"A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires: La juzgo tan eterna como el agua y como el aire."
Jorge Luis Borges en Fundación Mítica de Buenos Aires

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El fraseo musical del tango

Sentimiento      2023-01-31 21:09:36


¿Qué hace a una música bailable?

Baile de tango      2022-05-10 22:56:13


Del escriba

El sentir

Bailar el tango consume entre 130 y 300 calorías por hora informó hoy el periódico hispano “El Diario Hoy” que se edita en Estados Unidos y toma como fuente estudios de institutos de investigación médica norteamericanos.

Bailar ayuda al corazón, a mantener un peso saludable, baja la presión arterial y hasta favorece la reproducción de las neuronas, dice el diario que toma un estudio realizado por el Instituto Nacional del Corazón, Pulmón y la Sangre y el New England Journal of Medicine de Estados Unidos.

Las investigaciones aseguran que el baile no solo ofrece beneficios físicos, sino que además está vinculado con bajos índices de demencia, mientras la memorización de pasos fomenta el crecimiento de nuevas neuronas y activa conexiones con neuronas existentes.

Bailes que requieren alto despliegue físico como la salsa, el merengue, el tango y la cumbia pueden quemar hasta 500 calorías en una hora y asocian bajos riesgos de enfermedades cardiovasculares, disminución de la presión arterial y ayuda a mantener un peso saludable. Asimismo se convierten en un obstáculo para el avance de la diabetes, obesidad y enfermedades cardíacas.

Estos estudios contemplan los beneficios para la salud de:

Salsa: combina pasos del son cubano, el mambo y cha cha cha. Puede ayudarle a quemar entre 300 y 500 calorías por hora.

Merengue: Es el baile folclórico de la República Dominicana. Bailar merengue puede ayudarle a quemar entre 230 y 530 calorías por hora.

Tango: baile de salón de origen argentino. Bailar tango puede ayudarle a quemar entre 130 y 300 calorías por hora.

Cumbia: combinación del español fandango y el baile africano cumbé. La cumbia puede ayudar a quemar entre 260 y 530 calorías por hora.

Juró su hija que fue quien creó los cuatro primeros pasos básicos de la danza del tango, para enseñar a bailarla. “Él inventó el paso 1, 2, 3, 4 y cruce, guste o no. Aunque no se lo reconocen porque no les parece bien que un ruso haya sacado del suburbio el tango, habiéndolo pulido para que en el Barrio Norte se pudiera bailar”, sentenció Eugenia para dejar abierta una nueva leyenda del tango.

Aunque el dato no es tan llamativo si no se sabe quién es el ruso Chikoff. Tuvo por nombres Juan Eugenio y fue en Buenos Aires un embajador sin credencial de la severa Rusia zarista, aunque con el título de noble de su patria que a la sociedad porteña le costó reconocer. Igual, al ruso Chikoff no le costó meterse en el bolsillo por presencia y por su vasta cultura a las familias porteñas de la avenida Alvear.

Allá por los años veinte el conde fue uno más –aun siendo un personaje- para los socios de los entonces repaquetísimos clubes Ocean y Golf Club en Mar del Plata, en los que “daba lecciones de baile, gimnasia, patinaje, equitación, aviación, tango…”, recordó su hija. Y no sólo eso, aseguró con convicción Eugenia que su padre “inventó el paso 1, 2, 3, 4 y cruce, guste o no”. ¡Salute!

Haya o no dudas sobre esta estirpe tanguera de Chikoff, el rígido ruso tuvo que ver con el género y conoció a su ambiente en los años de crecimiento exponencial del tango. Es más, aportó: cuentan que en 1923 cuando Julio De Caro recibe como legado de Juan Carlos Cobián su sexteto, sus actuaciones no daban para matar el hambre de los musicantes. Entonces Chikoff los salvó: los llevó a tocar a sus tés danzantes en el café Colón de avenida De Mayo… y les engordó fuerte el puchero y los bolsillos.

