"A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires: La juzgo tan eterna como el agua y como el aire."
Jorge Luis Borges en "Fundación Mítica de Buenos Aires"

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Del escriba

Letras de la ciudad

Firmó el registro de ingreso al hotel Rogacka de Hungría con su rara lapicera y el tipo que estaba al lado le clavó la vista al elemento. Lo invitó a tomar un café ahí mismo: en el encuentro le propuso que viajara a la Argentina con esa rara lapicera para producirla y venderla en ese país. El año 1938.

Ladislao Biro ni sabía en qué lugar del mundo estaba la Argentina y no lo entusiasmó el ofrecimiento. Se despidió agradecido y asegurando que pensaría sobre el ofrecimiento. Pero desconfiaba de estas cosas.

A los 33 años ya había inventado la caja automática para automóviles con sistema mecánico.  Se la vendió a la General Motors de Berlín. Le compraron los derechos así: adelanto de U$S 500 y U$S 500 por mes durante cinco años; después participación en la producción. Tras la firma del contrato, los gerentes le confesaron que no tenían la intención de fabricar la caja automática mecánica: trabajaban con una hidráulica desde hacía años. En síntesis: habían comprado su invento para que no lo hiciera la competencia.

Con la Segunda Guerra Mundial, Ladislao Biro y su amigo Juan Meyne, colaborador en el ya olvidado invento de la lapicera, los dos judíos, se reunieron a principios de 1940 para hablar de su supervivencia: Hitler seguía avanzando. Biro recordó la oferta de ese señor argentino y cómo ubicarlo. Rápidamente arregló el traslado en barco junto a Meyne,  su esposa y su hija Mariana.

Llegado a Buenos Aires, Biro alquiló un departamento en la calle Buschiazzo, frente al Rosedal. En 1941 llegó la familia y se mudó a una vivienda en la calle Superí 2050. Finalmente vivieron en una casa de la calle Conde 1567, barrio de Colegiales.

En la Argentina los recibió ese hombre providencial para ellos y se sorprendieron: no era un empresario. Hasta febrero de 1938 había sido presidente, pero de la Nación; el general ingeniero Agustín P. Justo, que los ayudó a establecerse. Ladislao, que rápidamente adoptaría la ciudadanía argentina, armó la Compañía Biro-Meyne-Biro junto a su hermano y Juan Meyne.

Desde ella lanzaron al mercado las lapiceras que llamaron “Birome”, contracción del apellido del inventor (Biro) y de la primera sílaba de su colaborador Meyne.

Nacido en Budapest, Hungría, el 29 de septiembre de 1899, trabajó en una imprenta y fue periodista lo que despertó su interés en eliminar las molestias que las lapiceras a tinta provocaban al oficio: la pluma no corría libremente por el papel, lo manchaba lo mismo que a los trajes y camisas y, peor, con frecuencia se consumía la tinta en medio de un reportaje.

Ya en la Argentina sus primeros intentos fracasaron, la birome perdía tinta. Llegaron a venderla con un vale para la tintorería y ni así fue pedida. Luego de un año de pruebas e intentos, el general Justo no pudo ayudarlos más y les dejó el proyecto.

En 1941 Biro debía cerrar la fábrica. Así que reunió a los treinta y dos obreros, les contó los problemas y que quería seguir. Les advirtió que no podría pagarles hasta que la birome anduviera y preguntó si algunos lo acompañarían en la aventura. Lo  acompañaron y ese mismo año 1941 Biro resolvió los obstáculos y nació el primer bolígrafo que inclusive escribe  en los aviones, lo que por la diferencia de presión ambiental no ocurría con las lapiceras comunes de aquella época.

"Si hay un problema, debe haber una solución"
El bolígrafo de Biro funciona a través de una punta de latón que retiene la bolilla de acero que da el nombre a este tipo de lapicera. Los bordes de la punta se cierran sobre la esfera más allá de su eje central para que la esfera permanezca en su lugar, al tiempo que deja fluir la medida de tinta apenas suficiente para llegar al papel. El bolígrafo fue creado con capacidad para contener una carga de tinta que alcanzaría a trazar una línea de más de dos kilómetros de largo.

De inmediato llovieron las ofertas para comprar los derechos de fabricación: Biro y otros viajaron a Estados Unidos para pedir 300 mil dólares por la patente. Cuando llegaron les ofertaron dos millones de dólares de movida. Además de ofrecimientos para radicarse en Norteamérica. También en Francia y Canadá. Pero Biro no dejó la Argentina y le dejó al país, además, otros treinta y pico de inventos.

Ladislao Biro: cuando nació pesó poquito más de un kilo y en esas épocas eso era casi fatal. La mamá empezó a ponerlo bajo una lámpara de luz común para darle calor. La incubadora, basada en el mismo principio, se inventaría después. En 1981 trabajaba en lo que consideró su último invento y que no llegó a terminar: nada menos que el enriquecimiento del uranio…

En sus últimos años, en la casa de Conde 1567, donde el Gobierno de la Ciudad colocó una placa recordando a Biro, aconsejaba a los jóvenes que conocía: “no dejen pasar la vida a su lado, sean conscientes del mayor placer que existe; la vida misma. A los 86 años, Biro falleció el 24 de octubre de 1985 en el Hospital Alemán de Buenos Aires.

Su hija Mariana describió a su padre con esta síntesis: "mi padre no aceptaba los problemas como una fatalidad. Decía 'si hay un problema, debe haber una solución', y la buscaba”.

Ladislao Biro es el inventor argentino más importante de nuestra historia, un inventor nato que buceó en lo desconocido, con la curiosidad del niño, la grandeza del artista, el juicio crítico de un juez y la voluntad de un peleador. En la Argentina, el 29 de septiembre, día de su nacimiento, es el día del inventor.

