ve que estaba la gran música y la música popular. El epígrafe que utilicé para el libro Cien años de música argentina es de Julio de Caro y dice “Mi deseo era que los conocimientos que había adquirido en el conservatorio se amoldaran a las emociones que había recibido en la calle”.

    ¿Cómo hacer para convertir la emoción de la calle en una música artística. No una música que sólo se baila, que acompaña las labores de los laburantes del Mercado de Abasto, que enamora a las chicas en su casa con la vitrola, sino una música que tenga un valor artístico sin olvidar esa emoción y ese arraigo?

     Rodolfo Valentino
    Con Rodolfo Valentino se afirma el star system y el latin lover. Que van a tener una prolífica trayectoria en la cultura de masas internacional. Efectivamente, los estrenos de Valentino causaban furor. No sólo en los varones, sobre todo en las mujeres. Hay un ídolo que atrae a las mujeres, que perturba a los varones, que genera incomodidad. Valentino baila tango, a su manera. Nosotros diríamos que lo hace “mal”. Pero, a la manera Valentino, lo baila y lo promociona a nivel mundial. Los argentinos de esta época son hijos de Valentino.

    La sexualidad en los años 20 también explota. Las flappers americanas con el cabello corto se suben el ruedo de las polleras. Las mujeres empiezan a tomar whisky, empiezan a fumar, en algunos países a votar. Esta revolución de las costumbres femeninas, del lugar de la mujer en la sociedad, de alguna manera está traccionada por artefactos culturales, y las películas de Valentino evidentemente cumplen un rol importante. 

     Si no se hubiera dado la tangomanía en los años inmediatamente anteriores a la Primera Guerra Mundial, si los criollos de Argentina no hubieran “hecho la América” en Europa y Estados Unidos dando clases de tango y no se hubiera producido esa expansión, Valentino hubiera bailado otro ritmo en la película.


      2016-09-16 04:12:05  

    Cristian Palomo es el campeón mundial de tango pista, coronado en el Festival y Mundial 2016 en Buenos Aires. En la danza comenzó por el folclore que bailló en la escuela para luego cantarlos en las peñas más cercanas. Hasta que conoció el tango y lo demás se transformó en entrañable recuerdo.

    “Argentina es la capital mundial del tango -afirma Cristian-, donde países de todo el mundo vienen a competir. Acá pocos saben que en otros países un festival lleva más de dos mil personas, pero no hay prensa de lo que pasa para que la gente se entere. Al tango la cultura no le da bolilla.

    “Buenos Aires tiene su encanto, tiene su magia, pararse en un cafecito y mirar por la ventana mientras hablas de fútbol. Todo es tango en Buenos Aires, pero se está perdiendo porque no hay apoyo a esta cultura. Veo pobre y mal al tango por estos tiempos en Argentina. Hay muchas casas de tango que están conectadas con las agencias de turismo para poder subsistir y otras van cerrando” comenta el bailarín.

     Si bien la idea de dedicarse al baile siempre estuvo presente, su primer contacto con el  tango “le voló la cabeza” y empezó a prepararse tomando clases y metiéndose en el circuito milonguero, reemplazando cada vez más horas en su lubricentro que al poco tiempo decidió cerrar porque no era feliz ahí y si lo sería bailando: “no había tenido la valentía de jugarme, pero dije: lo hago ahora o nunca".

    El primer abrazo a la milonga fue hace cuatro años cuando conoció a Melisa Sacchi su pareja de baile, con la que generó una conexión que los llevó a ganar el Metropolitano y el subcampeonato mundial el año pasado, en la antesala de lo que fue su consagración semanas atrás en una performance sentida y prolija. “Con Meli venimos trabajando hace cuatro años muy fuerte y yo con un abrazo sé cuando está triste, cuando está alegre, cuando quiere bailar, cuando no quiere bailar. Hay una energía continua. Si los dos nos abrazamos es porque tenemos ganas de bailar, ya hay un deseo; sumado a la complicidad que tiene ese abrazo; a la magia y el encanto que tiene el tango que genera un ambiente”, señala Cristian.

    Admira los bailarines con mucha presencia como Juan Corvalán y Juan Pablo Horvath de Forever Tango, a los artistas que dejan el alma en lo que hacen: su interpretación, como la de Adrián Guida en la orquesta de Pugliese y Carlos Gari de la de Leopoldo Federico. Y pensado en otros se define él, él y su pareja, tomando estas cualidades de las que habla.

    Para los dos el tango es una pasión, un entretenimiento, y un medio de vida que se resume en distintas presentaciones y participaciones estables, aquí y en el exterior, que con el campeonato ganado se multiplicarán. De hecho ya piensan en terminar los tres últimos meses del año en Asia y en empezar los tres primeros del siguiente en Europa, cuestiones que dejaron de ser proyectos y se transformaron en realidad.

    Si bien Cristian sostiene que si uno vive de lo que le gusta, no es trabajar; reconoce que tanto empezar como mantenerse en el sendero artístico es complejo y que naturalmente termina siendo el exterior el lugar para muchos maestros y para todos los profesionales con aspiraciones y ansias de tranquilidad económica.

     

     


      2016-09-13 17:22:29  

    Con la presencia del jefe de gobierno, Horacio Rodríguez Larreta y del ministro de cultura, Angel Mahler, al que siguió un concierto que reunió en la Usina del Arte al violinista Fabián Bertero junto a cuatro vocalistas de reconocida trayectoria como Hugo Marcel, Chico Novarro, Néstor Fabián y Carlos Paiva, comenzó una nueva edición del Festival Mundial de Tango de la ciudad de Buenos Aires.