Polifacético, el ruso Chikoff hablaba nueve idiomas y escribía en griego y latín perfectamente como legado de su familia aristocrática rusa que, como muchas otras, desaparecieron en la revolución bolchevique que derrocó al zar Nicolás II. Lo habían mandado a estudiar a París y por eso se salvó de morir en Rusia con su familia.

Eugenia de Chikoff, que aquí fue maestra de “buenos modales” describió a su padre como “un hombre hermoso que hablaba cualquier cantidad de idiomas y de una vasta cultura”, pero concedió que por no olvidar la educación de la Rusia zarista y defender sus principios estrictos “era difícil convivir con mi padre: él era conde y no se agachaba ni a levantar sus lentes cuando se le caían”.

Sin saber la suerte corrida por su familia imperial en Rusia con la revolución, Juan dejó París con destino a Buenos Aires eso sí, con unos cuantos mangos, mejor dicho rublos y francos, encima. Al llegar aquí aseguraba ser aviador, periodista, jinete y bailarín. Se nacionalizó al año y medio de residencia y se casó aunque la unión duró poco “mi padre era hermoso y las mujeres, fatales” sentenció Eugenia.

En 1928 diseñó el ceremonial oficial durante la presidencia de Marcelo T. de Alvear y empezó a enseñar protocolo y buenos modales.

Su fama llegó a fines de los ´40 a Juan Perón, que lo llamó. “Quiero que le enseñes protocolo y ceremonial a Eva, porque toma la sopa cantada”, confesó Perón al conde. Chikoff aceptó aunque después de algunos meses de trabajo con buenos resultados, el noble llegó al despacho presidencial con quejas de Evita: “las malas palabras... Cuando su mujer se enoja es incontrolable. Me doy por vencido”. Y renunció. Murió en 1988 y su nombre lo recuerda el tango “Chikoff”, del pianista catalán Manuel Jovés.

-Datos tomados para esta nota: gracias "La Nación" y "Perfil"-

Confió Ángel D´Agostino, director de orquesta que vivió en Buenos Aires del 1900 a 1991, solterón y escolaseador para más datos que “soy milonguero, siempre lo fui, en el mejor sentido del término; fui buen bailarín y trabajé acompañando a los mejores, como “El Mocho” y “La Portuguesa”, también a Casimiro Aín –el de la leyenda Vaticana sin documentos-. Así que –siguió D´Agostino- formé mis orquestas con dos conceptos que jamás abandoné: respeto por la línea melódica y acentuación rítmica para facilitar el baile.

Calzando este cartel de proveedor de música para bailar y sabedor de los secretos de la danza del tango –la “Danza Maligna” según Horacio Pagano-, Ángel D´Agostino sentenció que después de tantos años de ver bailarines y encerados “El Mocho" era el mejor, un cajetilla que no necesitaba coreografía y era la representación más auténtica y más acabada de un milonguero” afirmó.

Rescataba a David Undarz, “el Mocho”, citado en el tango "Adiós Arrabal" en versión de D´Agostino-Vargas cuando dice: …el Mocho y el Cachafaz/ de la milonga porteña/ que nunca más volverá…”.

Fue “el Mocho” porque le faltaba un dedo. Y alcanzó en el cabaret Royal de la calle Corrientes -entre Suipacha y Esmeralda, después el teatro “Tabarís”- la cumbre de su renombre, aunque también bailó en los teatros en los años ’20.

Con su mujer como compañera de baile, Amelia, o “Amelia la Portuguesa”, formaron una de las parejas a ir a ver durante el auge de los cabarets porteños entre 1915 y 1930. Cuentan que su estilo partía de la improvisación aunque, por la categoría de los salones en los que se presentaban, los Undarz introdujeron técnica coreográfica para avanzar en la estética de sus presentaciones.

La historia de la danza del tango relata que “el Mocho” y su pareja mostraron la esencia de este baile: el lucimiento de la mujer a partir de sus movimientos y expresión, mientras la postura elegante y la marca segura y sutil de los desplazamientos de la pareja quedaba a cargo del hombre. Que de esto se trata.

“El Mocho” y su mujer, nacidos en Avellaneda y muertos en Córdoba de tuberculosis, dos nombres entre otros empolvados en las estanterías del recuerdo.