Este inventor que se hizo porteño, fue rescatado en la versión radial de Tomás Buenos Aires del sábado último por la AM 830 RAdio Del Pueblo. 

Un ex funcionario nacional argentino procesado en varias causas entre otras por enriquecimiento ilícito, solicitó en estos días al tribunal que lo juzga no asistir a su juicio oral porque su billetera no podía costear el viaje desde Córdoba, donde reside, a los tribunales de Comodoro Py en esta ciudad.

El contraste con la actitud de este ex funcionario, puede buscarse con otras de, también, ex funcionarios nacionales que hicieron grande a la Argentina dando más de lo que recibieron. Están en el olvido, o casi. ¿Hombres de otra época? ¿Hombres de otro temple como suele definirlo Tomás Buenos Aires? Cada lector lo definirá a su manera.

El Hospital Rawson, que funcionó en el predio hoy ocupado por dependencias municipales en la confluencia de la avenida Amancio Alcorta y Ramón Carrillo –antes Vieytes-,  fue cerrado definitivamente en 1978 por el intendente municipal Osvaldo Cacciatore: consideró que la oferta de salud estaba sobredimensionada en la ciudad. Insólito. Inexplicable. También, incuestionable en una dictadura militar. El nombre de ese nosocomio recordaba al primer médico higienista del país, entre otros arduos servicios que entregó a la Argentina. Su cierre fue un capítulo más en la ruta de los olvidos de argentinos notables.

Hoy recuerda al doctor Guillermo Rawson, como se verá a la intemperie de las ideas, un monumento en la plazoleta cercana al cruce de las avenidas Las Heras y Pueyrredón. En la cara posterior del basamento se transcribe en el mármol una frase del discurso que Bartolomé Mitre pronunció en el sepelio de los restos de Rawson: “jamás encontré en la vida un ser tan bellamente dotado que más se acercase al ideal de la perfección moral”. La frase esculpida fue vandalizada por la JP de la época que, seguramente después de analizar concienzudamente los antecedentes del tema, cruzó con pintura roja un “Mitre mintió” tras lo que estampó su sigla.

Médico y ciudadano eminente del país, nació en San Juan el 24 de junio de 1821, hijo del doctor Amán Rawson, norteamericano, y de la sanjuanina María Jacinta Rojo, fue varias veces diputado y senador y, como ministro del Interior de Mitre, debió ocupar provisionalmente la Presidencia de la Nación. El ministro Rawson jamás esperó una interpelación del Congreso para aclarar cuestiones inherentes a su gestión: se dirigía al Parlamento sin ser llamado dice la historia.

A él se debe la llegada de inmigrantes galeses al valle de Chubut y, por eso, la capital de esa provincia lleva su nombre.

Eminencia pobre
Se doctoró en 1844 en Buenos Aires y la facultad de Medicina lo despidió con estas palabras: “La Universidad , al dirigiros la palabra en el día solemne de vuestro doctorado, lo felicita y felicita a vuestro padre, a Buenos Aires, a la República toda, por los días de triunfo y gloria que vuestro genio le prepara”.

Guillermo Rawson, fue el primer médico higienista de la Argentina y fundador de esa cátedra en la Universidad de Buenos Aires. Un notable, en esta tarea formuló un detallado informe sobre la vida en los conventillos o casas de inquilinato, en el que denunció crudamente el drama del hacinamiento y la pobreza. ¿Qué diría ahora si pudiera visitar las villas?

Fue médico y voluntario durante la epidemia de fiebre amarilla que se abatió sobre Buenos Aires en 1871. La precariedad de medios de atención de la época lo movió a fundar la Cruz Roja Argentina.

En 1880 se alejó de la política para dedicarse exclusivamente a la medicina en su doble faceta de catedrático, investigador y también médico tradicional en su consultorio de la calle Suipacha. No le alcanzó para salir de la pobreza.

Con graves problemas en la vista debía viajar a París para tratarse. Pero era pobre. Es el Congreso de la Nación que, enterado de esta situación, le concede una pensión para que afronte la situación,  Rawson aceptó parcialmente esa asignación: una parte la destinó a premiar los mejores trabajos de investigación sobre higiene pública.

Separadamente, la Municipalidad porteña le encargó estudiar durante su estada en Europa los adelantos que sobre higiene pública se daban en el Viejo Mundo para ser aplicados aquí: le gira a París seis mil pesos para los gastos y a cuenta de honorarios. Rawson entendió que la misión que le encargaba la Municipalidad era un gesto de ayuda a su persona que, luego de ocupar los más altos cargos de nuestro país, se encontraba sin recursos y físicamente disminuido. Al poco tiempo el mismo gobierno de la ciudad debió informar a la Legislatura que el doctor  Rawson declinaba recibir esa partida de dinero, por lo que la devolvía íntegramente.

En 1885 volvió a Europa y se radicó en París, para atenderse de su enfermedad de la vista que lo persiguió durante décadas. El 20 de febrero de 1890 falleció en la capital de Francia a los 69 años. Sus restos fueron repatriados con honores y el 29 de septiembre de 1892 se inauguró su monumento en la Recoleta.

Su comprovinciano pero adversario político de la dureza de Domingo Faustino Sarmiento para ocuparse de sus contrarios, dijo de Rawson que reunía “envidiables dotes, un acendrado patriotismo y una energía y nobleza de carácter que atemperaban la moderación de su conducta y la unción de sus palabras”.

