"A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires: La juzgo tan eterna como el agua y como el aire."
Jorge Luis Borges en "Fundación Mítica de Buenos Aires"

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Del escriba

Letras de la ciudad

En la milonga ya es muy tarde, muchos se han ido, por lo que el salón no oculta nada. Y Tomás alcanzó a pispear la escena.

En un rincón del salón ella embolsó sus hermosos zapatos rojos de tango y, con el saco ya abotonado, colgó la cartera del hombro y empezó a caminar rápido buscando la salida. Parece querer ganar tiempo a la madrugada que hace unas cuantas horas se instaló.

Desde el otro costado del lugar, él busca la salida enfundado en su saco compadrón, el cuello levantado. Zapatos de tango: negros, taco francés, lisos en gamuza negra. Ya ojeó el hueco del infaltable cortinado de colores y texturas fuertes que, ocultando la puerta, parece resguardar a la milonga de las ansiedades de la calle.

En eso estaban cuando de golpe, irrumpe en los amplificadores, punzando hasta el último rincón de la milonga, la orquesta de Lucio Demare derramando “Oigo tu voz”. Canta, Raúl Berón.

Los dos que buscan la salida coinciden y no casualmente en la mirada. Y en fracción de segundo se transmiten el mismo mandato. Él, sin dejar de mirarla, hace girar el dedo índice que sale del puño apuntando hacia abajo. Ella sonríe. Deja la cartera y la bolsa con los zapatos sobre la mesa más cercana. Él gambetea un par de mesas y se instala en la pista donde la espera.

Enfundados en los sacos que se habían calzado para ganar la calle, hombre y mujer se abrazan en tango. Alguna de las pocas parejas que a esa última hora de la milonga quedan en la pista, junaron el movimiento y sonríen. Los dos retornados, comienzan a bailar.

Y no hay incomodidad ni molestias. La pasión del tango, no se detiene por ropajes.

La voz, en rara mezcla melódica y de melancolía de Berón, el cantor, y el paisaje romántico que propone la orquesta de Demare, derraman dulzura mientras la melodía se desgrana. Chan, chan.

Los dos se sueltan, un beso en la mejilla de uno y de otro. No se dan las gracias por el momento vivido, están sobreentendidas.

Ahora sí, encaran hacia la salida. Ella apura a rescatar sus cosas de la mesa y cruza la puerta para en la calle abordar el taxi, ya semidormido de esperar clientes. Él, enciende un cigarrillo. Aspira la primera bocanada y retoma la costumbre de cancherear levantando el cuello del saco mientras empieza a caminar, lentamente, su retorno en la madrugada. La claridad del día asoma muy tímidamente. Adentro, la milonga tiene los minutos contados. Hasta Tomás, se las toma.

“El Tambito” es el último reducto histórico del tango que casi ciento cincuenta años después, resiste el abandono en la ciudad donde nació el tango. Está clausurado y olvidado sobre la calle Adolfo Berro, entre las avenidas Sarmiento y Casares, bosques de Palermo. El Tambito es un chalet contiguo al Jardín Japonés y único local moribundo pero en pie del glamoroso circuito tanguero que en Palermo armaban a fines del 1800, Lo de Hansen –frente al Planetario-, el Velódromo, atrás de éste y “El Tambito”.

Centro de reunión que, como los palermitanos de esa época, convocó una muy rara mistura de pitucos y malevos del tango, las orquestas de la Guardia Vieja fueron una de las atracciones del lugar. Otras fueron, además del hecho social, el baile, el alcohol, el lance, el negocio del sexo y el coraje en dosis suficientes como para cruzarse en duelo cuando una ofensa asociaba pelar el cuchillo desde la cintura. Entre otras, son estas historias de malevos de cuchillo de “El Tambito” las que deslumbraron a Jorge Luis Borges con su juego olor sangre de provocaciones y valentías.

También llamado El Tambo –eso fue en su origen-, o Kiosco Casares y hasta Café francés, es uno de los locales que hacen la historia del tango rescatando tiempos del 1870 hasta el comienzo del siglo siguiente. En el local actuaron orquestas de la talla de Ernesto Poncio en violín, el "Ciego" Aspiazu en guitarra y el "Tano" Vicente en flauta, entre otros que escribieron la antología de los años bravos de la música de la ciudad.

El músico Antoliano Rojas peticionó a las autoridades nacionales y porteñas del área de cultura para que recuperen el lugar. "Hace unos años se salvó el edificio –dijo Rojas en su petición-. Pero no alcanzó y antes de que se lo 'morfen' las palomas, literalmente hablando, ¡faltaría devolverle su memoria de tango! Que el organismo correspondiente lo ponga en funcionamiento, y que circulen los músicos de tango que van siendo cada vez más", se queja.