“Aprendí los códigos de la noche, no los abandoné nunca; respeté y fui respetado. Ojo con los códigos de la noche, si ella te acuesta, si pisás en falso, no te levantás más”. Así se lo bate a todos los principiantes de nocheros José, entero y todavía pintón a los taitantos, un ave nocturna reflexiva que conocen quienes se precian de milongueros de la trasnoche.

Midió el peso de la leyenda de uno de los palacios más porteños de la ciudad en su lejana milonga de los domingos por la tarde: la del Luna Park. Y fue pieza clave de la que, considera, la última milonga de buen baile y buen vestir: la de Almagro en los ‘90.

Arrancó de mozo en “La Salada” del buen recuerdo, balneario de los porteños hasta los ´60 antes de que se convirtiera en la meca de la truchada nacional y alrededores. “Estuve dos temporadas; pero se piantaban sin pagar” cuenta. Aprendió. Y piantó de los balnearios hacia la noche milonguera. Aquí guía de Tomás, te acerca el Buenos Aires lleno de bailes de tango.

José para todos, Santoro de apellido, recorrió todas las salas de baile de su época de bailarín o de maitre, desde San Lorenzo bajo de los tablones del Viejo Gasómetro, pasando por el Calais, Tourbillón, Cánning, Savoy, Social Rivadavia y… Bamboche.

Bailarín del el ´55 a los ´70 en salas de riguroso saco y corbata, conoció a los astros de las grandes orquestas en la época dorada del género. “Eran monstruos, pero te hablaban como si fueras uno más”,cuenta y no se olvida del barcito de Uruguay y Corrientes en la noche, donde llegaban D´Arienzo y sus músicos “que te saludaban como si fueras uno de ellos” rememora.

Año 1900 y pico, Roberto Firpo con su orquesta debuta en “Lo de Hansen”, Palermo, a metros del hoy Planetario sobre la actual avenida Figueroa Alcorta. El “Pardo” Santillán, morochón de Montevideo, es el crédito palermitano entonces mucho más amplio como barrio. “Donde Santillán hace un corte por el norte, ya se corre la voz por el sur” se alardeaba entre los parroquianos.

“El Cachafaz” Benito Bianquet llegó desde el salón “ABC” en el Abasto, donde se mentaba su baile como prodigioso. Derecho en su flacura y feo, cara salpicada con hoyos de viruela, derramaba la elegancia con la que había nacido para bailar el tango. Que pisaba con botines charolados, caña de gamuza gris y taco militar.

Sin anuncios, se sabe que habrá desafío de baile entre los dos. Ninguno está solo, el lugareño y el que visita tienen sus laderos de bebida fuerte y faca en los cintos.

“El Cachafaz” llegó sin pareja de baile, por lo que cabeceó a una que le pareció taura para lo que sería una topada. No hubo tiempo para mucha práctica entre los dos, con el correr de media docena de tangos las otras parejas van dejando lugar en la pista para lo esperado: un duelo de bailarines.

Y quedaron los dos con las mujeres para la vista de todos. La esgrima en la pista de Hansen fue de cortes, quebradas, corridas y provocaciones entre Santillán y “El Cacha”. Poco a poco el del Abasto, impone su elegancia, sus figuras de baile y su capacidad para la improvisación.

Los seguidores de “el Pardo” tantean sus cuchillos y los de “el Cacha” hacen lo suyo.  Cuenta Francisco García Jiménez en su libro “El Tango, historia de medio siglo 1830/1930” que un ladero de “El Cachafaz” peló el “fiyingo” –cuchillo de hoja fina pero ancho en la capacidad de muerte- y antes de que se armara con la provocación lo mandó de punta a clavarlo en el piso.

El gesto sorprendió al “Pardo” que se limitó a seguir su baile. “El Cachafaz” en cambio, se arrimó a bailar a su compañera y al cuchillo: con sus pies afeitó en rodeos rítmicos a los de la mujer y al cabo del facón para conmover a los concurrentes.