Doctor Guillermo Rawson, como todos los que hicieron grande al país, dio más de lo que recibió de él. Hombres de otro temple, como dice Tomás, cuya vida merece el rescate de los olvidos.

Esta entrega formó parte de un segmento del programa de "Tomás Buenos Aires", que como todos los sábados se difunde por la AM 830 Radio Del Pueblo.

Fue "el rey la fuga", "el rey del boleto" cuando “boleto” significaba mentira, trampa. A Jorge Eduardo Villarino le gustaba inventar y mentir. Pero sobre todo, escaparse de las “tumbas”, de las cárceles que conoció tupidamente. También fue conocido en el hampa como “el intelectual”, debido a su capacidad de razonar por encima del promedio de sus compañeros de choreos. Su horizonte de vida no cambió nunca: robar.

Jorge Eduardo Villarino, fue hijo, con otros cinco hermanos, de Inés Guimarey y su papá José, verdulero. Nació el 19 de junio de 1931 en un conventillo de San Telmo de la calle Bolívar 1128. Con sólo 16 años manejaba un camión que le había comprado su viejo para que laburara como él: lo usó para contrabandear whisky y cigarrillos. Una madrugada de 1947 volvió con los bolsillos reventando de billetes a su casa, cuando vio una hoguera debajo de su balcón. El padre había apilado sus cosas en la calle y las quemó. Durante siete años no se dirigieron la palabra.

Del contrabando pasó al robo a mano armada. En cinco meses de 1957, robó 25 veces. Entre estos golpes, el de la sucursal Rawson del Banco Provincia que le dejó el botín más grande de su vida, 3.146.000 pesos. Se compró una casa en Montevideo, seis camiones, automóviles.

Le propusieron asaltar el Ministerio de Asistencia Social y Salud Pública de la Nación, en Paseo Colón 329. Era la plata de los sueldos, mucha guita. El viernes 28 de agosto de 1957, cinco hombres en un Packard robado entraron al ministerio con capuchas y guantes. Se llevaron 2.650.000 pesos. Había una orden interna vigente desde antes del robo: con la plata había que quedarse quietito sin reventarla con compras que podían avivar a la policía. Pero el ordenanza del ministerio que les dio la precisa sobre el movimiento del dinero en las oficinas, rápido le regaló un auto lujoso a su hermano. Lo detuvieron y cantó todo. Rápidamente cuatro chorros fueron a Devoto.

Villarino fue traído desde el Uruguay y Evaristo Meneses, un pesado con cara de pesado, comisario duro que acomodaba los códigos según su necesidad, se ocupó del detenido Villarino. El “rey del boleto” obtuvo el suyo, gratis, a Bermúdez y Nogoyá, la cárcel de Devoto.

El 9 de setiembre de 1959, un año y medio después, Villarino se escapó de Devoto con un pesado de mucho cartel, Domingo Cipriano Prieto. Lo acompañaron Manuel “Ojo de Vidrio” Nievas y Rubén Enrique Francoise. Poco más de un mes después, lo recapturaron en un chalet de Boulogne y lo mandaron a Caseros. El 18 de mayo de 1960, apenas unos meses después, se escapó descolgándose del muro con sábanas anudadas. Lo volvieron a atrapar y lo metieron en la celda 531 del pabellón 8 de la Penitenciaria Nacional, de la avenida Las Heras, segura, sólida, modelo, infranqueable... Se evaporó por los techos. Con esta fuga, Villarino agregó a su lista de apodos el de Piantadino, nombre del personaje de una historieta que salía en la Rico Tipo.

Un año después, lo arrestaron en Brasil a punto de viajar a Europa con unos 14 millones de pesos. Nunca se supo qué pasó con ese dinero. Con Villarino, pasó lo de siempre: de vuelta a Devoto, a su lugar en el sector más pesado de lo que en esa cárcel se denominaba “la villa”, los pabellones que dan a la calle Nogoyá, y que todos los que han pasado por ese lugar, presos y guardianes, respetan por su significado.

El 18 de diciembre de 1962 se produjo en Devoto el motín más sangriento de la historia carcelaria argentina: murieron 13 guardiacárceles y 30 presos en 24 horas de locura que ni la actuación del juez federal interviniente pudo parar, ni siquiera trasladando su despacho al interior de la cárcel en llamas. Villarino, de una estatura mental superior al común de los detenidos, no se involucró.

En 1965 le dieron 20 años: en esos años supo ganarse la confianza de quien llegó a ser un apellido conocido para los porteños: Francois Chiappe, mafioso francés detenido en 1972 en Buenos Aires por comerciar heroína. Villarino salió en libertad el 10 de noviembre de 1976 gracias a un decreto que firmó un año antes la presidente María Estela Martínez de Perón.

No abandonó los robos pero amplió sus miras a los secuestros extorsivos y al narcotráfico cuya puerta de entrada y códigos aprendió con Chiappe. En ascenso delictivo, decidió hacerse una intervención quirúrgica para cambiar su fisonomía. Le sirvió para lograr vivir 10 años fuera de la “tumba”. En 1986 la policía de Valencia, España, lo detuvo por el asalto a una joyería donde mataron a un policía: le dieron 26 años pero salió a los 11 por sucesivas reducciones de pena.

De vuelta en Buenos Aires, su nombre apareció en agosto de 1997 en escuchas telefónicas que el juez federal porteño Rodolfo Canicoba Corral ordenó sobre los integrantes de una banda de narcos. Villarino se avivó que lo tenían en la mira. ¿Qué hizo? Se fugó. Se adelantó a la policía y rajó a Milán, Italia, con pasaporte paraguayo falso a nombre de Jorge Eduardo Leguizamón Vidal. Pero otra vez cayó en la “tumba”: lo agarraron el 28 de noviembre de 1997 cuando buchonearon  a la cana que iba a robar el Instituto Bancario Cariplo. Villarino, con 66 años, ya no pudo fugarse más.