Rojas recordó que en 2009 la Ciudad descubrió durante una excavación en Palermo, los cimientos del café Hansen y el Ministerio de Cultura de la Ciudad expuso "reliquias" del lugar como monedas, botellas de vino y ginebra inglesa y cubiertos. Durante el hallazgo, la oficina de Patrimonio Histórico de la Ciudad afirmó que "queremos rescatar el circuito del tango porque patrimonio cultural es todo. Y es una oportunidad para conformar éste, como un lugar para promover jóvenes talentos de esta música". Parece que se olvidaron.

Para la historia: en octubre de 1877 se firmó el convenio entre la Comisión Auxiliar del Parque Tres de Febrero (Palermo) y Casares, un industrial lácteo. Casares se comprometió a pagar el alquiler mensual por un terreno de 40 varas de frente sobre la avenida Sarmiento y 40 varas de fondo sobre el camino de los Paraísos, por cinco años, donde levantó "El Tambito". Después, el arrendamiento se transfirió a la firma Constan & Fernán y Cía.

Abandonado y clausurado, el chalet que congregó a artistas, prostitutas y niños bien de la sociedad porteña en busca de aventura y diversión es, desde hace décadas, presa del sol, la lluvia, el calor y el frío. Tristemente, palomas, bichos y mugre han ocupado el lugar de las guitarras, las flautas y violines que protagonizaron la iniciación del tango como género musical.

En el libro Recuerdos del 900, Federico Lastra cita estos versos:

Las biabas que habré pegado
en los bailongos de antaño,
como que en mis mozos años
me tenían por pesado.

¡Los burdeles que habré armado
En El Tambo y lo de Tarana.

Cuando me daba la gana
hacía parar la orquesta,
armándose cada gresca,
que terminaba en la cana.

Un hecho de sangre convirtió en difunto también al lugar. En una pelea de patotas entre malevos y "niños bien"-"A los hombres les sucede matar", decía Borges-, fue muerto de una puñalada un joven de 22 años y "buena" familia: Juan Carlos Argerich. El agresor fue José Traverso, uno de los dueños del café O´Rondeman del Abasto, donde cantaba Carlos Gardel. Por esta muerte, ocurrida una noche de diciembre de 1901, la autoridad cerró las puertas de El Tambito.

Para sumarse a la petición de recuperar el lugar buscá en Internet “Salvar al Tambito” y poné tu firma-.

-Esta nota corresponde a un segmento del ciclo radial de "Tomás Buenos Aires", que se emite los sábados de 17 a 19 por la AM 830 Radio Del Pueblo-

Tomás, se quedó sin milonga el jueves, el viernes, y seguramente el domingo. Hoy, sábado a la noche va a hacer el esfuerzo de dejar la piecita de Ramos Mejía adentro, para llegarse a Cánning y bailarse unos tanguitos. ¡Es sábado a la noche che!

Y se quedó sin milonga porque encima que ya son caras, cada vez más prohibidas para los de bolsillo nacional y popular, el agua le llegó a la pieza de madrugada: apenas unos centímetros a él pero suficientes para estropear unas cuantas cosas, menos mal que se salvaron la heladera, la tele, el equipo de música, los documentos, la platita y el colchón... El barrio donde vive se inundó con las tormentas del domingo y lunes pasado como casi medio conurbano bonaerense. Así que perdió el día de trabajo del lunes y del martes en que se quedó de guardia en la pieza por si el agua subía más… Su bolsillo enflaqueció sin solución.

No le quedó otra que darle a la tele mientras secaba ropa al buen sol y al aire. Tomás, que vive con la filosofía aprendida en la gayola de los muchachos que están ahí por ser más rápidos que nadie en la avivada, no pudo menos que apagar el aparato en medio de una puteada cuando funcionarios bien arropados ponían cara de circunstancia frente a las cámaras contemplando mapas de desastre. Después de no haber hecho nada para ahorrar sufrimientos a quienes han confiado en ellos al darles el voto… Total le tiran al pobrerío unos mangos… de crédito con tasa de interés… y dormimos tranqui.

¡Mentira, no sienten nada! Están abrigados, limpitos, a cubierto, con guardaespaldas, atendidos en los mejores sanatorios, con dinero de la gente que manejan a discreción… Se enojan cuando los periodistas preguntan… Y cómo no se van a enojar si no tienen idea de lo que se sufre al chapalear en el barro, de la mugre que hay que limpiar después de haber perdido todo. Y más de una vez perdido todo… Encima ocultan la cifra de afectados, cuando no de muertos por una calamidad de que tiene parte esencial de la responsabilidad. ¿Y si para llegar a funcionarios estuvieran obligados a hacer un curso de media docena de sufrimientos por catástrofe para aprender que es cierto que los zapatitos blancos no sirven para caminar en los barriales y los charcos? Menos mal que la gente es mansa.