El desafío dio un ganador tan claro que no mereció una pelea entre cuchilleros para discutir el resultado. “El Cachafaz” fue el bailarín con más mentas desde ese momento. “El Pardo” Santillán se envolvió en la derrota.

Historias del baile de tango: historias de vida, de destrezas y coraje necesarios para sobresalir. Acaso un desafío al facilismo que nos cuelan por todas partes y que sólo puede prometer anonimatos. En la danza y en la forma de vivir.

Noticias

      2017-08-01 18:45:33  

    De www.diariopopular.com  -  Caminito que el tiempo ha borrado/ que juntos un día nos viste pasar...”. Uno lee la letra, tararea la música y piensa en ese rincón de La Boca, pero... Juan de Dios Filiberto (1885-1964), cuyo nombre real era Oscar Juan de Dios Filiberti fue un extraordinario guitarrista, armonista, pianista, compositor y director que vivió en La Boca. Lle puso música al tango Caminito, escrito por el riojano Gabino Coria Peñaloza. Filiberto además le puso música a Quejas de bandoneón, El pañuelito, Malevaje, Clavel del aire y otros clásicos. Además creó la Orquesta Nacional de Música Argentina que hoy lleva su nombre.

    Walter Piazza, Secretario del Consejo Directivo de la Academia Nacional del Tango, académico y cofundador de esa entidad junto con Horacio Ferrer en 1990, le contó a Porteño del Sur detalles de Caminito y de la vida de Juan de Dios Filiberto: “Lo que yo sé tras haber investigado es que todo conduce a dos historias diferentes, la del porteño Juan de Dios Filiberto y la del riojano Gabino Coria Peñaloza. Esos versos remiten, si uno escucha la letra y la analiza, a un caminito que corresponde a un paisaje que nada tiene que ver con La Boca”.

    “Coria Peñaloza era un poeta riojano bien alejado de Buenos Aires, no era Homero Manzi, que si bien había nacido en Santiago del Estero, a los 6 años ya estaba viviendo y estudiando en Buenos Aires. Entonces Manzi sí percibía desde pibe lo que era la ciudad entonces le cantó con sus versos más sentidos, sobre todo al sur... Boedo, Pompeya. Pero Coria Peñaloza escribió pensando en un posible recorrido que hacía para visitar a algún amor adolescente o juvenil de sus pagos”, agregó.

    Piazza concluyó: “Eso, puesto en la música de un porteño como era Juan de Dios Filiberto y explotado por ese sector del camino que va del Riachuelo a las vías del ferrocarril en la Boca, dio lugar a que durante muchos años se considerara al Caminito de La Boca como al de la letra de la canción. Ese es el Caminito de Filiberto, pero nada tiene que ver con la letra. La genial lírica y música de Filiberto la pone a disposición de ese lugar del que nunca se fue. Porque él nació, vivió y murió en La Boca. Jamás se fue para el centro de la ciudad como muchos otros. Siempre ahí rodeado de la mística, de Quinquela Martín y de otros amigos. Entonces son dos Caminitos diferentes: uno, el musical, el turístico y que explota el barrio; el otro, la verdadera historia del que caminaba el poeta. ‘Con juncos en flor’, dice. ¿Qué junco en flor hay en La Boca? Ninguno. Empedrado y vías del ferrocarril”.


      2017-06-08 22:03:26  

    Desde Marsella, Francia, distinguieron a Julio Dupláa, un histórico argentino de la danza del tango y la milonga, al calificarlo de "persona emblemática de la Ciudad de Buenos Aires". La Asociación Les Trottoirs de Marseille así lo consideró en una nota fechada el 1° de junio último a esta ciudad, firmada por Michel Raous, presidente de la asociación y Marcelo y Giorgia Guardiola, maestros de tango de Les Trottoirs de Marseille.

    Dice textualmente la nota:
    "Desde Francia hacemos voz para expresar nuestra gratitud y transmitir nuestra admiración por el Maestro Julio Dupláa quién desde su nacimiento respira tango.