Dos años después, desde la penitenciaría de Vigevano, lo llevaron de urgencia al Hospital San Paolo y, cinco minutos antes de las cuatro de la tarde del 2 de diciembre de 1999 Jorge Eduardo Villarino murió de un paro cardíaco. Tenía 68 años. Pero no murió como Villarino, para la policía italiana seguía siendo Jorge Leguizamón Vidal, paraguayo. Cosa que fue capaz de hacer “el Rey del boleto”. La verdad, de todas, maneras,  es que Villarino “el Rey de la fuga” había muerto.

El 11 de diciembre de 1999 un anuncio en la página 89 de Clarín avisó que el consulado argentino en Milán buscaba a sus familiares para entregarles el cuerpo. Nadie se presentó. Después de permanecer dos meses en la morgue del hospital, en febrero de 2000 el cuerpo fue inhumado en la sepultura 422000 del Cementerio Mayor de Milán con su apellido falso de Leguizamón Vidal. Su identidad no fue restablecida nunca y ese “boleto” quedó inmortalizado en la lápida de su postrer “tumba”.

Esta historia fue emitida por "Tomás Buenos Aires" en su versión radial del 3 de mayo último por la AM 830 Radio Del Pueblo. Cita fragmentos de una información publicada en el blog de Ricardo Canalleti

Como otros, el tango “Tres Esquinas” cuenta un paisaje de Buenos Aires de los tiempos bravos y los amores simples y fuertes del arrabal. 

Escrito en 1941 con música de Ängel D´Agostino y Alfredo Attadía, Enrique Cadícamo al darle letra a la pieza, describió al lugar como el “viejo baluarte de un arrabal”. Su foco estaba y está en la actual esquina de las avenidas Montes de Oca y Osvaldo Cruz ahí, casi sobre el Riachuelo, y casi abajo del puente Pueyrredón con la autopista que cruza a la provincia.

Tres Esquinas se llamó una estación del antiguo ferrocarril que, desde 1865, circuló entre Venezuela y Paseo Colón, pasando por las estaciones Casa Amarilla, La Boca, Barraca Peña y tres Esquinas de Montes de Oca y Cruz, antes de cruzar hacia Quilmes y el puerto de Ensenada. Funcionó hasta 1910, cuando el ramal cambió por el Ferrocarril Sud con cabecera en Constitución. La estación fue demolida en junio de 1955.

En las Tres Esquinas existió un bar con ese nombre, al que después bautizaron raramente: “Cabo Fels”, en homenaje a Pablo Teodoro Fels, un conscripto que, el 1 de diciembre de 1912 y sin autorización, cruzó el Río de la Plata en avión. Tardó 2 horas y 20 minutos y fue récord mundial de vuelo sobre agua. A Fels lo sancionaron y el presidente Roque Sáenz Peña lo indultó y ascendió a cabo.

En aquella esquina porteña, en 1914, se construyó un edificio que todavía se mantiene. En la planta baja hubo una cervecería (hoy se llama “Vieja Esquina”) donde empezaba a cantar un muchacho de la zona: José Angel Lomio. Se hizo popular como Ángel Vargas uno de sus mayores éxitos fue justamente el tango “Tres esquinas”. Se titulaba “Pobre piba”, pero Cadícamo le dio nueva letra y Vargas, con la orquesta de D’Agostino, lo grabó el 24 de julio de 1941 para el sello RCA Víctor.

Evocaba a “ese barrio que toma mates bajo la sombra que da el parral” y al lugar “donde florecen como glicinas las lindas pibas de delantal”.

De aquel barrio de Tres Esquinas todavía duran edificios y galpones de la estación Barracas, que la compañía de Tranvías Anglo Argentina tuvo con entrada sobre Montes de Oca y que hoy explotan las empresas de micros de larga distancia. Es barrio también de casonas con veredas altas para cubrirse de las inundaciones.

Se perdió para siempre el edificio del almacén y bar “La Luna” (Montes de Oca y Uspallata), sitio de “cuarteadores”, varones duros que con sus caballos “percherones”, ayudaban a los tranvías a subir la barranca. También esos hombres, pero con caballos más livianos, se prendían en carreras cuadreras con largada en “La Banderita” hasta “Tres Esquinas”, una tradición que venía de los tiempos de la Calle Larga, como llamaban a la actual Montes de Oca, antes de que fuera la calle de Santa Lucía.

Este texto contiene datos y fragmentos de la nota sobre el tema publicada por el periodista y amigo Eduardo Parise, en "Clarín".

Fotografía: las "Tres Esquinas" hoy.

 

Yo soy del barrio de Tres Esquinas,
viejo baluarte de un arrabal
donde florecen como glicinas
las lindas pibas de delantal.
Donde en la noche tibia y serena
su antiguo aroma vuelca el malvón
y bajo el cielo de luna llena
duermen las chatas del corralón.

 

Soy de ese barrio de humilde rango,
yo soy el tango sentimental.
Soy de ese barrio que toma mate
bajo la sombra que da el parrral.
En sus ochavas compadrié de mozo,
tiré la daga por un loco amor,
quemé en los ojos de una maleva
la ardiente ceba de mi pasión.