Tomás, se va al fondo de la piecita a mirar que la ropa no se vuele mientas se seca o que, también, no se la afanen los muchachos que la saben lunga que no pasa nada, que saben que en la calle mandan ellos… Si lo sabe Tomás… que fue en cana por menos de la mitad de lo que hoy pasa en la lleca...

Pero todo deja algo. Y Tomás, con su filosofía tumbera de las cosas basada en aquello de que “mejor que decir es hacer”, vuelve a medir la altura del agua, las pérdidas, el triste paisaje marítimo de los barrios inundados donde los botes toman el lugar de los autos. Esa, esa, es la medida del verso que le tiran a la gente. Menos mal que la gente es mansa...

Sábado a la tarde. Tomás, camina tangamente por la ciudad. Despacio, abstraído y al tranco de un tango que resuena dentro suyo reflejamente. Camina con tiempo para tomarse el tiempo  de mirar a Buenos Aires y descubrir sus ofrendas y secretos de gran ciudad, ciudad que se sabe referente de este lejano lugar del mundo. Tomás, se toma los pliegues y recovecos de Buenos Aires, para clavárselos, para impregnarse de esos rincones.

Esta vez viene de Barrio Norte, que no es un barrio como lo marca posta el mapa de la ciudad: Palermo y Recoleta se enciman sobre lo que los porteños de siempre, de siempre, llaman Barrio Norte.

Es que estos nombres de la ciudad no se cambian así nomás. ¿No te pasa con las calles a las que les han viruleado el nombre? Años y años que pasan y a uno le cuesta renombrarlas. Tenés que nacer después de ese cambio para que te quede. 

Barrio Norte, paquete, pituco, este pedazo de la ciudad. Avenidas elegantes… Santa Fe, Las Heras, Alvear, Coronel Díaz… Tomás, muchacho del tablón en la cancha, no deja sorprenderse por las fachadas de mármol y piedra de los edificios de departamentos y sus pesados portones con forjado artístico. Él, medio oficial herrero, sabe valorar el trabajo que a base de fragua hace dócil a ese tosco metal: hoy inalcanzable si se debe pagar esa artesanía que casi se ha perdido, a no ser algún antiguo herrero de oficio como el de la esquina de Cucha Cucha y Juan Agustín García, allá en La Paternal…

Tomás siente extraña esa geografía a la que nunca lo llevaron de pibe y la que, de grande, estuvo aparte de su vida cargada de pobreríos y urgencias. Manya que las miradas de los canas y los porteros desnudan su piné proletario al verlo caminar…  -Y ustedes –dice para su adentro Tomás- ¿quiénes se creen que son che?, si no fuera por su laburo no se diquearían acá…, igual que yo…-.

Si supieran que lo que hoy es Barrio Norte, fue proletario con lavanderas al costado de los charcos, con sus corrales sembrados de bosta al nacer la ciudad. Cuando Barracas, sí Barracas, era el barrio bacán. Un día te lo cuenta Tomás, otro día te lo cuenta. 

Avenida Santa Fe… oleadas de gente en las veredas y de colectivos sobre los asfaltos. Cafés y restoranes con manteles blancos y servilletas primorosamente dobladas dentro de las copas…, mejor seguí tu ruta Tomás, bolsillo de medio oficial herrero da sólo para la parrillita de Ramos Mejía...

Pero ojo... si este no es tu paisaje acostumbrado, es también una parte de tu ciudad que no conociste hasta ahora, con más de treinta pirulos en el carretel. Pero es tan Buenos Aires, como el Caballito de casas petisas y ferrocarril donde naciste o los empedrados de Barracas, donde laburás. Tomás sigue caminando para deslumbrarse con su ciudad, sea cual sea el barrio. Tangamente.

-Foto: plaza Vicente López, Recoleta, o barrio norte que le dicen-

El 20 de Marzo de 1890 dejaron en la Casa de Expósitos un bebé que, se suponía, era nacido tres semanas antes. La gente del hospicio le puso Benito Juan al bautizarlo el día de San Benito Abad, 21 de marzo. También lo anotaron con el apellido Martín, Benito Juan Martín. Ocho años después, el 16 de noviembre de 1897 lo adoptó el matrimonio de Manuel Chinchella y Justina Molina y lo llevaron a su casa en la Boca del Riachuelo. Ese chico pasaría toda su vida en ese lugar. Cursó dos grados de la primaria y el padre lo llevó a trabajar con él: cargar carbón.

El padre de Benito renegaba de esa inclinación a lo artístico, a la pintura, de su hijo: descuidaba el trabajo en el puerto. Y Benito, para colmo, usaba el carbón para dibujar y pintar, en papel y, si no había otra, en las paredes que se le cruzaban al paso de su inspiración.