    La cita de tango porteña, convertida en el principal festival de la ciudad por convocatoria y repercusiones y el encuentro tanguero número uno del mundo, comprende un festival puramente musical y un Mundial de baile en las categorías salón y escenario, con finales en el Luna Park.

    El Festival y Mundial, que este año estrena nuevo director artístico en la figura del presidente de la Academia Nacional del Tango, Gabriel Soria, se extenderá en esta nueva edición a 42 sedes y diversas milongas, abarcando toda la geografía de la ciudad, hasta el próximo miércoles 31 de agosto.

    Más de 140 parejas extranjeras, de procedencias tan diversas como el lejano Oriente, Europa central, América del Sur y Centroamérica, junto a 400 binomios locales, tomarán parte de las competencias de baile, que ofrecerá sus rondas finales en el Luna Park el 30 y 31 de agosto, con María Graña y Esteban Morgado, junto a Franco Luciani, tocando en vivo el primer día para la ronda definitoria de Tango Salón; y a la orquesta El Arranque con Kevin Johansen durante el segundo, para la final de Tango Escenario.

    "Varios ejes confluyeron este año para pensar el festival, uno fue la diversidad del mundo musical de Horacio Salgán, que este año cumplió 100 años y que tendrá un homenaje a través de conciertos que recorren su obra desde disintas vertientes e incluso miradas musicales como el jazz, con artistas como Paula Schocron y Francisco Lo Vuolo; el folclore con Hilda Herrera o el tango mismo, con músicos como Cristian Zárate y Nicolás Ledesma", destacó Gabriel Soria en charla con Télam.

    El Director Artístico del festival señaló también que otro de los ejes que recorre esta edición es "el cruce y la mezcla de generaciones, que es una de las marcas del tango que se hace hoy en Buenos Aires y uno de los signos más alentadores de su permanencia y vitalidad".

    "También hay un homenaje al tango canción y los cantores, hecho que se pone de manifiesto en la gala de apertura del festival, que está en consonancia con los 100 años de la creación de "Mi noche triste" (considerado el primer tango canción), que Pascual Contursi compuso en 1916 y Gardel grabó en 1917", destacó Soria.

    "Es alentador que el festival pueda mostrar este panorama del tango donde los grandes maestros, algunos de 80 o 70 años incorporan en sus propios conjuntos jóvenes que a veces no tienen ni 20 años, como el caso de la orquesta de Ernesto Franco, un bandoneonista de 87 años cuyo cantante tiene menos de 20, y que con mayor o menor rango se repite en casi todas las formaciones orquestales".

    Soria destacó que a comienzos de los 90 lentamente la juventud volvió a volcarse al tango, primero a través del baile y luego de los instrumentistas y que en la actualidad "estamos en el momento de mayor explosión de toda esta nueva generación que está creando, tocando e, incluso, componiendo, un área no menor que es, quizás, la másdifícil".

    Maestros como Walter Ríos, Daniel Binelli, Néstor Marconi, José Colángelo y Raúl Garello ofrecerán conciertos en la Usina del Arte en los que estarán tocando sus propias composiciones, en uno de los momentos importantes del festival, que este año suma clínicas a cargo de figuras destacadas.

    "Las clínicas se dan por primera vez y son encuentros con grandes maestros que vivieron de primera mano distintas cuestiones relativas a la historia del tango que te las cuentan en persona", destaca Soria, y cuenta que Raúl Garello dará una sobre orquestaciones y arreglos; Atilio Stampone sobre el modo como fue concibiendo su obra; Amelita Baltar sobre canto; Horacio Avilano sobre guitarra y José Colángelo sobre estilo.

    "Son tipos de inmensa trayectoria que estuvieron ahí y te entregan información imposible de conocer si no es a través de ellos de primera mano", destaca Soria.

    En otro de sus momentos destacados, el festival contará con dos rescates históricos, uno de ellos dedicado a la orquesta del 46 de Astor Piazzolla, su primera típica, a 60 años de su debut y con dirección del bandoneonista Daniel Binelli. Aunque los conciertos principales se desarrollarán con entrada libre y gratuita en la Usina del Arte, del barrio de La Boca, el festival tendrá 42 sedes alternativas, que abarcan toda la geografía de la ciudad y que incluye lugares como el Anfiteatro Eva Perón de Parque Centenario, el Teatro 25 de Mayo de Villa Urquiza, el Espacio Cultural Adán Buenosayres de Parque Chacabuco, el bar La Academia, el Polideportivo de Villa Lugano, la esquina Homero Manzi de San Juan y Boedo, y diez milongas.

    Hacia el final y en otro de los momentos cumbre de esta edición se desarrollará la presentación de la operita "María de Buenos Aires" en el Colón el lunes 29 a las 20, la primera que se realiza en el máximo coliseo argentino de esta obra de Piazzolla-Ferrer creada en 1968.

    El Sexteto Mayor, las orquestas de Nicolás Ledesma, Víctor Lavallén y la Escuela Emilio Balcarce, junto con el dúo Mainetti-Angeleri, Bernardo Baraj, Patricia Barone, Raúl Lavié y Antonio Tarragó Ros son otros de los artistas que participarán del festival.

    Todos los conciertos serán todos con entrada libre y gratuita.

    Fuente: Télam