  

Viernes, Gricel. La milonga está a pleno en la noche. Alicia y Carlos, los organizadores, van y vienen por el salón: hay que acomodar a la gente. A toda. No es fácil. Sobre todo con las minonas… Cuando se han hecho de la titularidad de la silla y mesa, guay de que encuentren un “asentamiento” de caras distintas impensado en “su” lugar… Aaahhhh…

Arranca la tanda y muchos, muchos más de la mitad, salen a bailar… no apurados… eyectados de sus sillas. Tomás, el Buenos Aires, fue sentado esta noche al lado de Horacio, le dijeron que es periodista el tipo. Tomás, le comenta: -salieron todos juntos y apurados a bailar, claro con esta música que a uno lo levanta de la silla…-.

Horacio, murmura como respuesta: -Es Juan D´arienzo…, tiene compás; le dicen el Rey del Compás por eso… es muy difícil que no guste a los tangueros bailarines, D´arienzo tocó para nosotros… Y nosotros le respondemos. Qué lindo es bailar con esta orquesta… Por eso nos levantamos casi todos a bailar al compás de este maestro.

Tomás, absorbe lo que el otro le dice: que por tiernito todavía en la milonga, no sabe diferenciar las orquestas, sus estilos, su musicalidad, su compás.

Entonces el nuevito se anima a otra pregunta: -¿Y cómo se diferencian las orquestas? Porque hay muchas… se necesita tiempo de escuchar tangos para identificarlas ¿no?

Horacio, gira la cabeza hacia Tomás y le dice que sí, que va a necesitar tiempo, kilómetros de pista y de escuchar tangos, para llegar a identificar las orquestas. Pero se anima a tirarle una guía.

-¿Vos cómo te llamás? –Tomás- responde el muchacho. -Mirá Tomás –le dice Horacio, el periodista-, más o menos es así la cosa. Te voy a nombrar cuatro orquestas, son para mí las referenciales, las demás, incluidas las actuales que hay unas cuantas y son buenas, complementan con sus estilos la variedad musical del tango. Sobre las cuatro referenciales, principales, como ya te avisé, la orquesta de D´arienzo es el compás en el tango; la de Osvaldo Pugliese es la pausa del tango; la orquesta de Carlos Di Sarli, es la exquisitez del tango y la de Aníbal Troilo es la esencia del tango. Así lo veo y así las disfruto yo.

Así que anotate en un papel o en la sesera la guía que te pase. Ojalá te sirva Tomás… Y, desde mañana ponete a escuchar a cada una de las cuatro que te nombré. Y vas a escuchar a los cuatro principales estilo de la música de tango. El periodista cabeceó y salió a bailar con una minona... Tomás anotó en una servilleta: D´arienzo, Pugliese, Di Sarli y Troilo.

Noticias

      2016-11-24 20:18:14  

     "Trago amargo alcanzó el éxito el día de su estreno en 1925 con la letra de Julio Navarrine (1889-1966) y la música de Rafael Iriarte (1890-1961). ¡Esplendorosa época del tango-canción! “Lealmente, ´Trago amargo´ no era un tango de excepción, sino simplemente un tango exitoso. Su letra es de un tinte melodramático campero, de fácil sentimentalismo. La mejor virtud de su música era no alardear de ninguna: dejar que la opinión del oyente reafirmara su origen: ‘el tango de un guitarrero’. También queda dicho que era ´un sencillo y bien sonante tango´, según el sin par Francisco García Jiménez en su insoslayable libro ´Así nacieron los tangos´, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1980.

    Si reflexionamos acerca de los versos de Navarrine, quien junto a su hermano Alfredo fue un admirable propulsor de los primerísimos cuadros folclóricos teatrales –y autores ambos de sendos tangos muy celebrados por el público–, habrá que resaltar cómo se habían condicionado al tema musical merced a una especial puja de frases imperativas: “¡Arrímese al fogón, viejita, aquí a mi lado!/ ¡Ensille un cimarrón, para que dure largo! ¡Atráquele esa astilla, que el fuego se ha apagado!/ ¡Revuelva aquellas brasas y cebe bien amargo! ¡Alcance esa guitarra de cuerdas empolvadas,/ que tantas veces ella besó su diapasón!”.

    El tango tuvo su estreno en el porteñísimo teatro ‘Maipo’ durante una de las temporadas de ‘revistas’, a mitad de los años veinte del pasado siglo. ¡Quién vería a aquel gaucho melodramático, dirigiéndole toda la ristra de mandatos a la madre, reservándose para él, por toda faena, el empinarse el codo con la botella de caña! Y la pobre vieja –de acá para allá, como maleta de loco– sin saber si arrimarse al fogón, si ensillar el cimarrón, si atracarle la astilla al fuego y revolver las brasas, si alcanzarle la guitarra o arrancarle primero la cinta, si secarse las lágrimas, si volver a cebar al “amargo” o bien si –ya exhausta–, después de buscar un crespón para la guitarra, inclinarse, al fin, ante la Virgen…"

    En fin, sintetiza ahora Tomás, el Buenos Aires, sobre este tango: un "Trago Amargo"... ¡para la pobre vieja!,

    De paso: El músico Rafael Iriarte fue un laburante de la guitarra en el tango. Nacido en un barrio del sur porteño, su fogueo artístico se dio en los cafés con música de la calle Corrientes. Después, llegó el espaldarazo en los teatros ‘Nacional’ y ‘Apolo’, ‘Porteño’ y ‘Empire’. Iriarte acompañó a una galaxia de cancionistas y cantores como Saúl Salinas, Rosita Quiroga y Agustín Magaldi, también a Charlo, Ignacio Corsini y Libertad Lamarque. Por su inquietud y ojos vivos, a Iriarte lo apodaban ‘El rata’.