    Nacido en el porteño barrio de Villa Urquiza declarado «Capital del Tango bailado» impulsado por el mismo Dupláa y cuna de tantos magnificos bailarines y milongueros, don Julio supo conocer el tango en el antiguo y prestigioso Club Sin Rumbo. Desde niño miró y escuchó las orquestas, de adolescente bailó su música y de hombre organizó milongas; toda una vida dedicada a nuestro tango y a nuestra ciudad ya que en la actualidad toda Buenos Aires respira su presencia, refleja su personalidad y vive su dedicación organizando eventos, cuidando el trabajo de los bailarines y dando clases que trasmiten sabiduria y vivencias.

    Por esto y muchas cosas más  el Maestro Julio Dupláa es una persona emblemática de la Ciudad de Buenos Aires. Nuestros más sinceros saludos".

    Tomás, el Buenos Aires, felicita a través de esta página a Julito Dupláa, amigo y, como dicen los franceses, un emblemático del tango bailado. Aunque él se cite cada vez que puede de "apenas un milonguero".

    Foto (Gentileza revista "La Milonga"): Julio Dupláa (derecha) en trámite de alguna tropelía con Tomás, el Buenos Aires.

     

     


      2016-11-24 20:18:14  

     "Trago amargo alcanzó el éxito el día de su estreno en 1925 con la letra de Julio Navarrine (1889-1966) y la música de Rafael Iriarte (1890-1961). ¡Esplendorosa época del tango-canción! “Lealmente, ´Trago amargo´ no era un tango de excepción, sino simplemente un tango exitoso. Su letra es de un tinte melodramático campero, de fácil sentimentalismo. La mejor virtud de su música era no alardear de ninguna: dejar que la opinión del oyente reafirmara su origen: ‘el tango de un guitarrero’. También queda dicho que era ´un sencillo y bien sonante tango´, según el sin par Francisco García Jiménez en su insoslayable libro ´Así nacieron los tangos´, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1980.

    Si reflexionamos acerca de los versos de Navarrine, quien junto a su hermano Alfredo fue un admirable propulsor de los primerísimos cuadros folclóricos teatrales –y autores ambos de sendos tangos muy celebrados por el público–, habrá que resaltar cómo se habían condicionado al tema musical merced a una especial puja de frases imperativas: “¡Arrímese al fogón, viejita, aquí a mi lado!/ ¡Ensille un cimarrón, para que dure largo! ¡Atráquele esa astilla, que el fuego se ha apagado!/ ¡Revuelva aquellas brasas y cebe bien amargo! ¡Alcance esa guitarra de cuerdas empolvadas,/ que tantas veces ella besó su diapasón!”.

    El tango tuvo su estreno en el porteñísimo teatro ‘Maipo’ durante una de las temporadas de ‘revistas’, a mitad de los años veinte del pasado siglo. ¡Quién vería a aquel gaucho melodramático, dirigiéndole toda la ristra de mandatos a la madre, reservándose para él, por toda faena, el empinarse el codo con la botella de caña! Y la pobre vieja –de acá para allá, como maleta de loco– sin saber si arrimarse al fogón, si ensillar el cimarrón, si atracarle la astilla al fuego y revolver las brasas, si alcanzarle la guitarra o arrancarle primero la cinta, si secarse las lágrimas, si volver a cebar al “amargo” o bien si –ya exhausta–, después de buscar un crespón para la guitarra, inclinarse, al fin, ante la Virgen…"

    En fin, sintetiza ahora Tomás, el Buenos Aires, sobre este tango: un "Trago Amargo"... ¡para la pobre vieja!,

    De paso: El músico Rafael Iriarte fue un laburante de la guitarra en el tango. Nacido en un barrio del sur porteño, su fogueo artístico se dio en los cafés con música de la calle Corrientes. Después, llegó el espaldarazo en los teatros ‘Nacional’ y ‘Apolo’, ‘Porteño’ y ‘Empire’. Iriarte acompañó a una galaxia de cancionistas y cantores como Saúl Salinas, Rosita Quiroga y Agustín Magaldi, también a Charlo, Ignacio Corsini y Libertad Lamarque. Por su inquietud y ojos vivos, a Iriarte lo apodaban ‘El rata’.