Las peleas entre padre e hijo se hicieron frecuentes hasta que un día, para pena de Justina, la madre, el joven pintor cazó su mono y se fue del hogar. Aunque sin dejar el trabajo en el puerto: tenía que morfar. Pero ahora sin imposiciones, dedicaba más tiempo a la pintura que al carbón y se mantenía a mate cocido y galletas marineras. El maestro italiano Alfredo Lázzari fue su único maestro. Completó su formación en la biblioteca del Sindicato de Caldereros.

Cruzó el Riachuelo y se fue a vivir a la Isla Maciel, donde se juntó con chorros y otros malandras. No se sintió incómodo. Conoció cómo se enseñaba a punguear y códigos de honor y solidaridad entre ladrones que adoptó para vivir. Armó su taller de pintura en altillos y hasta a bordo del “Hércules”, un barco que se oxidaba en el cementerio de la Vuelta de Rocha. Pero volvió a su casa: lo llamaba la madre: "si no te gusta el carbón, búscate un empleo del gobierno".

Pero el trabajo duro y la mala alimentación y se habían cobrado el precio: en 1912 le diagnostican tuberculosis y lo mandan a Córdoba a buscar mejores aires. No perdió el tiempo mientras se recuperaba: pintó paisajes serranos. Volvió a los seis meses curado y convencido que debía pintar, como decía Rodin, su aldea: la Boca del Riachuelo.

Por el barrio andaba otro joven, más difícil que él y de carácter áspero, Juan de Dios Filiberto, pocos años mayor. Fueron amigos de por vida. La Calle Caminito reúne al compositor del tango y al pintor del barrio. Cada cual siguió su vida, uno creando tangos, el otro creando pinturas que reflejaron como nadie, como nadie podía sentirlo, el paisaje proletario de La Boca de los barcos, los astilleros y las fábricas al costado del Riachuelo.

Quinquela Martín trabajó con espátula, de difícil técnica en la pintura. Sus cuadros son cargados como las espaldas de los estibadores que retrató, arduos de imágenes, vigorosos, con colores que son el barrio de La Boca. Que la firma de Quinquela adjudicó a La Boca. Y de cargar carbón, pasó a la historia del arte plástico argentino.

El Museo Escuela Pedro de Mendoza, que promovió y se inauguró el 19 de julio de 1936 es una escuela primaria y de arte donde antes hubo una fonda que tuvo a su madre, Justina Molina, cuando llegó a Buenos Aires desde Entre Ríos. En esas paredes quedó inmortalizado su arte en dieciocho murales. Desde 1938 en el Museo Escuela funciona el Museo de Artistas Argentinos. En la Sala Sívori, se realizan exposiciones de grandes maestros del arte argentino y artistas nuevos. En lo que fuera su vivienda y atelier funciona la Casa-Museo Benito Quinquela Martín, donde se exhiben sus obras y objetos personales, avenida Pedro de Mendoza 1835 de Buenos Aires.

El 14 de enero de 1972 se firmó en el Consejo Superior de la UBA la resolución que designó a Benito Quinquela miembro honorario de esa casa de estudios. La resolución expresó que el artista “ha honrado y honra con su obra a la cultura argentina y al hombre de nuestro país, y es ejemplo de toda una vida dedicada al arte, a la promoción de la cultura y a la misión de servicio".

Quinquela consideraba que la creación artística surge de cabezas deschavetadas. Por eso creó la Orden del Tornillo, que cada año se entregaba a una figura destacada de Argentina, que reuniera esa condición… que le faltara un tornillo.

Con anticipación decoró Quinquela su ataúd. En el interior pintó la bandera argentina, porque quería descansar directamente sobre la madera y el símbolo patrio. Pidió ser sepultado, pero su esposa lo llevó a un nicho, en Chacarita. Después de unos años, se le hizo un mausoleo, al lado del de Luis Sandrini. Cuando lo trasladaron, el féretro estaba destruido por una filtración y hubo que cambiarlo. El dueño de la cochería que lo veló se llevó del viejo una manija de recuerdo y el administrador del Cementerio pidió permiso para llevarse la parte de la tapa, donde Quinquela había pintado un barco."

 

Noticias

      2016-11-24 20:18:14  

     "Trago amargo alcanzó el éxito el día de su estreno en 1925 con la letra de Julio Navarrine (1889-1966) y la música de Rafael Iriarte (1890-1961). ¡Esplendorosa época del tango-canción! “Lealmente, ´Trago amargo´ no era un tango de excepción, sino simplemente un tango exitoso. Su letra es de un tinte melodramático campero, de fácil sentimentalismo. La mejor virtud de su música era no alardear de ninguna: dejar que la opinión del oyente reafirmara su origen: ‘el tango de un guitarrero’. También queda dicho que era ´un sencillo y bien sonante tango´, según el sin par Francisco García Jiménez en su insoslayable libro ´Así nacieron los tangos´, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1980.