    -Fragmento de la nota de Isaac Otero en el sitio "Crónicas de la Inmigración", setiembre de 2016-


      2016-11-21 19:28:06  

    A Pablo Agri lo esperó un violín en la cuna y a los diez años le pidió a su papá que lo inscribiera en un conservatorio. Su papá fue, nada menos que el rosarino Antonio Agri, juntamente con Elvino Vardaro y Mario Franchini, los tres violinistas más importantes del tango.

    Destaca que hoy encuentra a "muchos jóvenes  buenos instrumentistas y compositores que toman el tango con la seriedad que merece y que siguen estudiando". En cambio, Pablo advierte que "no me gustan definitivamente las imitaciones, las orquestas que ´tocan como´, ¡eso no me gusta! Digo que hay que aprender todos los géneros pero no imitar a nadie" sentencia.

    Aclara que "empecé con la música clásica para diferenciarme de mi viejo... Nací en el 68, año que se estrenó la operita "María de Buenos Aires" de Piazzolla y mi viejo ya era muy popular. Pero sin duda lo mío es el tango desde la cuna, o antes de ella y, hasta hoy, mi mejor manera de expresarme es nuestra música". Tanto es así que tocó, por ejemplo, con Mariano Mores y Horacio Salgán pasando por Néstor Marconi, Susana Rinaldi y Osvaldo Berlingieri. Es integrante de la Orquesta Sinfónica Nacional desde 1992, tomó clases con el maestro Szymsia Bajour; fue becado por la Fundación Antorchas para estudiar en el Conservatorio Edgard Varese, en Francia. En el 99 fue violín solista del show "Tango argentino" en Broadway (Nueva York).

    Este año fue el músico argentino que tocó por primera vez tango en vivo en una de las siete maravillas del mundo, los palacios de la Alhambra en Andalucía, España. Además, junto a sus compañeros formaron junto a la orquesta de la Casa Argentina en París, integrada por una belga, tres franceses, cuatro argentinos, una japonesa, un chino, y una violinista rusa, todos jóvenes. "Esto nos dice claramente que el tango es universal y se toca en todos los idiomas" reflexiona finalmente este también joven, que aporta un violín de conservatorio consagrado a la música que identifica al país.

    -Esta nota toma fragmentos de un reportaje realizado por el diario "La Capital" de Rosario-.


      2016-09-21 19:58:17  

    Sergio Pujol es joven, filósofo, docente y con varios libros en su haber, investiga a las danzas sociales y concedió hace unos días una nota al diario "La Izquierda" donde afirma que la década del ´20 marcó un antes y un después de la cultura argentina marcada decididamente por la eclosíon del tango. Aquí la nota:

    Comienza Pujol señalando que recien a mediados de los años ´20 "tenemos a Gardel con un porcentaje dominante de tangos en su repertorio; viene de cantar estilos, milongas. Canta en esos momentos foxtrot, shimmy, alguna que otra rumba.  Por lo tanto no se puede decir que el tango a principios de los 20 fuera el epítome de lo argentino y de lo nacional. Más bien se va ganando ese lugar. Las críticas que se hacen al tango hasta el año 30 inclusive, no son tanto acerca de su supuesto origen prostibulario, de mala vida o pecaminoso, sino que es una música que no representa la totalidad de la Argentina. Es una música de puerto que se ha consolidado a partir del aporte inmigratorio decisivo en el lenguaje, tanto en las letras, con la presencia del lunfardo, como en la música.

    Lo mismo pasa con el samba en Brasil, con el son en Cuba. Hay un momento en que estas músicas, muchas con una fuerte impronta afro, se convierten en emblemas nacionales. Eso pasa entre los 20 y los 30. Pasan de ser músicas orilleras, con una fuerte connotación de clase, a representar al país. En ese tránsito depuran su forma pero hay algo de la condición de clase que queda. Y en un momento explota.

    Durante el peronismo explotó. Cuando Alberto Castillo canta “Qué saben los pitucos, lamidos y sushetas...” está retrotrayendo la historia del tango 20 o 30 años. Lo que les está diciendo a sus bailarines, a los que bailan con su música , es “ojo, sepan de dónde vienen ustedes, no se dejen engrupir, el tango es una danza de salón pero ojo que venimos de las orillas”. Es interesante cómo, en algún sentido, al tango nunca se lo domestica del todo.

    "En los ´20 el tango se come todo"

     A la vez los años 20 son la clausura de una época ahí ya nadie baila polka o mazurca muy populares en 1880 y 1890. En los 20, el tango se come todo. Se come esas danzas. No al jazz. Y en parte se las come, creo yo, porque aparece el tango canción. Si no hubiera aparecido, tal vez hubiéramos tenido todavía ese repertorio "variopinto" de danzas. 

    Además están los hijos de los inmigrantes para los años 20, que son más tangueros que los padres en muchos casos. Las historias de vida de esa generación, la de Piana, o la de De Caro, que era un poquito más grande, casi todas están marcadas por la brecha generacional.

    El muchacho que quiere formar una bandita de rock en los 60 tiene muchas similitudes con el muchacho que quiere tocar tango en los 20. Pero incluso el corte es más violento en los 20. Porque la familia en los años 60 ya no es tan autoritaria como la familia en los 20. Yo no conozco historias de hijos que hayan dejado de hablar con sus padres veinte años por querer formar una banda de rock. 

    Ya forma parte un poco del relato romántico del tango: el reencuentro del padre con el hijo consagrado, tocando tango con una orquesta de noventa profesores. Lo vemos en Canaro, en De Caro. La “gran orquesta”. Quizás el último representante de esa ambición clasicista en términos musicales sea Mariano Mores. Cuando lo entrevisté para el libro de Discépolo, Mores decía “sí, quise llevar el tango a un nivel superior, siempre quise elevar el tango”. Muchos de esos maestros podrían haberse dedicado tranquilamente a la música académica.