    -Fragmento de la nota de Isaac Otero en el sitio "Crónicas de la Inmigración", setiembre de 2016-


      2016-11-21 19:28:06  

    A Pablo Agri lo esperó un violín en la cuna y a los diez años le pidió a su papá que lo inscribiera en un conservatorio. Su papá fue, nada menos que el rosarino Antonio Agri, juntamente con Elvino Vardaro y Mario Franchini, los tres violinistas más importantes del tango.

    Destaca que hoy encuentra a "muchos jóvenes  buenos instrumentistas y compositores que toman el tango con la seriedad que merece y que siguen estudiando". En cambio, Pablo advierte que "no me gustan definitivamente las imitaciones, las orquestas que ´tocan como´, ¡eso no me gusta! Digo que hay que aprender todos los géneros pero no imitar a nadie" sentencia.

    Aclara que "empecé con la música clásica para diferenciarme de mi viejo... Nací en el 68, año que se estrenó la operita "María de Buenos Aires" de Piazzolla y mi viejo ya era muy popular. Pero sin duda lo mío es el tango desde la cuna, o antes de ella y, hasta hoy, mi mejor manera de expresarme es nuestra música". Tanto es así que tocó, por ejemplo, con Mariano Mores y Horacio Salgán pasando por Néstor Marconi, Susana Rinaldi y Osvaldo Berlingieri. Es integrante de la Orquesta Sinfónica Nacional desde 1992, tomó clases con el maestro Szymsia Bajour; fue becado por la Fundación Antorchas para estudiar en el Conservatorio Edgard Varese, en Francia. En el 99 fue violín solista del show "Tango argentino" en Broadway (Nueva York).

    Este año fue el músico argentino que tocó por primera vez tango en vivo en una de las siete maravillas del mundo, los palacios de la Alhambra en Andalucía, España. Además, junto a sus compañeros formaron junto a la orquesta de la Casa Argentina en París, integrada por una belga, tres franceses, cuatro argentinos, una japonesa, un chino, y una violinista rusa, todos jóvenes. "Esto nos dice claramente que el tango es universal y se toca en todos los idiomas" reflexiona finalmente este también joven, que aporta un violín de conservatorio consagrado a la música que identifica al país.

    -Esta nota toma fragmentos de un reportaje realizado por el diario "La Capital" de Rosario-.


      2016-09-21 19:58:17  

    Sergio Pujol es joven, filósofo, docente y con varios libros en su haber, investiga a las danzas sociales y concedió hace unos días una nota al diario "La Izquierda" donde afirma que la década del ´20 marcó un antes y un después de la cultura argentina marcada decididamente por la eclosíon del tango. Aquí la nota:

    Comienza Pujol señalando que recien a mediados de los años ´20 "tenemos a Gardel con un porcentaje dominante de tangos en su repertorio; viene de cantar estilos, milongas. Canta en esos momentos foxtrot, shimmy, alguna que otra rumba.  Por lo tanto no se puede decir que el tango a principios de los 20 fuera el epítome de lo argentino y de lo nacional. Más bien se va ganando ese lugar. Las críticas que se hacen al tango hasta el año 30 inclusive, no son tanto acerca de su supuesto origen prostibulario, de mala vida o pecaminoso, sino que es una música que no representa la totalidad de la Argentina. Es una música de puerto que se ha consolidado a partir del aporte inmigratorio decisivo en el lenguaje, tanto en las letras, con la presencia del lunfardo, como en la música.

    Lo mismo pasa con el samba en Brasil, con el son en Cuba. Hay un momento en que estas músicas, muchas con una fuerte impronta afro, se convierten en emblemas nacionales. Eso pasa entre los 20 y los 30. Pasan de ser músicas orilleras, con una fuerte connotación de clase, a representar al país. En ese tránsito depuran su forma pero hay algo de la condición de clase que queda. Y en un momento explota.