    Si reflexionamos acerca de los versos de Navarrine, quien junto a su hermano Alfredo fue un admirable propulsor de los primerísimos cuadros folclóricos teatrales –y autores ambos de sendos tangos muy celebrados por el público–, habrá que resaltar cómo se habían condicionado al tema musical merced a una especial puja de frases imperativas: “¡Arrímese al fogón, viejita, aquí a mi lado!/ ¡Ensille un cimarrón, para que dure largo! ¡Atráquele esa astilla, que el fuego se ha apagado!/ ¡Revuelva aquellas brasas y cebe bien amargo! ¡Alcance esa guitarra de cuerdas empolvadas,/ que tantas veces ella besó su diapasón!”.

    El tango tuvo su estreno en el porteñísimo teatro ‘Maipo’ durante una de las temporadas de ‘revistas’, a mitad de los años veinte del pasado siglo. ¡Quién vería a aquel gaucho melodramático, dirigiéndole toda la ristra de mandatos a la madre, reservándose para él, por toda faena, el empinarse el codo con la botella de caña! Y la pobre vieja –de acá para allá, como maleta de loco– sin saber si arrimarse al fogón, si ensillar el cimarrón, si atracarle la astilla al fuego y revolver las brasas, si alcanzarle la guitarra o arrancarle primero la cinta, si secarse las lágrimas, si volver a cebar al “amargo” o bien si –ya exhausta–, después de buscar un crespón para la guitarra, inclinarse, al fin, ante la Virgen…"

    En fin, sintetiza ahora Tomás, el Buenos Aires, sobre este tango: un "Trago Amargo"... ¡para la pobre vieja!,

    De paso: El músico Rafael Iriarte fue un laburante de la guitarra en el tango. Nacido en un barrio del sur porteño, su fogueo artístico se dio en los cafés con música de la calle Corrientes. Después, llegó el espaldarazo en los teatros ‘Nacional’ y ‘Apolo’, ‘Porteño’ y ‘Empire’. Iriarte acompañó a una galaxia de cancionistas y cantores como Saúl Salinas, Rosita Quiroga y Agustín Magaldi, también a Charlo, Ignacio Corsini y Libertad Lamarque. Por su inquietud y ojos vivos, a Iriarte lo apodaban ‘El rata’.

    -Fragmento de la nota de Isaac Otero en el sitio "Crónicas de la Inmigración", setiembre de 2016-


      2016-11-21 19:28:06  

    A Pablo Agri lo esperó un violín en la cuna y a los diez años le pidió a su papá que lo inscribiera en un conservatorio. Su papá fue, nada menos que el rosarino Antonio Agri, juntamente con Elvino Vardaro y Mario Franchini, los tres violinistas más importantes del tango.

    Destaca que hoy encuentra a "muchos jóvenes  buenos instrumentistas y compositores que toman el tango con la seriedad que merece y que siguen estudiando". En cambio, Pablo advierte que "no me gustan definitivamente las imitaciones, las orquestas que ´tocan como´, ¡eso no me gusta! Digo que hay que aprender todos los géneros pero no imitar a nadie" sentencia.

    Aclara que "empecé con la música clásica para diferenciarme de mi viejo... Nací en el 68, año que se estrenó la operita "María de Buenos Aires" de Piazzolla y mi viejo ya era muy popular. Pero sin duda lo mío es el tango desde la cuna, o antes de ella y, hasta hoy, mi mejor manera de expresarme es nuestra música". Tanto es así que tocó, por ejemplo, con Mariano Mores y Horacio Salgán pasando por Néstor Marconi, Susana Rinaldi y Osvaldo Berlingieri. Es integrante de la Orquesta Sinfónica Nacional desde 1992, tomó clases con el maestro Szymsia Bajour; fue becado por la Fundación Antorchas para estudiar en el Conservatorio Edgard Varese, en Francia. En el 99 fue violín solista del show "Tango argentino" en Broadway (Nueva York).

    Este año fue el músico argentino que tocó por primera vez tango en vivo en una de las siete maravillas del mundo, los palacios de la Alhambra en Andalucía, España. Además, junto a sus compañeros formaron junto a la orquesta de la Casa Argentina en París, integrada por una belga, tres franceses, cuatro argentinos, una japonesa, un chino, y una violinista rusa, todos jóvenes. "Esto nos dice claramente que el tango es universal y se toca en todos los idiomas" reflexiona finalmente este también joven, que aporta un violín de conservatorio consagrado a la música que identifica al país.

    -Esta nota toma fragmentos de un reportaje realizado por el diario "La Capital" de Rosario-.