    En los 20 y 30 es muy fuerte el sinfonismo tanguero. En parte, por influencia de la música académica. En el jazz también se da con Paul Whiteman, eso de redimir la música orillera vistiéndola con las mejores galas. La música clásica es la gran música. En las entrevistas a los tangueros de esa época se ve que estaba la gran música y la música popular. El epígrafe que utilicé para el libro Cien años de música argentina es de Julio de Caro y dice “Mi deseo era que los conocimientos que había adquirido en el conservatorio se amoldaran a las emociones que había recibido en la calle”.

    ¿Cómo hacer para convertir la emoción de la calle en una música artística. No una música que sólo se baila, que acompaña las labores de los laburantes del Mercado de Abasto, que enamora a las chicas en su casa con la vitrola, sino una música que tenga un valor artístico sin olvidar esa emoción y ese arraigo?

     Rodolfo Valentino
    Con Rodolfo Valentino se afirma el star system y el latin lover. Que van a tener una prolífica trayectoria en la cultura de masas internacional. Efectivamente, los estrenos de Valentino causaban furor. No sólo en los varones, sobre todo en las mujeres. Hay un ídolo que atrae a las mujeres, que perturba a los varones, que genera incomodidad. Valentino baila tango, a su manera. Nosotros diríamos que lo hace “mal”. Pero, a la manera Valentino, lo baila y lo promociona a nivel mundial. Los argentinos de esta época son hijos de Valentino.

    La sexualidad en los años 20 también explota. Las flappers americanas con el cabello corto se suben el ruedo de las polleras. Las mujeres empiezan a tomar whisky, empiezan a fumar, en algunos países a votar. Esta revolución de las costumbres femeninas, del lugar de la mujer en la sociedad, de alguna manera está traccionada por artefactos culturales, y las películas de Valentino evidentemente cumplen un rol importante. 

     Si no se hubiera dado la tangomanía en los años inmediatamente anteriores a la Primera Guerra Mundial, si los criollos de Argentina no hubieran “hecho la América” en Europa y Estados Unidos dando clases de tango y no se hubiera producido esa expansión, Valentino hubiera bailado otro ritmo en la película.


      2016-09-16 04:12:05  

    Cristian Palomo es el campeón mundial de tango pista, coronado en el Festival y Mundial 2016 en Buenos Aires. En la danza comenzó por el folclore que bailló en la escuela para luego cantarlos en las peñas más cercanas. Hasta que conoció el tango y lo demás se transformó en entrañable recuerdo.

    “Argentina es la capital mundial del tango -afirma Cristian-, donde países de todo el mundo vienen a competir. Acá pocos saben que en otros países un festival lleva más de dos mil personas, pero no hay prensa de lo que pasa para que la gente se entere. Al tango la cultura no le da bolilla.

    “Buenos Aires tiene su encanto, tiene su magia, pararse en un cafecito y mirar por la ventana mientras hablas de fútbol. Todo es tango en Buenos Aires, pero se está perdiendo porque no hay apoyo a esta cultura. Veo pobre y mal al tango por estos tiempos en Argentina. Hay muchas casas de tango que están conectadas con las agencias de turismo para poder subsistir y otras van cerrando” comenta el bailarín.

     Si bien la idea de dedicarse al baile siempre estuvo presente, su primer contacto con el  tango “le voló la cabeza” y empezó a prepararse tomando clases y metiéndose en el circuito milonguero, reemplazando cada vez más horas en su lubricentro que al poco tiempo decidió cerrar porque no era feliz ahí y si lo sería bailando: “no había tenido la valentía de jugarme, pero dije: lo hago ahora o nunca".

    El primer abrazo a la milonga fue hace cuatro años cuando conoció a Melisa Sacchi su pareja de baile, con la que generó una conexión que los llevó a ganar el Metropolitano y el subcampeonato mundial el año pasado, en la antesala de lo que fue su consagración semanas atrás en una performance sentida y prolija. “Con Meli venimos trabajando hace cuatro años muy fuerte y yo con un abrazo sé cuando está triste, cuando está alegre, cuando quiere bailar, cuando no quiere bailar. Hay una energía continua. Si los dos nos abrazamos es porque tenemos ganas de bailar, ya hay un deseo; sumado a la complicidad que tiene ese abrazo; a la magia y el encanto que tiene el tango que genera un ambiente”, señala Cristian.

    Admira los bailarines con mucha presencia como Juan Corvalán y Juan Pablo Horvath de Forever Tango, a los artistas que dejan el alma en lo que hacen: su interpretación, como la de Adrián Guida en la orquesta de Pugliese y Carlos Gari de la de Leopoldo Federico. Y pensado en otros se define él, él y su pareja, tomando estas cualidades de las que habla.

    Para los dos el tango es una pasión, un entretenimiento, y un medio de vida que se resume en distintas presentaciones y participaciones estables, aquí y en el exterior, que con el campeonato ganado se multiplicarán. De hecho ya piensan en terminar los tres últimos meses del año en Asia y en empezar los tres primeros del siguiente en Europa, cuestiones que dejaron de ser proyectos y se transformaron en realidad.

    Si bien Cristian sostiene que si uno vive de lo que le gusta, no es trabajar; reconoce que tanto empezar como mantenerse en el sendero artístico es complejo y que naturalmente termina siendo el exterior el lugar para muchos maestros y para todos los profesionales con aspiraciones y ansias de tranquilidad económica.