    Durante el peronismo explotó. Cuando Alberto Castillo canta “Qué saben los pitucos, lamidos y sushetas...” está retrotrayendo la historia del tango 20 o 30 años. Lo que les está diciendo a sus bailarines, a los que bailan con su música , es “ojo, sepan de dónde vienen ustedes, no se dejen engrupir, el tango es una danza de salón pero ojo que venimos de las orillas”. Es interesante cómo, en algún sentido, al tango nunca se lo domestica del todo.

    "En los ´20 el tango se come todo"

     A la vez los años 20 son la clausura de una época ahí ya nadie baila polka o mazurca muy populares en 1880 y 1890. En los 20, el tango se come todo. Se come esas danzas. No al jazz. Y en parte se las come, creo yo, porque aparece el tango canción. Si no hubiera aparecido, tal vez hubiéramos tenido todavía ese repertorio "variopinto" de danzas. 

    Además están los hijos de los inmigrantes para los años 20, que son más tangueros que los padres en muchos casos. Las historias de vida de esa generación, la de Piana, o la de De Caro, que era un poquito más grande, casi todas están marcadas por la brecha generacional.

    El muchacho que quiere formar una bandita de rock en los 60 tiene muchas similitudes con el muchacho que quiere tocar tango en los 20. Pero incluso el corte es más violento en los 20. Porque la familia en los años 60 ya no es tan autoritaria como la familia en los 20. Yo no conozco historias de hijos que hayan dejado de hablar con sus padres veinte años por querer formar una banda de rock. 

    Ya forma parte un poco del relato romántico del tango: el reencuentro del padre con el hijo consagrado, tocando tango con una orquesta de noventa profesores. Lo vemos en Canaro, en De Caro. La “gran orquesta”. Quizás el último representante de esa ambición clasicista en términos musicales sea Mariano Mores. Cuando lo entrevisté para el libro de Discépolo, Mores decía “sí, quise llevar el tango a un nivel superior, siempre quise elevar el tango”. Muchos de esos maestros podrían haberse dedicado tranquilamente a la música académica.

    En los 20 y 30 es muy fuerte el sinfonismo tanguero. En parte, por influencia de la música académica. En el jazz también se da con Paul Whiteman, eso de redimir la música orillera vistiéndola con las mejores galas. La música clásica es la gran música. En las entrevistas a los tangueros de esa época se ve que estaba la gran música y la música popular. El epígrafe que utilicé para el libro Cien años de música argentina es de Julio de Caro y dice “Mi deseo era que los conocimientos que había adquirido en el conservatorio se amoldaran a las emociones que había recibido en la calle”.

    ¿Cómo hacer para convertir la emoción de la calle en una música artística. No una música que sólo se baila, que acompaña las labores de los laburantes del Mercado de Abasto, que enamora a las chicas en su casa con la vitrola, sino una música que tenga un valor artístico sin olvidar esa emoción y ese arraigo?

     Rodolfo Valentino
    Con Rodolfo Valentino se afirma el star system y el latin lover. Que van a tener una prolífica trayectoria en la cultura de masas internacional. Efectivamente, los estrenos de Valentino causaban furor. No sólo en los varones, sobre todo en las mujeres. Hay un ídolo que atrae a las mujeres, que perturba a los varones, que genera incomodidad. Valentino baila tango, a su manera. Nosotros diríamos que lo hace “mal”. Pero, a la manera Valentino, lo baila y lo promociona a nivel mundial. Los argentinos de esta época son hijos de Valentino.

    La sexualidad en los años 20 también explota. Las flappers americanas con el cabello corto se suben el ruedo de las polleras. Las mujeres empiezan a tomar whisky, empiezan a fumar, en algunos países a votar. Esta revolución de las costumbres femeninas, del lugar de la mujer en la sociedad, de alguna manera está traccionada por artefactos culturales, y las películas de Valentino evidentemente cumplen un rol importante. 

     Si no se hubiera dado la tangomanía en los años inmediatamente anteriores a la Primera Guerra Mundial, si los criollos de Argentina no hubieran “hecho la América” en Europa y Estados Unidos dando clases de tango y no se hubiera producido esa expansión, Valentino hubiera bailado otro ritmo en la película.