      2016-09-21 19:58:17  

    Sergio Pujol es joven, filósofo, docente y con varios libros en su haber, investiga a las danzas sociales y concedió hace unos días una nota al diario "La Izquierda" donde afirma que la década del ´20 marcó un antes y un después de la cultura argentina marcada decididamente por la eclosíon del tango. Aquí la nota:

    Comienza Pujol señalando que recien a mediados de los años ´20 "tenemos a Gardel con un porcentaje dominante de tangos en su repertorio; viene de cantar estilos, milongas. Canta en esos momentos foxtrot, shimmy, alguna que otra rumba.  Por lo tanto no se puede decir que el tango a principios de los 20 fuera el epítome de lo argentino y de lo nacional. Más bien se va ganando ese lugar. Las críticas que se hacen al tango hasta el año 30 inclusive, no son tanto acerca de su supuesto origen prostibulario, de mala vida o pecaminoso, sino que es una música que no representa la totalidad de la Argentina. Es una música de puerto que se ha consolidado a partir del aporte inmigratorio decisivo en el lenguaje, tanto en las letras, con la presencia del lunfardo, como en la música.

    Lo mismo pasa con el samba en Brasil, con el son en Cuba. Hay un momento en que estas músicas, muchas con una fuerte impronta afro, se convierten en emblemas nacionales. Eso pasa entre los 20 y los 30. Pasan de ser músicas orilleras, con una fuerte connotación de clase, a representar al país. En ese tránsito depuran su forma pero hay algo de la condición de clase que queda. Y en un momento explota.

    Durante el peronismo explotó. Cuando Alberto Castillo canta “Qué saben los pitucos, lamidos y sushetas...” está retrotrayendo la historia del tango 20 o 30 años. Lo que les está diciendo a sus bailarines, a los que bailan con su música , es “ojo, sepan de dónde vienen ustedes, no se dejen engrupir, el tango es una danza de salón pero ojo que venimos de las orillas”. Es interesante cómo, en algún sentido, al tango nunca se lo domestica del todo.

    "En los ´20 el tango se come todo"

     A la vez los años 20 son la clausura de una época ahí ya nadie baila polka o mazurca muy populares en 1880 y 1890. En los 20, el tango se come todo. Se come esas danzas. No al jazz. Y en parte se las come, creo yo, porque aparece el tango canción. Si no hubiera aparecido, tal vez hubiéramos tenido todavía ese repertorio "variopinto" de danzas. 

    Además están los hijos de los inmigrantes para los años 20, que son más tangueros que los padres en muchos casos. Las historias de vida de esa generación, la de Piana, o la de De Caro, que era un poquito más grande, casi todas están marcadas por la brecha generacional.

    El muchacho que quiere formar una bandita de rock en los 60 tiene muchas similitudes con el muchacho que quiere tocar tango en los 20. Pero incluso el corte es más violento en los 20. Porque la familia en los años 60 ya no es tan autoritaria como la familia en los 20. Yo no conozco historias de hijos que hayan dejado de hablar con sus padres veinte años por querer formar una banda de rock. 

    Ya forma parte un poco del relato romántico del tango: el reencuentro del padre con el hijo consagrado, tocando tango con una orquesta de noventa profesores. Lo vemos en Canaro, en De Caro. La “gran orquesta”. Quizás el último representante de esa ambición clasicista en términos musicales sea Mariano Mores. Cuando lo entrevisté para el libro de Discépolo, Mores decía “sí, quise llevar el tango a un nivel superior, siempre quise elevar el tango”. Muchos de esos maestros podrían haberse dedicado tranquilamente a la música académica.

    En los 20 y 30 es muy fuerte el sinfonismo tanguero. En parte, por influencia de la música académica. En el jazz también se da con Paul Whiteman, eso de redimir la música orillera vistiéndola con las mejores galas. La música clásica es la gran música. En las entrevistas a los tangueros de esa época se ve que estaba la gran música y la música popular. El epígrafe que utilicé para el libro Cien años de música argentina es de Julio de Caro y dice “Mi deseo era que los conocimientos que había adquirido en el conservatorio se amoldaran a las emociones que había recibido en la calle”.

    ¿Cómo hacer para convertir la emoción de la calle en una música artística. No una música que sólo se baila, que acompaña las labores de los laburantes del Mercado de Abasto, que enamora a las chicas en su casa con la vitrola, sino una música que tenga un valor artístico sin olvidar esa emoción y ese arraigo?

     Rodolfo Valentino
    Con Rodolfo Valentino se afirma el star system y el latin lover. Que van a tener una prolífica trayectoria en la cultura de masas internacional. Efectivamente, los estrenos de Valentino causaban furor. No sólo en los varones, sobre todo en las mujeres. Hay un ídolo que atrae a las mujeres, que perturba a los varones, que genera incomodidad. Valentino baila tango, a su manera. Nosotros diríamos que lo hace “mal”. Pero, a la manera Valentino, lo baila y lo promociona a nivel mundial. Los argentinos de esta época son hijos de Valentino.