     

     


      2016-09-13 17:22:29  

    Con la presencia del jefe de gobierno, Horacio Rodríguez Larreta y del ministro de cultura, Angel Mahler, al que siguió un concierto que reunió en la Usina del Arte al violinista Fabián Bertero junto a cuatro vocalistas de reconocida trayectoria como Hugo Marcel, Chico Novarro, Néstor Fabián y Carlos Paiva, comenzó una nueva edición del Festival Mundial de Tango de la ciudad de Buenos Aires.

    La cita de tango porteña, convertida en el principal festival de la ciudad por convocatoria y repercusiones y el encuentro tanguero número uno del mundo, comprende un festival puramente musical y un Mundial de baile en las categorías salón y escenario, con finales en el Luna Park.

    El Festival y Mundial, que este año estrena nuevo director artístico en la figura del presidente de la Academia Nacional del Tango, Gabriel Soria, se extenderá en esta nueva edición a 42 sedes y diversas milongas, abarcando toda la geografía de la ciudad, hasta el próximo miércoles 31 de agosto.

    Más de 140 parejas extranjeras, de procedencias tan diversas como el lejano Oriente, Europa central, América del Sur y Centroamérica, junto a 400 binomios locales, tomarán parte de las competencias de baile, que ofrecerá sus rondas finales en el Luna Park el 30 y 31 de agosto, con María Graña y Esteban Morgado, junto a Franco Luciani, tocando en vivo el primer día para la ronda definitoria de Tango Salón; y a la orquesta El Arranque con Kevin Johansen durante el segundo, para la final de Tango Escenario.

    "Varios ejes confluyeron este año para pensar el festival, uno fue la diversidad del mundo musical de Horacio Salgán, que este año cumplió 100 años y que tendrá un homenaje a través de conciertos que recorren su obra desde disintas vertientes e incluso miradas musicales como el jazz, con artistas como Paula Schocron y Francisco Lo Vuolo; el folclore con Hilda Herrera o el tango mismo, con músicos como Cristian Zárate y Nicolás Ledesma", destacó Gabriel Soria en charla con Télam.

    El Director Artístico del festival señaló también que otro de los ejes que recorre esta edición es "el cruce y la mezcla de generaciones, que es una de las marcas del tango que se hace hoy en Buenos Aires y uno de los signos más alentadores de su permanencia y vitalidad".

    "También hay un homenaje al tango canción y los cantores, hecho que se pone de manifiesto en la gala de apertura del festival, que está en consonancia con los 100 años de la creación de "Mi noche triste" (considerado el primer tango canción), que Pascual Contursi compuso en 1916 y Gardel grabó en 1917", destacó Soria.

    "Es alentador que el festival pueda mostrar este panorama del tango donde los grandes maestros, algunos de 80 o 70 años incorporan en sus propios conjuntos jóvenes que a veces no tienen ni 20 años, como el caso de la orquesta de Ernesto Franco, un bandoneonista de 87 años cuyo cantante tiene menos de 20, y que con mayor o menor rango se repite en casi todas las formaciones orquestales".

    Soria destacó que a comienzos de los 90 lentamente la juventud volvió a volcarse al tango, primero a través del baile y luego de los instrumentistas y que en la actualidad "estamos en el momento de mayor explosión de toda esta nueva generación que está creando, tocando e, incluso, componiendo, un área no menor que es, quizás, la másdifícil".

    Maestros como Walter Ríos, Daniel Binelli, Néstor Marconi, José Colángelo y Raúl Garello ofrecerán conciertos en la Usina del Arte en los que estarán tocando sus propias composiciones, en uno de los momentos importantes del festival, que este año suma clínicas a cargo de figuras destacadas.

    "Las clínicas se dan por primera vez y son encuentros con grandes maestros que vivieron de primera mano distintas cuestiones relativas a la historia del tango que te las cuentan en persona", destaca Soria, y cuenta que Raúl Garello dará una sobre orquestaciones y arreglos; Atilio Stampone sobre el modo como fue concibiendo su obra; Amelita Baltar sobre canto; Horacio Avilano sobre guitarra y José Colángelo sobre estilo.

    "Son tipos de inmensa trayectoria que estuvieron ahí y te entregan información imposible de conocer si no es a través de ellos de primera mano", destaca Soria.

    En otro de sus momentos destacados, el festival contará con dos rescates históricos, uno de ellos dedicado a la orquesta del 46 de Astor Piazzolla, su primera típica, a 60 años de su debut y con dirección del bandoneonista Daniel Binelli. Aunque los conciertos principales se desarrollarán con entrada libre y gratuita en la Usina del Arte, del barrio de La Boca, el festival tendrá 42 sedes alternativas, que abarcan toda la geografía de la ciudad y que incluye lugares como el Anfiteatro Eva Perón de Parque Centenario, el Teatro 25 de Mayo de Villa Urquiza, el Espacio Cultural Adán Buenosayres de Parque Chacabuco, el bar La Academia, el Polideportivo de Villa Lugano, la esquina Homero Manzi de San Juan y Boedo, y diez milongas.

    Hacia el final y en otro de los momentos cumbre de esta edición se desarrollará la presentación de la operita "María de Buenos Aires" en el Colón el lunes 29 a las 20, la primera que se realiza en el máximo coliseo argentino de esta obra de Piazzolla-Ferrer creada en 1968.

    El Sexteto Mayor, las orquestas de Nicolás Ledesma, Víctor Lavallén y la Escuela Emilio Balcarce, junto con el dúo Mainetti-Angeleri, Bernardo Baraj, Patricia Barone, Raúl Lavié y Antonio Tarragó Ros son otros de los artistas que participarán del festival.

    Todos los conciertos serán todos con entrada libre y gratuita.

    Fuente: Télam