    La sexualidad en los años 20 también explota. Las flappers americanas con el cabello corto se suben el ruedo de las polleras. Las mujeres empiezan a tomar whisky, empiezan a fumar, en algunos países a votar. Esta revolución de las costumbres femeninas, del lugar de la mujer en la sociedad, de alguna manera está traccionada por artefactos culturales, y las películas de Valentino evidentemente cumplen un rol importante. 

     Si no se hubiera dado la tangomanía en los años inmediatamente anteriores a la Primera Guerra Mundial, si los criollos de Argentina no hubieran “hecho la América” en Europa y Estados Unidos dando clases de tango y no se hubiera producido esa expansión, Valentino hubiera bailado otro ritmo en la película.


      2016-09-16 04:12:05  

    Cristian Palomo es el campeón mundial de tango pista, coronado en el Festival y Mundial 2016 en Buenos Aires. En la danza comenzó por el folclore que bailló en la escuela para luego cantarlos en las peñas más cercanas. Hasta que conoció el tango y lo demás se transformó en entrañable recuerdo.

    “Argentina es la capital mundial del tango -afirma Cristian-, donde países de todo el mundo vienen a competir. Acá pocos saben que en otros países un festival lleva más de dos mil personas, pero no hay prensa de lo que pasa para que la gente se entere. Al tango la cultura no le da bolilla.

    “Buenos Aires tiene su encanto, tiene su magia, pararse en un cafecito y mirar por la ventana mientras hablas de fútbol. Todo es tango en Buenos Aires, pero se está perdiendo porque no hay apoyo a esta cultura. Veo pobre y mal al tango por estos tiempos en Argentina. Hay muchas casas de tango que están conectadas con las agencias de turismo para poder subsistir y otras van cerrando” comenta el bailarín.

     Si bien la idea de dedicarse al baile siempre estuvo presente, su primer contacto con el  tango “le voló la cabeza” y empezó a prepararse tomando clases y metiéndose en el circuito milonguero, reemplazando cada vez más horas en su lubricentro que al poco tiempo decidió cerrar porque no era feliz ahí y si lo sería bailando: “no había tenido la valentía de jugarme, pero dije: lo hago ahora o nunca".

    El primer abrazo a la milonga fue hace cuatro años cuando conoció a Melisa Sacchi su pareja de baile, con la que generó una conexión que los llevó a ganar el Metropolitano y el subcampeonato mundial el año pasado, en la antesala de lo que fue su consagración semanas atrás en una performance sentida y prolija. “Con Meli venimos trabajando hace cuatro años muy fuerte y yo con un abrazo sé cuando está triste, cuando está alegre, cuando quiere bailar, cuando no quiere bailar. Hay una energía continua. Si los dos nos abrazamos es porque tenemos ganas de bailar, ya hay un deseo; sumado a la complicidad que tiene ese abrazo; a la magia y el encanto que tiene el tango que genera un ambiente”, señala Cristian.

    Admira los bailarines con mucha presencia como Juan Corvalán y Juan Pablo Horvath de Forever Tango, a los artistas que dejan el alma en lo que hacen: su interpretación, como la de Adrián Guida en la orquesta de Pugliese y Carlos Gari de la de Leopoldo Federico. Y pensado en otros se define él, él y su pareja, tomando estas cualidades de las que habla.

    Para los dos el tango es una pasión, un entretenimiento, y un medio de vida que se resume en distintas presentaciones y participaciones estables, aquí y en el exterior, que con el campeonato ganado se multiplicarán. De hecho ya piensan en terminar los tres últimos meses del año en Asia y en empezar los tres primeros del siguiente en Europa, cuestiones que dejaron de ser proyectos y se transformaron en realidad.

    Si bien Cristian sostiene que si uno vive de lo que le gusta, no es trabajar; reconoce que tanto empezar como mantenerse en el sendero artístico es complejo y que naturalmente termina siendo el exterior el lugar para muchos maestros y para todos los profesionales con aspiraciones y ansias de tranquilidad económica.

     

     


      2016-09-13 17:22:29  

    Con la presencia del jefe de gobierno, Horacio Rodríguez Larreta y del ministro de cultura, Angel Mahler, al que siguió un concierto que reunió en la Usina del Arte al violinista Fabián Bertero junto a cuatro vocalistas de reconocida trayectoria como Hugo Marcel, Chico Novarro, Néstor Fabián y Carlos Paiva, comenzó una nueva edición del Festival Mundial de Tango de la ciudad de Buenos Aires.

    La cita de tango porteña, convertida en el principal festival de la ciudad por convocatoria y repercusiones y el encuentro tanguero número uno del mundo, comprende un festival puramente musical y un Mundial de baile en las categorías salón y escenario, con finales en el Luna Park.

    El Festival y Mundial, que este año estrena nuevo director artístico en la figura del presidente de la Academia Nacional del Tango, Gabriel Soria, se extenderá en esta nueva edición a 42 sedes y diversas milongas, abarcando toda la geografía de la ciudad, hasta el próximo miércoles 31 de agosto.

    Más de 140 parejas extranjeras, de procedencias tan diversas como el lejano Oriente, Europa central, América del Sur y Centroamérica, junto a 400 binomios locales, tomarán parte de las competencias de baile, que ofrecerá sus rondas finales en el Luna Park el 30 y 31 de agosto, con María Graña y Esteban Morgado, junto a Franco Luciani, tocando en vivo el primer día para la ronda definitoria de Tango Salón; y a la orquesta El Arranque con Kevin Johansen durante el segundo, para la final de Tango Escenario.

    "Varios ejes confluyeron este año para pensar el festival, uno fue la diversidad del mundo musical de Horacio Salgán, que este año cumplió 100 años y que tendrá un homenaje a través de conciertos que recorren su obra desde disintas vertientes e incluso miradas musicales como el jazz, con artistas como Paula Schocron y Francisco Lo Vuolo; el folclore con Hilda Herrera o el tango mismo, con músicos como Cristian Zárate y Nicolás Ledesma", destacó Gabriel Soria en charla con Télam.

    El Director Artístico del festival señaló también que otro de los ejes que recorre esta edición es "el cruce y la mezcla de generaciones, que es una de las marcas del tango que se hace hoy en Buenos Aires y uno de los signos más alentadores de su permanencia y vitalidad".

    "También hay un homenaje al tango canción y los cantores, hecho que se pone de manifiesto en la gala de apertura del festival, que está en consonancia con los 100 años de la creación de "Mi noche triste" (considerado el primer tango canción), que Pascual Contursi compuso en 1916 y Gardel grabó en 1917", destacó Soria.

    "Es alentador que el festival pueda mostrar este panorama del tango donde los grandes maestros, algunos de 80 o 70 años incorporan en sus propios conjuntos jóvenes que a veces no tienen ni 20 años, como el caso de la orquesta de Ernesto Franco, un bandoneonista de 87 años cuyo cantante tiene menos de 20, y que con mayor o menor rango se repite en casi todas las formaciones orquestales".

    Soria destacó que a comienzos de los 90 lentamente la juventud volvió a volcarse al tango, primero a través del baile y luego de los instrumentistas y que en la actualidad "estamos en el momento de mayor explosión de toda esta nueva generación que está creando, tocando e, incluso, componiendo, un área no menor que es, quizás, la másdifícil".

    Maestros como Walter Ríos, Daniel Binelli, Néstor Marconi, José Colángelo y Raúl Garello ofrecerán conciertos en la Usina del Arte en los que estarán tocando sus propias composiciones, en uno de los momentos importantes del festival, que este año suma clínicas a cargo de figuras destacadas.

    "Las clínicas se dan por primera vez y son encuentros con grandes maestros que vivieron de primera mano distintas cuestiones relativas a la historia del tango que te las cuentan en persona", destaca Soria, y cuenta que Raúl Garello dará una sobre orquestaciones y arreglos; Atilio Stampone sobre el modo como fue concibiendo su obra; Amelita Baltar sobre canto; Horacio Avilano sobre guitarra y José Colángelo sobre estilo.

    "Son tipos de inmensa trayectoria que estuvieron ahí y te entregan información imposible de conocer si no es a través de ellos de primera mano", destaca Soria.

    En otro de sus momentos destacados, el festival contará con dos rescates históricos, uno de ellos dedicado a la orquesta del 46 de Astor Piazzolla, su primera típica, a 60 años de su debut y con dirección del bandoneonista Daniel Binelli. Aunque los conciertos principales se desarrollarán con entrada libre y gratuita en la Usina del Arte, del barrio de La Boca, el festival tendrá 42 sedes alternativas, que abarcan toda la geografía de la ciudad y que incluye lugares como el Anfiteatro Eva Perón de Parque Centenario, el Teatro 25 de Mayo de Villa Urquiza, el Espacio Cultural Adán Buenosayres de Parque Chacabuco, el bar La Academia, el Polideportivo de Villa Lugano, la esquina Homero Manzi de San Juan y Boedo, y diez milongas.

    Hacia el final y en otro de los momentos cumbre de esta edición se desarrollará la presentación de la operita "María de Buenos Aires" en el Colón el lunes 29 a las 20, la primera que se realiza en el máximo coliseo argentino de esta obra de Piazzolla-Ferrer creada en 1968.

    El Sexteto Mayor, las orquestas de Nicolás Ledesma, Víctor Lavallén y la Escuela Emilio Balcarce, junto con el dúo Mainetti-Angeleri, Bernardo Baraj, Patricia Barone, Raúl Lavié y Antonio Tarragó Ros son otros de los artistas que participarán del festival.

    Todos los conciertos serán todos con entrada libre y gratuita.

    Fuente: Télam